Lunes, 30 de Noviembre de 2020

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'El Domingo de las Madres', el nacimiento de una vocación

Toda la novela se convierte en una fascinante eclosión de la larga escena inicial, que es el nacimiento inadvertido de una vocación

Graham Swift nació en Londres en 1949. Forma parte de esa generación extraordinaria en la que también está Ian McEwan, Ishiguro, Salman Rushdie, Julian Barnes o Martin Amis. Es el autor de diez novelas entre las que están 'El país del agua', 'Últimos tragos', que fue premio Booker, o 'Mañana'.

Publicó 'El Domingo de las Madres' en 2016. Es una novela minuciosa, precisa, llena de detalles. Es una joya que merece varias lecturas. Nos habla sobre la literatura, sobre la escritura, sobre aquello que nos impulsa a escribir, a contar. Sobre cómo elaboramos nuestro pasado, sobre cómo nos contamos nuestras vidas.

'Mothering Sunday' se ha traducido como 'El Domingo de las Madres' en lugar de 'El día de la Madre' porque no es lo mismo, ni siquiera en inglés (Mother's Day). Se trata de una festividad que viene del siglo XVI, cuando la gente volvía en ese día -el cuarto domingo de cuaresma, llamado Laetare- a su 'iglesia madre', a la que les bautizaron. Pasaron los años y en este día, los criados tenían jornada libre para poder ir a visitar a su familia, a sus madres (muchos de ellos eran niños, los mandaban "a servir" a edades tan tempranas como los 10 años).

Como dice José María Guelbenzu, Swift utiliza una voz narradora muy peculiar, pues en ocasiones parece una relatora de actos, en otras se mete en la cabeza de Jane, en otras fabula sus vivencias y en otras se asoma a la edad adulta de la chica, convertida en una afamada escritora. La maestría combinatoria de Swift crea un narrador que es, a la vez, uno y múltiple, y el efecto es extraordinario.

La primera parte muestra, con puros recursos literarios, por qué Jane acabará siendo novelista; la segunda contiene los elementos que harán de Jane una escritora. Toda la novela se convierte en una fascinante eclosión de la larga escena inicial, que es el nacimiento inadvertido de una vocación.

'El Domingo de las Madres', un romance con las palabras

Jane es una cuentacuentos nata que ha aprendido a encontrar su lenguaje a través de la lectura. Y esto confirma también que esta novela es un romance con las palabras, porque Jane deja claro que para convertirse en escritora hay que cruzar una barrera imposible: hay que encontrar un lenguaje, aunque tengas uno, hay que encontrar el lenguaje, eso es lo que es escribir. 

Sara Mesa señala que otro de los temas de la novela es la cultura como forma de desclasamiento, como vocación y como mirada. Y la toma de conciencia. Cómo en un día se deciden tantas cosas en una vida. De cómo las pérdidas se entrelazan con los logros.

Jane es una criada, y como muchas otras parece destinada a ser una especie de fantasma, la fuerza invisible que mantiene un hogar en funcionamiento. Pero ella no es simplemente eso. Pasa sus ratos libres leyendo, fascinada por las novelas de chicos.

Quizás por su origen, por su trabajo o por su pasión lectora, ella acaba siendo mucho más que una criada. Se transforma en una observadora de las vidas ajenas, de los detalles, de lo que ocurre a su alrededor. Por eso, a sus más de noventa años, nos relata su vida… la vida de una escritora, y lo que significó para ella ese Domingo de las Madres.

Como señala Inés McPherson, nos explica su historia, pero no en primera persona, sino en tercera, con una distancia cercana extraordinaria, saltando de un recuerdo a otro, dejando huecos, creando elipsis que le permiten ir desgranando y a la vez construyendo el pasado y el presente.

Hacer o deshacer memoria, esa es la cuestión

Hay dos ironías importantes en la obra. La primera es que ese episodio que el lector conoce es la única historia que Jane como escritora jamás contará pese a ser el más importante de su historia. La otra es que a Swift como novelista le ha correspondido contarla. "Creo que la gente en general tiene dentro mucho más que lo que muestra", dice el autor, "y expresa, incluso, lo que ni siquiera sabe. Y una de las funciones de la ficción es sacar esa vida oculta, darle voz. Pero es algo que debe hacerse con muchísimo tiento. La ficción está allí para acabar diciendo las cosas que de otro modo no se dirían".

El escritor Graham Swift reflexiona sobre "la posibilidad y el potencial de llegar a ser". Para Swift, "en general que uno acabe realizando su propio potencial es más una excepción que la norma, desgraciadamente" y, aunque algunas personas tienen suerte y acaban pudiendo sacar lo que llevan dentro, a otras se les queda dentro, independientemente de las circunstancias históricas.

En su opinión, en la potencialidad del ser "radica el misterio y la esencia misma de la vida", ya que las personas albergan muchas cosas dentro de sí mismas, algo que intentar plasmar en su escritura y presentar mediante detalles físicos.

Como nos recuerda Rodrigo Fresán, Tennessee Williams dictaminó alguna vez que "la obra es memoria". Y la vida también. Y resulta inevitable comprender que en el mismo acto de narrar algo -tanto lo inmemorial como lo inmediato- entran en juego dos fuerzas opuestas pero complementarias: lo que se decide recordar y lo que se prefiere olvidar.

Hacer o deshacer memoria, esa es la cuestión. Y, acaso lo más importante y revelador de todo, entre lo que debió haber sucedido debe parecerse la realidad un poco más y mejor a las ficciones que nos inventamos para poder asumirla y soportarla.

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