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Madame Tussaud y el museo de los horrores

Es la madre de los museos de cera. Una artista excéntrica e incomprendida que fue contemporánea de la Revolución Francesa. Muchos de los datos de la vida de Marie Grosholtz, su auténtico nombre antes de adoptar el de su marido, no se saben a ciencia cierta si son verdad o mentira

Madame Tussaud y el museo de los horrores

Madame Tussaud y el museo de los horrores

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Madrid

La mayoría de lo que se conoce proviene de las memorias que ella misma le dictó a una amiga cuando tenía casi 80 años y que fueron publicadas cuatro décadas después. Sin embargo, sí se tiene constancia de que se inventó muchas cosas de su vida, como haber nacido en Berna (lo hizo realmente en Estrasburgo) y haber vivido con la familia real en el palacio de Versalles, donde aseguraba haber asistido en el parto a la reina de Francia.

Su padre era militar y murió durante la Guerra de los Siete Años, dos meses antes de que ella naciera. Su madre, al enviudar, trabajó como ama de llaves para el médico anatomista Philippe Curtius, a quien la pequeña Marie consideraba su tío y de quien aprendió la técnica para la escultura estando bajo su tutela. Este médico hacía modelos en cera que se utilizaban para enseñar anatomía a los estudiantes. Era, recordemos, un tiempo anterior a la fotografía. La joven realizó, a los 16 años, su primera escultura de cera, ni más ni menos que la del filósofo Voltaire, que forma parte de una larga lista de otras figuras ilustres como fueron Benjamín Franklin o Rousseau. Antes de que estallara la Revolución su maestro ya había organizado con éxito un par de exposiciones, precursoras de lo que Tussaud convertiría después en museo.

Según contó ella misma en su biografía, era una monárquica convencida y durante el régimen de Terror fue arrestada y salvada de la guillotina casi in extremis para que realizara bustos de los ejecutados. Su historia toma en este punto un tinte macabro, dedicada a hacer moldes de las cabezas ensangrentadas de, entre otros, Luis XVI, María Antonieta, Marat y Robespierre.

Cuando su mentor murió́, heredó su casa en Versalles y el salón de exposiciones del Boulevard du Temple. Un año más tarde, a la edad de 34, Marie se casó́ con el ingeniero François Tussaud y se convirtió así en Madame Tussaud. En 1802 también conoció al artista Paul Philidor con quien hizo un espectáculo en el teatro del Liceo de Londres, aunando “linternas mágicas” con figuras de cera. Después metería su colección de bustos en un carruaje y empezaría una gira por Inglaterra, Escocia e Irlanda que atrajo a la clase media adinerada. En 1835, Marie y sus dos hijos decidieron instalar su colección de forma permanente en Londres, cuya popularidad se disparó después de que una joven reina Victoria permitiera que realizaran un molde de su figura vestida con una réplica exacta del día de su coronación.

Marie Tussaud murió a los 88 años, acabando sus días como una empresaria que logro lidiar con muchos obstáculos, sobre todo con la violencia de la época que le tocó vivir. Navegó por dos mundos muy diferentes, el lujo de la corte de Versalles y la pobreza de las calles de París, y contra todo pronóstico, vivió para contarlo. Porque a pesar de todo, fue su arte lo que la salvó y lo que la ha hecho pasar a la posteridad

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