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Viernes, 18 de Octubre de 2019

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Arqueología bíblica

A finales de los años ochenta, el escritor alemán Werner Keller publicó un libro que ya es todo un referente: Y la Biblia tenía razón, todo un best seller que intentaba demostrar, con pruebas y pseudo pruebas arqueológicas, la existencia de ciertos hechos bíblicos. En Francia fue traducida con el pretencioso título de "La Biblia rescatada de las arenas". Son obras de divulgación que quieren hacer creer al público que las investigaciones arqueológicas pueden "ayudarnos a comprender e interpretar el manual de nuestra fe" y que "prueban la autenticidad de las Escrituras" (como afirmó J.A. Thompson)

Hasta el siglo XIX se pensaba por la comunidad científica —no así por los creyentes— que la Biblia no tenía demasiado valor histórico lo que produjo una reacción por parte de algunas sociedades y grupos religiosos, tanto judíos como cristianos, para defender su postura contraria. Por tanto, la arqueología parecía el medio más seguro para hacer triunfar esta verdad y restregar esas pruebas en las narices de los escépticos. Y fue en ese contexto cuando se comenzó a hablar de una nueva disciplina llamada "arqueología bíblica". Los descubrimientos en estos últimos años demuestran que lejos de dilucidar esta confrontación a favor de un bando o de otro, están originando nuevos problemas porque los vestigios materiales que están saliendo a la luz no siempre corresponden al periodo bíblico.

Un ejemplo de ello lo tenemos con la búsqueda de Sodoma y Gomorra, la torre de Babel o el Arca de Noé cuyas ubicaciones nunca son del todo precisas. O el caso de la ciudad de Jericó, cuya ubicación sí que se conoce, pero se están descubriendo varias ciudades superpuestas y aún no se sabe a ciencia cierta cuál de todas ellas corresponde a la que se menciona en la Biblia. Por otra parte, el suelo de Palestina no es el de Egipto y eso hace que no se hayan conservado tan bien los restos de su pasado. Las lluvias han terminado pudriendo el cuero, la madera o el pergamino, soportes en los que fueron escritos los relatos bíblicos originales. Por eso los rollos encontrados en 1947 en Qumran, en las cercanías del Mar Muerto, ha supuesto un hallazgo de incalculable valor. No fueron desenterrados sino encontrados en jarrones metidos en cuevas casi inaccesibles. Como han sugerido algunos investigadores, dado que esta arqueología bíblica está ligada a un terreno y no a un periodo histórico, debería recibir el nombre de "arqueología sirio—palestina".

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