Viernes, 30 de Octubre de 2020

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El genio de Beethoven

Ha pasado ya un cuarto de milenio desde que una de las mentes musicales y creativas más poderosas de la historia de la música clásica y de la cultura en general naciera un 16 de diciembre de 1770 en Bonn, Alemania

Ludwig van Beethoven vivía bajo condiciones muy modestas. Su padre estaba impresionado por las hazañas de Mozart, un niño de siete años que impresionaba con su virtuosismo a las cortes y a todos aquellos que tenían la oportunidad de apreciar su genialidad en persona. Con la intención de hacer de Ludwig un prodigio, su padre le enseñó a tocar el piano, el órgano y el clarinete. A la edad de siete años actuó en público por primera vez. Y a los 14 tuvo el primer nombramiento permanente como el segundo organista de la corte. Empezaba una carrera musical llena de éxitos y aplausos con un bagaje final de 9 sinfonías, 7 conciertos, 17 cuartetos para cuerdas, 32 sonatas para piano, 10 sonatas para violín y piano y una ópera (Fidelio), pero también estuvieron acompañados de numerosos sufrimientos físicos. Padeció de tifus, reumatismo, infecciones varias, problemas en la piel, hepatitis crónica y cirrosis. A los 32 años, en 1802, comenzó a tener problemas con su audición, la cual empeoró hasta que quedó casi completamente sordo en 1819. Incluso tuvo un intento de suicido pues a todo eso habría que añadir sus numerosos desengaños amorosos.

Este genio visionario acuñó famosas frases que aún resuenan en nuestra cultura popular, como "La música es una revelación aún mayor que la filosofía”. Su historia ha quedado plasmada en un par de películas (Immortal Beloved, 1994 y Copying Beethoven, 2006) que dejan ver que podía ser una persona llena de defectos y traumas para equilibrar, quizás, tanta virtud con la que fue bendecido. “No hay nada más intolerable que admitir tus propios errores”, diría también.

Todo un genio con muy mal genio. Siempre se ha dicho que las últimas palabras de Beethoven fueron “Aplaudan amigos, la comedia ha terminado”. Con los años, se ha puesto en entredicho y sus biógrafos creen que un amigo le regaló 12 botellas de vino del Rhin y las últimas palabras reales fueron “lástima, lástima, demasiado tarde”. Y entró en agonía. Beethoven falleció un 26 de marzo de 1827 en Viena, Austria, donde pasó la mayor parte de su vida como compositor.

Un mechón de pelo de Beethoven le fue arrancado de su cabeza poco después de morir y permaneció conservado en un frasco de cristal durante casi dos siglos hasta que fue adquirido en subasta pública por un urólogo. Los estudios toxicológicos y genéticos realizados sobre este material demostraron que el músico no recibió grandes dosis de opiáceos y arsénico antes de morir, lo que desacredita las declaraciones de su secretario personal que acusó a los médicos de “haber matado a Ludwig con tanta medicina”. Más bien creen que la causa de la muerte del músico pudo ser un envenenamiento crónico por plomo ingerido al tomar pescado del Danubio intoxicado, lo que le produjo una larga enfermedad y, probablemente, también su conocida sordera.

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