Sábado, 08 de Agosto de 2020

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'El extranjero', una novela esencial 78 años después

La obra de Camus encarna lo mejor de la literatura de la Europa del siglo XX

Albert Camus nació en Argelia en 1913 y murió en un accidente de coche, junto a su amigo y editor Michel Gallimard el 4 de enero de 1960. Es autor de las novelas 'La peste' (1947) o 'La caída' (1956). También fue cuentista, dramaturgo y escribió numerosos ensayos filosóficos entre los que destacan 'El mito de Sísifo' (1942), 'El hombre rebelde' (1951) o 'El verano' (1954).

Albert Camus, Premio Nobel de Literatura en 1957

Tanto sus ensayos como sus novelas encarnan lo mejor de la literatura de la Europa del siglo XX, aquella que enfrenta al hombre contra su destino y que analiza el sentido de la vida desde una perspectiva novedosa y nihilista, ya que Camus, como se aprecia en 'El extranjero', rechazó el cristianismo, el marxismo y también el existencialismo como soluciones individuales y colectivas.

Como declaró Inés de Cassagne en Clarín, Camus es un pensador “objetivo”, no existencialista, sino “existencial” en cuanto parte de lo existente para describirlo, profundizarlo, analizarlo, tomando en cuenta la condición esencial de los hombres y también su evolución personal y acorde a su entorno histórico. En propias palabras del autor: “No, yo no soy existencialista. Sartre y yo siempre nos sorprendemos de ver asociados nuestros nombres. Sartre y yo habíamos publicados nuestros libros antes de conocernos. Cuando nos conocimos, fue para constatar nuestras diferencias. Sartre es existencialista”.

Camus, ateo convencido, pensaba que, por mucho que los humanos nos empeñemos en dárselo, la vida carece de sentido. En algún momento, la contradicción se nos muestra con toda su crudeza y entonces nos encontramos inmersos en una crisis existencial que nos golpea y nos desorienta. El reto de cada uno consiste en asumir esta realidad y tratar de vivir con ella.

'El extranjero', su primera novela publicada en 1942

Según Brumo Montano, si hacemos una lectura existencialista de 'El extranjero' llegamos a la conclusión lógica de que Meursault es un "monstruo" moral, producto de una sociedad absurda y alienante. Pero, sin embargo, si la lectura es mística llegamos a la conclusión paradójica de que nuestro protagonista es un iluminado que busca la extrema sencillez, la ataraxia, la neutralidad pasional que lo aleje, tanto de los consuelos psicológicos, ideológicos o religiosos como del asco por vivir.

Según Adolfo Torrecilla, Camus dio forma con este drama al desencantado estado de ánimo del hombre del siglo XX. Nada le llama la atención ni le apasiona. No cree en la comunidad, ni en la política, ni en la religión. Su dramático atractivo es su persistente indiferencia. Para Meursault, nada tiene importancia, pues su vida no tiene sentido. Lo que sigue sorprendiendo es su radical pasividad y su total ausencia de valores.

Su desidia puede ser la del hombre del siglo XX que no acaba de encontrar su sitio en el mundo y que desconfía de las grandes ideologías redentoras. En su apático desdén existencial reside su atractivo, también literario.

Como señala José Luis Alvarado, lo irresistible de 'El extranjero' es su pertinaz actualidad, como si el mundo no hubiera cambiado en 70 años. El hombre que expone Camus es el hombre de nuestro tiempo, que carece apenas de momentos señeros, que pasa la existencia sin altibajos, abocado a una muerte que convierte en absurda la propia vida.

Un hombre que defiende su verdad personal, es un extranjero en la sociedad 

Si da lo mismo morir 20 años antes o después, ¿qué significado tiene realmente la existencia? A esta pregunta, Camus responde esperanzado: el objetivo es la búsqueda de la verdad. Lo que quiso recalcar Camus fue que un hombre que defiende la verdad, su verdad personal, es un extranjero en la sociedad en la que vive. El propio Camus escribió que había intentado representar en su personaje el único Cristo que hoy merecemos.

Camus confiere a su relato una serie de parcelas de un primitivismo normalizado y objetivo. La sociedad cumple una serie de ritos. Hay que enterrar a los seres queridos, las mujeres son hermosas, el trabajo sirve para sobrevivir y en la cotidianidad real de la primera mitad del siglo XX lo políticamente correcto aún no existe, por eso Meursault ayuda a su vecino Raymond cuando este maltrata a una de sus chicas y por lo mismo no duda en decirle a Marie que si ella quiere casarse lo hará aunque le dé lo mismo porque todo continuará igual.

Hasta ese momento todo ha transcurrido según leyes no escritas. En la segunda parte la justicia conduce la trama hacia la convención, el Código Penal, sin embargo, lo que se juzga no es tanto la muerte violenta del árabe sino el comportamiento existencial de Meursault.

La búsqueda de la felicidad no se halla en la religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, la felicidad se encuentra en uno mismo, en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser y cuyo fin es el mismo conocimiento del ser.

 

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