Sábado, 15 de Agosto de 2020

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Beau Brummell

El fenómeno del dandismo surgió antes que naciera el británico George Bryan Brummell, conocido como Beau Brummell, su figura más emblemática. Pero es cierto que alcanzó su cenit en el momento que la aristocracia inglesa, sacudida por la Revolución Francesa, siente curiosidad por las nuevas modas que asoman en el continente. Y el bello Brummell fue un verdadero "arbitro de la elegancia"

Cuentan que, en su juventud, Brummell había pasado brevemente por el 10° Regimiento de Húsares. Al día siguiente de que su superior le pidiera que se abstuviese de participar en un desfile –el joven oficial rehusaba asimilarse a los demás uniformados y elegía distinguirse con una capa de seda azul-, el futuro héroe de los salones aristocráticos solicitó su baja del arma.

“Recuerde siempre: uno se viste para fascinar a los demás, no a sí mismo” (decía Bulwer-Lytton). Porque Brummell no se limitó al vestuario, pues también difundió la higiene corporal en todos sus aspectos: desde el afeitado perfecto a la limpieza dental pasando por el baño diario con leche y, frecuentemente, con asistencia de su real amigo, quien le acompañaba fascinado para imitarle luego. La leyenda dice que Brummell empleaba toda la mañana en estar acicalado y vestido, y que su grado de refinamiento era tal que usaba champán para dar lustre a sus zapatos.

Su cuarto de vestir fue comparado con el taller de un artista: allí componía diariamente el elaborado retrato de sí mismo que iba a exponer por unas pocas horas en los salones de Londres. Sus famosos pañuelos y corbatones altísimos y almidonados eran probados y desechados si había un pliegue fuera de lugar. Una noche, al salir de su casa, le preguntó al cochero dónde le tocaba cenar ese día. Esa era su frenética agenda. En una ocasión, sentado a la mesa entre dos nobles, llama a su lacayo, de pie a sus espaldas, para preguntarle sin bajar la voz quiénes son las personas que tiene a su derecha y a su izquierda.

Residía en el distinguido barrio de Mayfair y fue muy amigo y asesor en moda del príncipe de Gales. Tuvo su época de esplendor, de lujo y de influencia, hasta que en el verano de 1813 cayó en desgracia y esa confianza fue retirada. Es entonces cuando sus acreedores aprovecharon para abalanzarse sobre él. Tuvo que huir a Francia. Y llego a estar encarcelado por deudas.

El 30 de marzo de 1840 murió en el asilo Le Bon Sauveur, situado en las afueras de Caen (Francia). Era un hombre de 61 años, enloquecido por la sífilis y sin recursos económicos, que presentaba un aspecto deplorable. Nadie reconocería en él al dandy inglés brillante e ingenioso que durante décadas había sido el referente de la moda, digno sucesor de aquel Petronio de la Roma neroniana. Con la distancia de un siglo, Camus llegaría a ver al dandy como “un desafío a la ley moral y divina”.

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