Viernes, 04 de Diciembre de 2020

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Faustino Chacón

Cuando tenía pocos meses cayó en un fogón encendido del que salió sin una sola quemadura. La familia descubrió entonces que el fuego no le afectaba y que podía manejarlo a su antojo. Y hasta salvó a una familia en un incendio en una confitería en el barrio de la Viña de Cádiz

En sus exhibiciones el joven Chacón, ponía sus pies desnudos sobre hierros candentes o se los aplicaba a la lengua sin perder la sonrisa y se lavaba la cara y hasta llegó a enjuagarse la boca con aceite hirviendo y ácido sulfúrico y a meter los dedos en azúcar caramelizado.

La fama de Chacón fue tanta que fue descubierto por el profesor Robinson y en 1803, cuando contaba con 23 años, fue llevado a Madrid para hacer una demostración ante eminentes profesores y luego a París para que lo examinaran los catedráticos más eximios de la Escuela de Medicina de la Sorbona. Experimentó con planchas de acero al rojo vivo, con líquidos corrosivos y también lo introdujeron en un horno de vidrio, del que salió indemne para saludar a los estupefactos profesores. Una de las lumbreras que lo examinaron, el doctor Pinel, se aventuró a diagnosticar que Chacón poseía facultades "que procedían de una organización extraordinaria", aunque sin poder determinar si la misma era natural o adquirida. Siendo Chacón toledano, podría ser, señalaba Pinel, que hubiera conocido alguna fórmula mágica de los antiguos alquimistas de la ciudad. Era una hipótesis.

A partir de ahí empezó a hacer exhibiciones y espectáculos públicos en Paris, Nápoles y otras ciudades europeas con el nombre de “Senor Lionetto” (la ñ no se estila en esos lugares) realizando prodigios tales como meter los pies en plomo fundido y pasar por su piel azufre hirviendo sin que ésta se tostara, manteniendo el color sonrosado que tuvo siempre. Pese a todo, cuando quiso hacer lo mismo en España el rey Carlos IV prohibió a Chacón que siguiera con sus exhibiciones por ser aquel género de vida "inútil al Estado y nocivo para la salud".

Harry Houdini, casi un siglo después, publicó “Traficantes de milagros” (1924) y en la lista de magos y tragafuegos que analiza únicamente hace referencia a un español bajo el título «Un fenómeno asombroso. El señor Lionetto, el español incombustible», capaz de proezas tales como -en palabras de Houdini- estar «cinco minutos con las piernas sumergidas en aceite a 97 grados Reáumur (121 grados celsius) sin que aquello afectase a sus sentidos ni le causase daño alguno en la superficie de la piel».

Dice Ramón Mayrata, experto en la historia del ilusionismo, que en una sesión abierta al público, a la que asistió un verdadero gentío, el público pudo comprobar que el fuego, el ácido y el agua hirviente no dejaban señal alguna de quemadura. El cutis permaneció fino y suave y la lengua carnosa. Sólo advirtieron una pequeña mancha amarilla en la palma de la mano que no le producía dolor, ni molestia alguna.

Hubo un tal Sementini que dijo haber descubierto el “truco” para que Faustino Chacón pudiera aguantar esas altas temperaturas. Unos le creyeron y otros no tanto. Al final el hombre incombustible se convirtió en leyenda y en su país de origen casi un completo desconocido.

 

 

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