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Martes, 21 de Enero de 2020

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Mercedes Cabrera: "Ser un buen político es una de las cosas más difíciles de este mundo"

La catedrática, que cambió las aulas por los pasillos del Congreso y su despacho de la facultad por el del ministerio de Educación durante dos legislaturas, nos resume su experiencia de gobierno

Alfredo Pérez Rubalcaba le ofreció a Mercedes Cabrera ir de número dos por Madrid al Congreso de los Diputados en las elecciones de 2004. Apenas tuvo media hora para aceptar la propuesta, pero la respuesta fue sí. Esta catedrática de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid había dedicado toda su carrera profesional a la docencia y, aunque había tenido algunas aproximaciones al PSOE, no tenía carnet de afiliada.

La llamada de 2004, dos años en el Congreso de los diputados, y la experiencia como presidenta de la Comisión de Educación durante la tramitación de la LOE, le sirvieron como calentamiento para una segunda llamada, en este caso de la presidencia del Gobierno, que la convocaba a la Moncloa. Allí, Zapatero le advirtió: “Mañana voy a anunciar que vas a ser ministra”. Por responsabilidad o por temeridad aceptó, convirtiéndose así en ministra de Educación y Ciencia.

En 2008, con el inicio de la segunda legislatura, su cartera pasó a denominarse Educación, Política Social y Deporte pero la remodelación del gobierno en 2009, con la crisis económica haciendo acto de presencia, significó su destitución. Aun así, Cabrera agotó el mandato de las urnas y en 2011 se despidió de la política para volver a la Universidad Complutense. “Yo soy académica y sabía que iba a volver, que iba a estar en política el tiempo que hiciera falta o considerara oportuno”, explica.

En las horas previas a que el presidente del Gobierno Pedro Sánchez anuncie la estructura final de su nuevo gobierno, la exministra se atreve a dar una sola recomendación a sus colegas: que estructuren un gabinete con gente que no les dé siempre la razón. La profesora explica en A vivir que, como ministra, “la realidad se te escapa porque la actividad es inmediata y la agenda diaria es únicamente de actos públicos” y, acostumbrada a la vida académica y reflexiva, reconoce que para poder parar a pensar lo que tenía entre manos tenía que quedarse en el Ministerio por la noche hasta tarde.

Pero ¿cómo funciona eso de ser ministro? ¿Qué margen de maniobra real tienen una vez aceptada la cartera? “Ya había visto en el Congreso de los Diputados la complejidad de las negociaciones, los pactos y las renuncias”. Cabrera acude al tópico de que la política "es un arte", pero uno de los complicados: “Hay que saber establecer prioridades, insistir en lo fundamental, dejar en segundo lugar lo que no es tan relevante y saber explicarlo en público. Ser un buen político es una de las cosas más difíciles de este mundo”.

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