Lunes, 26 de Octubre de 2020

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ARTURO PÉREZ-REVERTE

"Nunca he visto morir por la patria o por la bandera en una guerra, sí por un cigarrillo, por comer"

Arturo Pérez-Reverte presenta en 'La Ventana' su novela 'Línea de fuego', sobre la Guerra Civil

El abuelo que murió en la guerra. El bisabuelo al que fusilaron. El tío al que se le supone en alguna cuneta. La cárcel. Las cicatrices en la piel. Los silencios, los tabúes, el miedo. Generaciones enteras de españoles hemos crecido con este tipo de historias para no dormir, las de la Guerra Civil. Las contaban los padres, los abuelos, la familia. Arturo Pérez-Reverte acaba de publicar Línea de fuego, en Alfaguara, una novela de guerra narrada desde el frente.

Diez días de guerra, en julio de 1938, en la Batalla del Ebro, la más dura y sangrienta que se ha librado en nuestro país. "Soy un tío más bien duro, no soy de lágrima fácil, pero esta vez me he conmovido trabajando con los textos, cuando hablo de esas madres que llevaban a los niños al cuartel, con el bocadillo, me pasaba lo que pretendo que le pase al lector, ver a nuestros abuelos o padres" cuenta Arturo Pérez-Reverte en La Ventana.

Esta es una novela coral. Hay personajes de todos los bandos, honestos y deleznables en los dos. "Quería presentarlo todo, los seres humanos en la guerra. Cuando estás fuera se ve todo con mucha claridad, cuando te acercas ves que hay muchos jóvenes que lo son por azar. Quería mostrar todo", añade Pérez-Reverte, por lo que "el casting ha sido muy elaborado".

Las mujeres están muy presentes. Mujeres luchadoras, que no se amedrentan, decididas, como Pato y la periodista norteamericana: "En tres años perdieron un siglo de progreso. Intenté huir de la imagen de la miliciana folclórica. Quería una mujer cualificada que es consciente de que en esa guerra se están jugando más que una mera batalla".

Al hablar de la Guerra Civil, "solemos hablar de las víctimas de la represión, pero olvidamos a menudo a los que murieron en las trincheras, 20.000 jóvenes. Toda esa generación destrozada. ¿Imagináis cuántos ingenieros, artistas, médicos, todo el talento, la sangre derramada para nada?" dice el escritor. "He visto luchar a mucha gente en guerras, y morir a alguna, y nunca les he visto morir por la bandera, les he visto morir por cosas mucho más concretas, orgullo, miedo, por beber agua, por un cigarrillo, por comer. Nunca jamás he visto morir por la patria, por la bandera o por una idea de ese tipo", asegura.

En la novela está la suciedad, el día a día de una guerra. Moverse con mucho peso. Esperar "como esperan todos los soldados en las guerras", escribe. "La feroz alegría" por seguir vivo. Las noches. "La guerra es andar y desandar, correr y esperar". Las heridas mal curadas. El calor. Las moscas. Los tábanos. Y la sed. La sed es lo peor. Y también, ojo, el no fumar. "Sin no fumar esta guerra es una mierda", "Y hasta fumando", se dicen Panizo y Olmos al principio de la novela.

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