Domingo, 06 de Diciembre de 2020

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Un mal día lo tiene cualquiera

Una amistad que acabó mal

El dictador surcoreano Park Chung-hee y Kim Jae-gyu, el jefe de los servicios secretos, eran muy amigos. O eso parecía, porque uno de ellos traicionó al otro

Es complicado tener simpatía por un dictador o con el jefe de su policía secreta, pero no se puede negar que el 26 de octubre que Kim Jae-gyu tuvo que pasar en 1979 no debió resultar muy agradable. Por no hablar del que pasó Park Chung-hee.

Como supongo que no sois expertos en política coreana de finales del siglo XX, os diré que Park Chung-hee en 1979 llevaba 18 años como dictador de la mitad sur de la península de Corea. Y, como buen dictador, necesitaba una policía secreta que se encargara de convencer a los disidentes de que dejaran de disidir. Kim Jae-gyu, por su parte, venía del mismo pueblo que Chung-hee y fue ascendiendo dentro del organigrama militar hasta convertirse en jefe de los servicios secretos. Los dos hombres no solo se consideraban colaboradores, sino que también se consideraban mutuamente como mejores amigos.

Eso hace aún más sorprendente lo que sucedió el 26 de octubre de 1979 cuando, durante una cena, Jae-Gyu se ausentó un momento y volvió con una pistola, con la que disparó contra su amigo, provocándole la muerte.

En parte, las razones de este suceso siguen siendo un misterio. El autor del asesinato dijo que lo había hecho para evitar que el régimen se volviese aún más totalitario, pero muchos sospechan que lo hizo porque estaba perdiendo el favor de Park. Sea como sea, pocos meses después fue ahorcado por traición. Sin duda, un caso de amistades peligrosas.

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