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La Bella Otero

Existe una lista de hombres que se quitaron la vida por no alcanzar los favores de la Bella Otero y por tal razón un periodista le puso el sobrenombre de la "sirena de los suicidios"

SER Historia: La Bella Otero (01/11/2020)

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Madrid

Es verdad que ejercía una influencia tremendamente seductora en hombres y mujeres, pero nunca se involucraba en relaciones sentimentales y hasta llegó a declarar: “He sido esclava de mis pasiones, no de los hombres”. Entre sus amantes algunas fuentes señalan al rey Leopoldo II de Bélgica, al káiser Guillermo II de Alemania y a Nicolás II, el zar ruso. Además, fue musa para escritores como Gabriele D’Annunzio y relevantes pintores franceses, como Renoir y Toulouse-Lautrec. Tras una infancia y adolescencia bastante triste y traumática, se dice que el talento de Carolina Otero fue descubierto por el empresario estadounidense Ernest Jurgens tras verla actuar en Barcelona. Luego actuó con éxito en Nueva York y en muchas ciudades de Sudamérica y de Europa y en todas ellas deslumbraba con sus cantes y bailes. La Bella Otero se convirtió en una de las mujeres más ricas y más deseadas. De salir de la nada llegó a codearse con lo más selecto de la sociedad. Pero a los 46 años, cuando empezaba la Primera Guerra Mundial, decidió retirarse a la ciudad de Niza, y se dedicó a perder su gran fortuna en distintos casinos de juego. Acabó muriendo en 1965 sola y pobre, en un escondrijo del mundo, oscuro y triste como aquel del que salió de su Galicia natal. Unos versos del poema que le dedicó el cubano José Martí glosan perfectamente el encanto y el carisma que debió desprender la Bella Otero en todos aquellos que la contemplaban:

Ya llega la bailarina:

Soberbia y pálida llega;

¿Cómo dicen que es gallega?

Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero

Y una capa carmesí:

¡Lo mismo que un alelí

Que se pusiera un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,

Ceja de mora traidora:

Y la mirada, de mora:

Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,

Y sale en bata y mantón,

La virgen de la Asunción

Bailando un baile andaluz.

Baila muy bien la española,

Es blanco y rojo el mantón:

¡Vuelve, fosca, a su rincón

El alma trémula y sola!

 

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