Viernes, 07 de Agosto de 2020

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OPINIÓN

Otro sitio

"En los peores momentos del confinamiento era normal que te entrasen ganas de estar en otro lugar"

Parte de la fealdad del mundo consiste en permanecer sin ganas en el sitio donde te toca estar. En los peores momentos del confinamiento era normal que te entrasen ganas de estar en otro lugar. Ni siquiera tenía que ser un lugar idílico. Te valía incluso uno espantoso, con tal de perder de vista tu bonita casa, tu cómodo sofá, tu cocina recién recogida, tu largo pasillo. En uno de los días más críticos del encierro recibí un whastapp de una amiga que llevaba mes y medio sola, sola. «Ahora misma me gustaría estar en una parada de autobús bajo la lluvia, sin marquesina, sin paraguas, sin DNI, sin dinero ni tarjeta de crédito, calada de pies a cabeza, con la única perspectiva de agarrar un catarro». Cualquier escenario horrible era preferible al de estar cómodamente en casa, viendo Netflix. «No sé si digo una tontería», añadía, «pero ahora mismo tengo envidia de un gato atropellado, sin casa, que se limita a ir de un lugar a otro sin saber a dónde va». La entendí perfectamente. Durante semanas todos tuvimos el mismo sueño: el de estar en otro sitio, sin importar demasiado qué sitio. Nos habríamos conformado con el infierno.

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