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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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¿No se puede o no se quiere acabar con el sinhogarismo?

En España hay alrededor de 31.000 personas que no tienen un techo bajo el que vivir. Y una de cada tres ni siquiera tiene posibilidades de dormir en un albergue porque no hay suficientes camas. Una paradoja en un país próspero y en el que llevamos décadas construyendo viviendas por encima de nuestras posibilidades.

El sinhogarismo no es sólo la consecuencia de malos golpes en la vida, sino que a su vez genera situaciones que hacen cada vez más difícil reconducir esa vida trastocada. Porque vivir en la calle agrava los problemas que te llevaron a vivir en la calle: te aparta de tus redes sociales, las de verdad, que podrían servirte de colchón, te aísla de la sociedad que podría y debería ayudarte, porque se hace muy difícil incluso gestionar una prestación cuando ni siquiera tienes un domicilio para recibir comunicaciones, y acaba convirtiéndote en una silueta más del mobiliario urbano que el resto de los ciudadanos contempla con la naturalidad de quien ve llover en otoño. Y en esas circunstancias es muy difícil hacerte oír cuando ni siquiera te ven.

Cada año, en días como hoy, hablamos de esta circunstancia. Y está bien. Pero la pregunta es si no se puede o no se quiere acabar con el sinhogarismo. Hoy, en el diario 20 Minutos, José Manuel Caballol, director general de Hogar Sí, afirma que el problema podría solucionarse en dos legislaturas. Deberían intentarlo por dignidad y por justicia, aunque el envite no te haga cosechar ni un puñado de votos.

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