Miércoles, 28 de Octubre de 2020

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'Los santos inocentes', una novela fuera de lo común

Delibes creó una obra innovadora, durísima, brillante, que se lee con el corazón en un puño

Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920. Hace justo 100 años. Y tenemos que celebrarlo. Y no hay mejor manera de hacerlo que leerle, de arriba abajo.

Entre sus obras imperdibles destacamos 'La sombra del ciprés es alargada', que obtuvo el Premio Nadal en 1948, 'El camino' (que ya os la contamos el verano pasado), 'Mi idolatrado hijo Sisí', 'La hoja roja', 'Las ratas', 'Cinco horas con Mario', 'Las guerras de nuestros antepasados', 'Señora de rojo sobre fondo gris', 'El disputado voto del señor Cayo', '377A Madera de héroe', 'Diario de un jubilado' o 'El hereje', entre otras.

Pero también hay que leer sus artículos, su correspondencia, y es una joya, por ejemplo, el discurso de entrada en la Academia, publicado con el título 'Un mundo que agoniza' y que ya adelanta muchas de las preocupaciones medio ambientales y éticas de nuestro tiempo.

Delibes murió en Valladolid el 12 de marzo de 2010. 'Los santos inocentes' se publicó en 1981. Todos recordamos la película de Mario Camus con Paco Rabal y Alfredo Landa, pero leer la novela os va a sorprender. Es innovadora, moderna, durísima, brillante y muy emocionante. Se lee con el corazón en un puño.

Un experimento en la forma de narrar

El proceso de redacción de 'Los santos inocentes' arranca desde un primer relato, 'La milana', publicado en mayo de 1963. En 1981 la obra se convirtió en algo distinto a todo lo demás, experimental en parte, de un tremendo realismo, hasta el punto de convertirse en una obra fuera de lo común. Releída ahora, uno tiende a pensar que no se trata propiamente de una novela, sino de un texto poemático de vuelo largo, un experimento con la forma de narrar, con la historia y con el lenguaje por la disposición tipográfica del texto, las reiteraciones de sintagmas o expresiones y la ausencia de puntos.

'Los santos inocentes', que había sido publicada en 1981, volvió a aparecer cuatro años más tarde en la llamada 'Trilogía del campo', junto con 'El camino' y 'Las ratas'. Obras escritas en distintos momentos pero unificadas por un mismo hilo conductor: "Conciliar la denuncia de la pobreza e incultura, que por negligencia interesada de los poderosos, degradaban la vida rural en los latifundios fronterizos de Portugal, con una escritura de aliento poético y oscilante entre el idilio (el canto a una naturaleza hermoseada) y la elegía (el lamento por el bien y la belleza en retroceso)".

En 'Los santos inocentes', los diálogos de los personajes quedan subsumidos en el propio texto, de tal manera que ni siquiera vienen marcados con la raya correspondiente y a veces irrumpen en el texto sin el verbo principal. Pero, en cambio, con el tono perfecto, la palabra precisa, Delibes demuestra que pegó bien la hebra y la oreja al modo de hablar de los campesinos. Sin embargo, esta laboriosa construcción del diálogo y de la obra se parece más al resultado de una conversación que hubiera podido suceder en una cantina, durante o después de una jornada de campo y caza.

Personajes narradores responsables de la historia

El narrador no solo cuenta su historia, sino que es, a veces, parte de la misma historia y reproduce los sucesos o anécdotas que otros le han contado. Por eso, Delibes, ha tenido que borrar, hasta donde es posible, las huellas del que habla en el texto, la señal del que todo lo sabe. Como resultado, la obra se convierte en un relato coral en el que los personajes adquieren la condición de personajes narradores responsables de la historia. Y eso está muy cerca de esa deseada, por algunos, desaparición o muerte del autor o, visto de otra manera, una obra en la que los personajes encuentran a su autor.

Como dijo el propio Delibes: "La situación de sumisión e injusticia que el libro plantea, propia de los años 60, y la subsiguiente 'rebelión del inocente' han inducido a algunos a atribuir a la novela una motivación política, cosa que no es cierta. No hay política en este libro. Sucede, simplemente, que el problema del vasallaje y entrega resignada de los humildes subleva tanto – por no decir más – a una conciencia cristiana como a un militante marxista".

En la reivindicación de lo rural o de un tipo de vida pegado a la naturaleza, Delibes no defendía una sociedad arcádica y ucrónica, sino que desde la distopía de la realidad miserable que denunciaba, ponía el acento en un modo de vida concreto, llamando la atención sobre una manera de vivir y sobrevivir que aceleradamente se iba perdiendo, devorada por la misma pobreza que empujaba a emigrar del campo a la ciudad.

Hay una profunda división de Delibes respecto al pensamiento ilustrado del progreso sin límite. Delibes trata de mantener y elevar contra el progreso, a toda costa, no un mítico eterno retorno, sino un proyecto, un pensamiento humanitario, en el que también la utopía tenga su posibilidad fantástica de ser motor de un futuro ideal, pero no imposible. Obras con 'Los santos inocentes' están cargadas de una considerable dimensión distópica, una reconstrucción fictiva indeseable.

La novela es una demostración lujosa del habla castellana, pero está puesta en boca de personajes como Paco, el Bajo y los demás, que conocen muy bien, no solo su oficio, sino su terminología propia y exclusiva. De esta manera, Delibes devuelve al lector la naturaleza en sí misma, ensimismada en sus sustantivos y en sus verbos y en sus adjetivos: implar, yegua pía, tollo, empolinar, jaral, ratear, macareno, rilar, encorpar, revolcadero, amusgado…

(Este artículo está basado, en su mayor parte, en el magnífico prólogo de Javier Pérez Escohotado en la edición de la editorial Austral)

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