Viernes, 03 de Julio de 2020

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La mesa de Salomón

De la llamada Mesa de Salomón poco se sabe antes y después de que el Templo de Jerusalén fuese destruido por Nabucodonosor II en el 587 a.C. Hasta que en el año 70 d.C. el tesoro del segundo templo, o lo que quedaba de él, fue saqueado por las legiones de Tito y llevado a Roma, siendo colocado en el templo de Júpiter Capitolino

Flavio Josefo, cronista de aquella conquista, escribe que "entre la gran cantidad de despojos, los más notables eran los que habían sido hallados en el Templo de Jerusalén, la mesa de oro que pesaba varios talentos y el candelabro de oro". Existieron muchos objetos reales que pudieron ser, por sus características físicas, confundidos puntualmente con la Mesa: el altar del incienso, la mesa de los panes de la presencia o el mismo propiciatorio donde encima se colocaba el Arca de la Alianza. Cuando empieza a resurgir la fama de la Mesa de Salomón como algo extraordinario es precisamente en el inicio de la Edad Media y con las crónicas árabes.

Los visigodos de Alarico se apoderan de Roma, que cae el 24 de agosto del 410, y es saqueada durante tres ­días. Todo lo que recuperan pasó a formar parte de su Tesoro Antiguo, siendo llevado primero a Carcasona y luego a Toulouse, la capital de los godos por aquel entonces en el sur de Francia. El historiador bizantino Procopio de Cesárea, en su libro V de Historia de las Guerras, dice que Alarico escapó con "los tesoros de Salomón, el rey de los hebreos, espectáculo muy digno de verse, pues en su mayor parte estaban adornados con esmeraldas y en tiempos antiguos habían sido tomados de Jerusalén por los romanos". En el año 507, ante el avance de los francos merovingios de Clodoveo y de los burgundios, tuvo que ser evacuado el Tesoro desde Toulouse (las Galias) hasta Hispania cuando el rey Alarico II perdió la vida en la batalla de Vouillé en mayo de ese año. El tesoro y las tropas entraron por Barcino –allí murió Amalarico, según el Padre Mariana, por una lanza arrojada por un franco– y llegaron a Toledo, la nueva capital goda con Atanagildo que representó el primer intento de unidad política de la península Ibérica.

Hay discrepancias en qué lugar depositaron el Tesoro Antiguo y con él la mítica Mesa de Salomón: bien en el Palacio Real o en una cueva conocida como Gruta de Hércules o de los Cerrojos. Allí, en algún lugar secreto, permaneció este impresionante tesoro con toda clase de piezas y objetos de oro, hasta que llegaron los musulmanes en el siglo VIII, ávidos por encontrar y saquear esas riquezas de las que tanto habían oído hablar. A partir de aquí los datos son confusos y a veces contradictorios. El cronista Abd al-Hakam escribe: “Tarik pasó a Toledo, entró en la ciudad y preguntó por la Mesa, pues no le preocupaba otra cosa, ya que era la Mesa de Salomón, hijo de David, según decían las gentes del Libro”.

Y se pusieron a buscarla en muchos lugares porque dicen que contenía, además de joyas y oro, una inscripción con el nombre secreto de Dios… ¿la encontraron?

 

 

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