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Martes, 16 de Julio de 2019

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La Fundación Nido, el lugar en el que personas con parálisis cerebral encuentran la felicidad

El centro madrileño se encarga del bienestar y felicidad de 60 personas de entre 3 y 51 años con discapacidad severa

En algunas ocasiones, la palabra no es necesaria para expresar sentimientos. Este es el caso de Elena, Marcos, Bruno y Mario, todos afectados por parálisis cerebral severa. Ellos, pasan la mayoría de sus días en el barrio madrileño de Aluche, en la Fundación Nido.

En el caso de Marcos, un chico de 9 años, su madre es consciente de que no va a jugar a la pelota, pero sin embargo, cuando él le señala algo “es lo más maravilloso del mundo”. Bruno, a sus 8 años, adora a sus profesores mientras que Mario, de 27, necesita el contacto físico y se convierte la persona más feliz cuando le dan un abrazo.

Paloma y Mercedes son psicólogas en este centro y cuentan que, a pesar de que no se pueden expresar verbalmente, las sonrisas, la piel o la rigidez de sus cuerpos, les advierten sobre sus estado de ánimo. Precisamente, los padres de estas personas destacan la gran atención que ofrecen los profesionales esta fundación madrileña pese a la falta de recursos.

Lo óptimo sería una persona por cada usuario para facilitar sus vidas lo máximo posible, “el futuro es lo que peor llevamos, necesitamos que el centro tenga todo lo que tenga que tener para el día que faltemos” expresa una de las madres.

Las familias encuentran en la falta de ayudas por parte de las administraciones públicas el principal obstáculo ya que estas “no conocen exactamente la discapacidad de este sector de la población que está entre un 85%, 90% y 98%” afirma el padre de Elena, una mujer de 42 años que a los 10 tuvo un derrame cerebral y a la que le apasiona escuchar música.

Son los propios familiares los que tienen que cargar con los costes que supone un cambio de silla de ruedas (una manual puede suponer el desembolso de 5000 euros) o la adaptación de la casa en la que residen.

Una sonrisa, un beso, una mirada o un gesto es suficiente para que sus padres caigan rendidos. Pese a las dificultades, todos coinciden en que no podrían vivir sin ellos.

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