Miércoles, 08 de Julio de 2020

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'Adiós': Mario Casas baja a los infiernos en las 3.000 viviendas

Paco Cabezas vuelve a casa con un thriller visceral y furioso sobre la venganza y la corrupción en el barrio sevillano que protagonizan Mario Casas, Natalia de Molina, Carlos Bardem y Ruth Díaz

Mario Casas protagoniza 'Adiós', la nueva película de Paco Cabezas

Mario Casas protagoniza 'Adiós', la nueva película de Paco Cabezas / Julio Vergne / SONY PICTURES

Cuando Paco Cabezas estrenó Carne de neón, su padre le dijo que estaba bonito pero que ahí faltaba flamenco y duende. Ese chaval sevillano, del barrio de Los Pajaritos, soñaba con hacer cine desde pequeño. Un videoclub fue su única escuela pero el máster lo ha hecho en EEUU. Esa cinta le abrió las puertas tras pasar por el Festival de Tribeca. Desde entonces no ha parado. Tokarev, con Nicolas Cage, y Mr. Right, con Sam Rockwell, fueron sus siguientes trabajos en la gran pantalla.

Para cuando llegó el boom de las series, ya le tenían echado el ojo. Director de capítulos de ‘Penny Dreadful’, ‘Into the badlands’, ‘Fear the Walking Dead’, ‘American Gods’ o ‘El alienista’, la ficción televisiva le ha hecho vivir entre Los Ángeles y su Sevilla. Ahora sentía la necesidad de volver a casa, de buscar ese duende, y de reconectar con sus orígenes. Y lo hace con un thriller oscuro y rabioso en las 3.000 viviendas.

Es la primera vez que se graba en la barriada sevillana, curiosamente lo que le abrió las puertas con las patriarcas gitanos fue haber hecho una película con Nicolas Cage. Suena la música de Enrique Morente, una versión de Los Chunguitos y hasta Rosalía para adentrarse en una historia de venganza y corrupción que se pregunta por la idea de justicia y reflexiona sobre la familia, la pérdida y el deber. Mario Casas y Natalia de Molina encabezan el reparto, una pareja que pierde a su hija en un accidente el día de su comunión.

El trágico suceso desata una espiral de violencia entre clanes y policía, todo un entramado de trapicheos, secretos, mentiras y turbias relaciones. “Hay una pregunta ¿Qué harías tú por un hijo? Todas la historias, hay varias subtramas, la base siempre es el hecho del hijo, es algo que está presente en todas los personajes. La justicia, la búsqueda de la verdad, la sed o necesidad de algo que es tan incomprensible como perder un hijo ¿Cómo haces para seguir viviendo? ¿Qué necesita una persona? A veces puede ser la rabia con la venganza, otras la justicia o tapar cosas, como otros personajes. Hay muchas puertas abiertas y cada espectador se atreverá a entrar en una o en otra”, explica Natalia de Molina, una madre devastada cuyo coraje la mantiene en pie para llegar hasta el fondo del asunto.

Con acento sevillano, Mario Casas es un padre furioso, desbocado, un personaje que opera desde las entrañas. “El personaje lo tienes que crear de todas partes, ya no es solo la psicología sino cómo es, de dónde vine, el porqué está en ese punto, todo un background muy importante. La película, por cómo la cuenta Paco, tiene algo puro, de raza y en nuestras interpretaciones, las de unas padres que cuentan la pérdida, hay algo ahí de natural y antinatural a la vez, pero muy terrenal y de la vida”, comenta el actor.

Escucha lo mejor de la entrevista a Mario Casas y Natalia de Molina

En ‘Adiós’ se respira Sevilla en cada plano. Todo su folclore, gitaneo y la imaginería religiosa. “Para mí fue muy importante la imagen de la virgen. La tenía muy presente, en Sevilla es una imagen que está por todos lados, no soy religiosa ni nada, pero ahora la Virgen la veo desde otro lugar. La madre que pierde a su hijo, esa cara de sufrimiento, para mí fue muy inspirador la imaginería de la virgen, los pasos, las procesiones…”, cuenta Natalia de Molina, quien mantiene un tira y afloja con la inspectora a la que da vida Ruth Díaz, empeñada en buscar la verdad en un cuerpo policial corrompido. “Vivimos en el país de la picaresca, hay que se premia al pícaro, si eres bueno, eres tonto”, bromea entre risas la intérprete.

También hay una representación de un barrio al margen de todo, del desamparo, de un núcleo de viviendas que conforman casi una ciudad paralela. “Me quedo con cuando grabamos en cómo lo vivieron ellos y la etiqueta que se le pone a las cosas. Lo que nos quieran vender, que no es una realidad después. Te pueden decir que es un barrio conflictivo, pero ¿qué es un algo conflictivo? Un barrio que lo único que hacen es luchar, trabajar en lo que sea, vender lo que pueden para sobrevivir… Cuando estás allí, lo ves. Cuando grabábamos, había un silencio sepulcral, parecía que estabas haciendo teatro. Espero que la experiencia de grabar allí les haya cambiado en algo aunque sea en un momento, en un segundo. Y yo me quedo con eso”, dice Mario Casas.

Con planos áreos Paco Cabezas te sumerge en ese mundo, en la brutalidad de la noche y aplica mucho de lo aprendido. Pulso, ritmo, iluminación y fotografía al servicio de una cinta visceral en la que casi coreografía la violencia. El intercambio de golpes y disparos resuenan con una contundencia visual que lo confirman como uno de los directores más interesantes de la industria actual. Una película, como él dice, que es como una letra de flamenco, intensa como una canción de Camarón. "Dos corazones a un tiempo están puestos en balanza, uno pidiendo justicia y otro pidiendo venganza".

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