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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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Alumbrados

Los siglos XVI y XVII fueron favorables para la proliferación de alumbrados, iluminados, aluminados, recogidos o dexados, que con todos estos nombres se conocía a una serie de monjas, clérigos, laicos y frailes que se hicieron famosos por sus gritos, éxtasis, ayunos, convulsiones, profecías, brincos y verborreas exaltadas en sus respectivos conventos, colegios o comunidades religiosas

Estos personajes se caracterizaban, entre otros aspectos, por tener continuas visiones de la Virgen, de Jesucristo, de Dios, de ángeles, de ánimas del Purgatorio, de los cielos y de los infiernos. Se puede decir que se trata de una herejía original de España, genuina en cuanto a sus manifestaciones. Sus miembros pretendían ir al encuentro directo con la divinidad sin ninguna clase de intermediarios eclesiásticos, algo que a la Iglesia no le sentó nada bien. Además, sus seguidores tenían un fuerte matiz sexual y una tendencia visionaria y un tanto apocalíptica de ver el futuro de España. De esta cantera saldrían Lucrecia de León, la beata de Piedrahita (Ávila) o la monja Magdalena de la Cruz que dejaron páginas muy "iluminadas" sobre sus experiencias místicas que les valieron sus respectivos procesos inquisitoriales.

La secta de los "alumbrados de Toledo", los de Pastrana, Escalona y los “iluminados de Llerena” (Badajoz) eran posiblemente las más célebres. Menéndez Pelayo califica, sin ambages, de "idiotas y sin letras" a casi todos ellos. Para él: “No eran raros los casos de milagrería y embaucamiento. Uno de los más antiguos de que queda noticia es el de la beata de Piedrahita. No era mujer viciosa, pero sí fanática e iluminada. Hija de un labrador de la sierra de Ávila y criada e Salamanca, dióse con tal fervor a la oración y a la vida contemplativa, que llegó a creer que tenla coloquios con nuestro Señor Jesucristo y que iba siempre acompañada de María Santísima… La Inquisición la formó proceso por sospechas de iluminismo; pero, como no resultaba error claro y positivo y la beata tenía altos protectores, la causa quedó indecisa. Acaeció esto en 1511”.

Son años en que el Tribunal de la Inquisición de Toledo condenó a Tomasa de la Purificación, monja franciscana, de "hereje formal, ateísta, visionaria, embustera, blasfema y mujer perdida, miembro de Satanás". Y eso que tenía testigos que la vieron sangrar por sus estigmas, ascender por los aires e incluso hacer que levitara una piedra de cuatro arrobas de peso (una arroba equivale a 11 kilos).

Una especia nueva surge y hace furor entre el pueblo: los oniromantes aquellos que tienen sueños premonitorios, casualmente todos contra la Corona. El más famoso de estos fue Miguel de Piedrola, de sangre real, llamado “El soldado profeta”. Desaparecido éste en las cárceles secretas del Santo Oficio, toma su lugar una doncella de pocos años: Lucrecia de León, visionaria madrileña, cuyos vívidos sueños catastróficos preveían el fin del Imperio y la caída de la Casa de Austria, que llegaron a preocupar a la Corona, y por ende a la Inquisición que dio buena cuenta de ella.

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