Lunes, 18 de Enero de 2021

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La firma de Iñaki Gabilondo

La ingratitud de nuestra sociedad con los viejos

La tragedia de una generación que lo dio todo para sacar adelante este país ha quedado diezmada por el virus sin que la sociedad pestañee. Los viejos que no se han muerto, los viejos que no nos hemos muerto, estamos muy desengañados

BEA POLO

Por fin los viejos aparecen en la pista central del coronavirus. A pesar de que constituyen la aplastante mayoría de las víctimas y a pesar de que las residencias son, de larguísimo, el epicentro del drama nacional, las miles de muertes de ancianos solos y abandonados en todos los rincones de España han sido consignadas sin especial interés en profundizar en el asunto. No han tenido ni jueza Medel ni coronel De los Cobos merodeando por su tragedia, ni políticos justicieros saliendo en su defensa, Cayetanas airadas, ni flamear de banderas ni caceroladas.  Y por razones bien deprimentes, porque los viejos importan poco nada, y porque el problema de las residencias, como responsabilizaba a todas las comunidades autónomas, es decir, a todos los partidos, no valía como arma contra el Gobierno. Ha sido necesario un escándalo mayúsculo como el de la Comunidad de Madrid y esa orden, que no borrador, de no trasladar ancianos de la residencia de hospitales y la insistencia de algunos medios, de forma muy destacada Infolibre, para que los ancianos aparezcan como protagonistas.

Y ahora hace falta que, en efecto, lo sean, que el escándalo político se esclarezca, claro, pero que la noticia no nos intereses sólo por el ruidoso choque de los dos socios en el Gobierno de la Comunidad, Ciudadanos y PP, y el morbo de ver si rompen, por cierto, esperanza absurda. Por muy lejos que lleguen en sus disputas, el pacto del trío de Colón para defender el oasis fiscal madrileño, y aquí lo mismo de Arrimadas que Rivera, está hecho a prueba de broncas, de dimisiones e incluso de mociones de censura.

Pero decía, no deberíamos permitir que se nos vaya de foco de nuevo el horror vivido en las residencias por dignidad y decencia, aunque me temo que ocurrirá y que nos quitaremos de encima esta página negra como una verdad a la que no queremos mirar de frente. Cuando cabe lleguen las facturas al cobro debería llegar una muy gorda, sin destinatario fijo, para esta sociedad en su conjunto, sociedad desagradecida, que no ha encontrado tiempo para esto, que he encontrado tiempo para toda clase de reyertas partidistas y toda clase de cuentas socio económicas pero no para poner en valor la tragedia de una generación que lo dio todo para sacar adelante este país y que ha quedado diezmada por el virus sin que la sociedad pestañee. Los viejos que no se han muerto, los viejos que no nos hemos muerto, estamos muy desengañados.

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