Martes, 19 de Enero de 2021

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Vidas corrientes: Alejandra Picuoto y Luis Iglesias

La vida, por lo general, nos va encerrando en mundos pequeños reducidos a unas cuantas personas. Más en tiempos de pandemia. Cuando caminamos por la calle absortos en preocupaciones y tareas por hacer, apenas si percibimos las caras con las que nos cruzamos, vidas comunes hoy cubiertas con mascarillas y recluidas la mayor parte del día

Alejandra Picouto y Luis Iglesias nacieron en Seixalbo, parroquia de Ourense. Y el mismo día, el 13 de mayo de 1928. Era domingo.

Arturo, padre de Alejandra, trabajaba durante el día como carpintero en la ciudad de Ourense. Luego recogía el correo y ejercía como cartero del pueblo. Por aquel entonces eran frecuentes los giros entre América y Galicia. Una abuela de Alejandra tuvo once hijos. Cuando iban teniendo edad se embarcaban hacia Cuba y Argentina. Nunca pudo verlos sentados a todos a la mesa.

La madre de Alejandra se llamaba Umbelina. Sus padres habían levantado una casa y alquilaban habitaciones a trabajadores o gentes que salían de la ciudad a tomar los aires limpios del campo. Umbelina atendía a los húespedes y se ocupaba de una tienda en la parte baja a donde acudían obreros de la vía del tren. Los padres de Luis Iglesias, también tenían una tienda.

El año 1934 el padre de Alejandra consigue un puesto de cartero rural en la provincia de Jaén. Tienen casa en Los Anchos, en el corazón de la sierra, cerca del nacimiento del río Segura y los pueblos de Orcera y Santiago de la Espada.

Alejandra recuerda los despeñaderos por donde su padre atajaba a pie para llegar a los pueblos donde repartía el correo, las cuadrillas de hombre guiando los troncos de los pinos por el cauce del río, los pozos donde se preparaba la cal para enjalbegar ,las sillas bajas en torno a la lumbre y los bailes improvisados en el bajo de su casa.

La sublevación golpista contra el Gobierno de la segunda república y la guerra civil llevaron a su padre al frente, luego a Baza como correo del ejército y finalmente a presidio en Almería…”Por vosotros , caines – gritaba el cura de la cárcel- por vosotros caines estaba España así”. Antes hubo registros de la casa familiar, y desfiles coleciales cantando el “Cara al sol"

Aquellos años convulsos, Luis Iglesias, marido de Alejandra, los pasa en Seixalvo. Entre 1934 y 1936, Luis empezaba las clases cantando el himno gallego. Aquello se acabó. Su padre limitado por una parálisis sufrió la violencia y la amenazas por oponerse a las detenciones y fusilamientos de gentes del pueblo.

A los 15, Alejandra había recibido clases de costura y pagaba a plazos una máquina de coser Alfa. Luis andaba por talleres de carpintería desde los once años. Sus primeros pasos fueron en el taller de la madre de Alejandra, recogiendo viruta y viendo cómo trabajaba Arturo.

Ya mozos, Alejandra y Luis, se miraron con otros ojos. Luis, aficionado al canto, le cantaba serenatas junto a otros dos amigos.

La familia Picouto, señalada por los triunfadores de la Guerra Civil, decidió emigrar, tenían familia en Argentina que les reclamara. Pero las autoridades denegaron el permiso para abandonar España al papá de Alejandra. Y hubo que pagar para que viajara como polizón en las bodegas del barco

Luego se marcharon el hermano y la madre de Alejandra, que ya se había casado con Luis. Pero Alejandra todavía debió esperar un tiempo en Galicia porque su marido tenía que cumplir con el servicio militar.

El año 1953, Alejandra, Luis y Arturito, un nene de tres años, se embarcan en el puerto de Vigo con destino a Buenos Aire. Viajan en el Córdoba, un buque de guerra acondicionado para pasaje. En mitad de la travesía, el niño enferma. Una enfermera, en contra del criterio del médico, ausente, le suministra una medicina que le provoca la muerte. Quedan ocho días para llegar a puerto y las autoridades del barco les informa , que según la ley de la mar, arrojarán el cuerpo a medianoche. Luis y Alejandra se derrumban. Entonces aparece el mozo del capitán, que casualmente es de Ourense y conoce a los padres de Luis a través de sus tíos.

El niño Arturo fue enterrado en Buenos Aires en el cementerio de La Chacarita. Los padres le hicieron un jardincito en el trozo de tierra.

Alejandra y Luis se instalaron Ituzaingó, ciudad residencial del oeste del Gran Buenos Aires, se asociaron con el padre y el hermano de Alejandra y llegaron a tener una fábrica de maderas con quince empleados. Progresaron, ella cosiendo, Luis haciendo muebles a particulares, tuvieron una hija, María Luisa, reformaron una casa familiar en Seixalbo y volvieron a Galicia dejando en Argentina amigos y familia.

A través de las ventanas de la casa se ve una viña que Luis sigue cuidando con 92 años. Alejandra se ocupa de la casa. Y aquí se juntan de cuando en cuando la hija y los nietos repartidos entra Alemania, Norteamérica y Argentina.

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