Miércoles, 23 de Septiembre de 2020

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Marqués de Sade

Donatien Alphonse François de Sade, conocido habitualmente como el Marqués de Sade, a pesar de que el título que heredó de su padre era el de conde. Su filosofía de vida consistía en que "el único y el más alto placer del amor se encuentra en la certeza de hacer sufrir al ser amado". Y dio origen a un sustantivo: "sadismo"

Desde muy joven participó en desenfrenadas orgías y apuntaba maneras en cuanto a cometer extravagancias de todo tipo. Era un auténtico y orgulloso libertino. Se alistó en el ejército participando en la Guerra de los Siete Años, en la campaña de Prusia, donde alcanzó el grado de capitán de caballería.

Su padre intentó apartarle de las casas de juego, de sus relaciones amorosas con actrices de moda y consiguió que en 1763 se casara con Renée-Pélagie Cordier de Launay con la que tuvo tres hijos. Todos sus amigos y familiares confiaban que sentaría de una vez la cabeza, pero ni con esas. Sade era de ideas fijas y de obsesiones muy claras. El matrimonio no le hizo perder sus antiguos hábitos. Pronto volvió a las tabernas y lupanares de Vincennes para cometer todo tipo de tropelías. Una vez tuvieron que entrar los agentes de la autoridad en uno de estos antros porque Donatien estaba azotando con un látigo a las prostitutas y eso en el mismo año de su boda.

El que un día dijo “en el amor, todas las cumbres son borrascosas”, protagonizó dos famosos escándalos en su vida: el de Arcueil, el 3 de abril de 1768, en el que torturó a una pobre muchacha mendiga que había llamado a la puerta de su finca en Arcueil para pedir un poco de agua. Algo dramático debió ocurrir y el incidente tuvo más publicidad de la que el marqués hubiera deseado y por tal motivo tuvo que huir a Italia acompañado de su esposa.

El otro escándalo fue el de Marsella, ocurrido el 27 de junio de 1772, que le valió una condena a muerte por los delitos de sodomía y envenenamiento. Y la sentencia se dictó en rebeldía porque Sade había huido una vez más a Italia, esta vez con su cuñada convertida en amante suya. A partir de aquí su vida es un continuo entrar y salir de prisiones francesas.

Fue en prisión donde empezó a escribir algunas de sus novelas más famosas como Los 120 días de Sodoma y Justine o los infortunios de la virtud, que publicó sin nombre.

Fue detenido en Paris en 1777 por otro oscuro episodio de su vida siempre relacionado con el sexo y la violencia. Lo cierto es que estuvo encarcelado por distintos escándalos unas 12 veces, lo que supuso un total de 30 años de su vida de reclusión con algunos periodos de libertad, uno de ellos fue en abril de 1790 gracias al decreto de la Asamblea Constituyente y otro en el año 1793 en el que la Revolución le sacó de prisión, pero por poco tiempo.

En una carta a su mujer confesó lo siguiente: “Soy un libertino, lo acepto; he imaginado todo lo imaginable sobre ese tema, pero no he hecho, ni sin duda lo haré, todo lo que he imaginado... Soy un libertino, pero no un criminal”.

Acabó sus días internado en el manicomio de Charenton, haciendo representar sus obras de teatro a los locos, y allí murió un 2 de junio de 1814, a los 74 años de edad, medio ciego y desquiciado. No se respetó ni su testamento. En su apócrifo epitafio pusieron: “Si no viví más, fue porque no me dio tiempo”.

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