Martes, 20 de Octubre de 2020

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Solidaridad y "la hora de las risas" de las Kellys frente a la precariedad

Las Kellys tiran de imaginación para animarse y olvidar la situación extrema en la que se encuentran algunas de ellas, despedidas por la pandemia. Pese a todo, se han movilizado para hacer mascarillas o cocinar

Las llamadas “kellys” representan uno de los colectivos más invisibilizados de la sociedad y que sin embargo la pandemia de COVID19 han convertido en esenciales. Muchas de las mujeres que trabajan en los servicios de limpieza han sido despedidas por la situación que ha provocado el confinamiento para detener la expansión del coronavirus. Pero a pesar de todo y de su precariedad se han movilizado para ayudar.

Algunas hacemos mascarillas para las residencias de ancianos de nuestros barrios, otras hacen la comida y la cena para una residencia de ancianos que se quedó sin cocineros”, explica María del Mar Jiménez, portavoz del colectivo en Madrid. Se ofrecieron a ayudar con lo que podía hacer cada una.

La mayoría de las mujeres que forman el colectivo son inmigrantes. Muchas se han quedado desamparadas al estar en una situación irregular y haber perdido su trabajo como asistentas del hogar. “A nosotras no nos llega nada”, denuncia Jiménez. “Hay chicas que están pasando hambre”.

Asegura que las camareras de pisos hacen muchas más horas de las que estipula su contrato, cobran sueldos de alrededor de 500 euros al mes y el paro al que pueden acceder es mínimo. Apenas pueden ayudarse entre sí, lamenta la portavoz, “cobrando 350 euros y siendo muchas de ellas familias monoparentales con uno o dos hijos a su cargo”.

Algunas de ellas están trabajando en los nuevos hospitales de campaña como el de IEMA. “Les han dado un traje de protección con el que tienen que trabajar todos los días”, cuentan. María del Mar se queja de que se aplaude siempre a los médicos y enfermeras, pero nos olvidamos de las que limpian. “Siempre se nos sigue viendo como mujeres de segunda categoría, pero si esas mujeres no están, esas personas no pueden vivir”.

Exigen que se apruebe la “ley kelly” para acabar con la precariedad que llevan sufriendo años. Piden que se obligue a los hoteles a contratar a las camareras de piso directamente, ya que forman el 30% del personal del hotel. Pero sus demandas se han quedado paralizadas por la pandemia.

Pese a la situación, ha primado la solidaridad. “En esta pandemia, aunque estemos mal, tenemos que ayudar, no nos podemos quedar brazo sobre brazo”, subraya la portavoz. Entre sus “protocolos” para hacer más llevadera la situación, dice María del Mar, está compartir mensajes de ánimo en su grupo de comunicación entre las ocho y las nueve de la noche. Lo llama “la hora de las risas”.

Cada día intenta levantar el ánimo a sus compañeras desde por la mañana y compartir con ellas las ofertas de trabajo que encuentra. “Intento que las chicas no bajen la moral y que se den cuenta de que el bien social es lo primero que tenemos que tener en cuenta como mujeres”, explica María del Mar. Todavía se emociona al recordar la disposición con que todas se pusieron en marcha para ayudar en lo que hiciera falta.

#RegularizacionYa de los migrantes

Varias asociaciones de migrantes y refugiados han enviado una carta al Gobierno demandando urgentemente la regularización de estas personas. La petición es “no dejar a nadie atrás” ante las dificultades en las que se van a encontrar las personas más vulnerables a consecuencia de la crisis. La directora general de CEAR, Estrella Galán, dice que aún no han recibido respuesta.

Se estima que hay unas 800.000 personas en España en situación de irregularidad y más de 100.000 solicitudes de asilo todavía pendientes de resolución. CEAR alerta de que muchas de ellas van a ser denegadas porque “nuestro país solo está otorgando protección a entorno al 5% de esas personas”.

Al no tener regularizada su situación, estas personas se vuelven invisibles. “Han estado sobreviviendo trabajando en el mercado informal, pero con este confinamiento ni siquiera van a poder hacer esos pequeños trabajos que les permitían sobrevivir, por lo tanto, las bolsas de pobreza van a ser inmensas”, explica Galán.

La directora recuerda que estos migrantes ya no van a poder cruzar las fronteras para salir de nuestro país, “por tanto es una realidad que tenemos aquí presente y que no podemos obviar, y es el momento de que pongamos el contador de los derechos humanos a cero y sanear nuestro debe, que está en números rojos, y que además responde a una política errática en materia migratoria que solo se ha centrado en el control de fronteras.”

Galán subraya la importancia de las labores que generalmente realizan inmigrantes en nuestra sociedad como los cuidados a nuestros mayores, y que vamos a necesitar cuando el confinamiento termine, pero destaca sobre todo la necesidad de “construir una ciudadanía inclusiva, igualitaria y en la que nadie esté en desigualdad”.

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