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Martes, 21 de Enero de 2020

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Los Reyes Magos

Hoy damos por hecho que los famosos Reyes Magos eran tres, además de reyes y magos, todo junto. Y que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar y que uno de ellos, éste último, era muy negro y que se guiaron para llegar al portal de Belén gracias a una estrella con forma de cometa

Para empezar, solo hay un evangelista que los menciona, San Mateo en su capítulo segundo y es tan escueto en sus descripciones que habla de unos “magos de Oriente”, sin especificar el número exacto, que buscan al rey de los judíos.

Hay que acudir a tradiciones posteriores y a los evangelios apócrifos para saber algunos datos complementarios que hoy pensamos que siempre han estado ahí. Por ejemplo, el que vayan con camellos, o el resplandor que emana de la cuna donde reposa el Niño Jesús o la famosa marcha a Egipto huyendo del malvado Herodes son informaciones que solamente aparecen en dichos evangelios. En las pinturas de las catacumbas de Santa Priscila (inicios del siglo II) son representados como nobles persas. Hasta el siglo IV no había un criterio común en cuanto al número exacto de reyes que visitaron el portal: dos, tres, cuatro, seis, doce y hasta sesenta (para la Iglesia copta), según la tradición que escojamos. Si no se ponían de acuerdo con el número, tampoco con los nombres. Como San Mateo no dice nada al respecto hay que irse al Evangelio Armenio de la Infancia (del siglo VI) para saber sus nombres, cada uno representando a un imperio: Melkon (reinaba sobre los persas), Baltasar (sobre los indios) y Gaspar (sobre los árabes). El remate final fue el hallazgo de un mosaico bizantino de ese mismo siglo en la iglesia de San Apollinare Nuovo, en Rávena (Italia), en el que aparecen por vez primera inscritos esos nombres como Reyes Magos. Aquí reproduzco ese mosaico del siglo VI donde se les puede ver con sus regalos, sus gorros frigios, sus ricos ropajes persas y todos con su tez blanca. Ojo con esos nombres porque en el mundo griego son otros, allí conocidos como Apellicón, Amerín y Damascón.

A poco que nos fijemos en las cabalgatas de reyes de todos los años veremos que dos de ellos llevan luengas barbas, cada una de un color, y el de raza negra con un turbante moruno que le queda muy coqueto. Siempre dan la impresión de que todos ellos son muy mayores. En el siglo VIII, el monje Beda el Venerable se atrevió a otorgar a los reyes algunos atributos más: “Melchor, un anciano de larga cabellera cana…ofreció el oro… Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole incienso… Baltasar de tez morena, testimonió ofreciéndole mirra”.

Como eso era algo impreciso, el erudito Petrus de Natalibus fijó, por las buenas, que Melchor tenía 60 años, Gaspar 40 y Baltasar, el jovenzuelo, tan sólo 20 añitos, algo en lo que discrepaban tradiciones anteriores. Eso si, todos blancos ¿incluido Baltasar? Pues sí, Baltasar no es negro, al menos iconográficamente, hasta el siglo XVI.

Y sus restos óseos dicen que están depositados en la catedral alemana de Colonia desde el siglo XII. Para comprobarlo, se abrió su tumba-relicario un 20 de julio de 1864. ¿Qué vieron?

 

 

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