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Domingo, 25 de Agosto de 2019

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Catedral de Notre Dame de París

No hay catedral románica, gótica o de cualquier otro estilo que no tenga sus misterios. Todas ellas poseen una abundante historia y una simbología que no siempre es bien captada, pero algunas se convierten además en patrimonio de la humanidad y en iconos de una ciudad o un país. Ocurre con la catedral de Santiago de Compostela, la de León o Burgos en España y ocurre con la de Notre Dame de París, al igual que la de Chartres, por referirnos a Francia

Hay mucha diferencia entre hablar sobre misterios de las catedrales, tal como lo hacía Fulcanelli, o sobre enigmas dentro de las mismas. Para ello hay que saber “leer” los elementos que componen una catedral para descifrar sus posibles códigos ocultos, muchos de ellos de orden artístico y otros de orden espiritual.

La Catedral de Notre Dame se ha elevado sobre París desde su finalización oficial en el año 1345, pero no es sólo su increíble arquitectura y los enormes vitrales o rosetones lo que la hace fascinante. Notre Dame también está cubierta de estatuas, relieves, reliquias y de algunas bestias fantásticas y sorprendentes como son las gárgolas, figuras míticas talladas o esculpidas, con dos finalidades muy claras: para evacuar el agua, al igual que las tuberías de drenaje en las casas modernas y, la segunda, a modo de protección. Dicen que gracias a ellas ha mantenido alejados a los espíritus malignos que acechan a la iglesia desde hace siglos. Que se lo digan a Quasimodo, el jorobado sordo, uno de los principales protagonistas de la novela de Víctor Hugo Nuestra Señora de Paris (1831), la cual dio una popularidad mayor a este enclave de la que ya tenía.

Eso no la ha impedido que haya sufrido desgracias y saqueos a lo largo de su larga historia, el más importante el llevado a cabo durante la revolución francesa en el siglo XVIII o el pavoroso incendio del 15 de abril. Sin duda alguna, es más que un lugar sagrado, más que un templo católico, porque dentro de sus muros se han desarrollado acontecimientos cruciales en el devenir histórico, por ejemplo, la coronación de Napoleón como emperador en 1804 o también la beatificación de Juana de Arco, actual patrona de Francia, que tuvo lugar en 1909 o incluso cuando Jacques de Molay, el último gran maestre templario, antes de ser quemado en la isla de la Cité quiso mirar en dirección a la catedral en marzo de 1314, y desde donde lanzó su famosa maldición a un papa y un rey. Ay, si las piedras hablaran…

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