El precio exagerado
"Poco a poco perdió encanto el acto comprar. Antes necesitabas algo, o lo descubrías y te enamorabas de él, y en última instancia el precio decidía qué hacías, a menos que estuvieses desesperado. Si era razonable, casi siempre lo adquirías. Lo razonable, sin embargo, fue dando paso a lo exagerado".

Madrid
Entre todas las maneras de organizar el mundo, quizá la más práctica era la que dividía las cosas en baratas y caras. Si querías comprar algo, estudiabas el género, mirabas tres o cuatro veces la etiqueta del precio, y decías «esto sí» o «esto no». Entonces la vida parecía más fácil: cara o barata. Fin de la historia. Pero el mundo cambió rapidísimo: retiraron el viejo y pusieron uno nuevo delante de tus narices. Cuando ahora echas un vistazo a los precios, ya casi ninguno es barato. Poco a poco perdió encanto el acto comprar. Antes necesitabas algo, o lo descubrías y te enamorabas de él, y en última instancia el precio decidía qué hacías, a menos que estuvieses desesperado. Si era razonable, casi siempre lo adquirías. Lo razonable, sin embargo, fue dando paso a lo exagerado. Cada vez es más fácil adivinar el precio de las cosas: son caras, por lo general. Oyes decir «IPC» y ya sabes que esa historia acaba mal. En general, los precio producen ya solo un efecto: desmoralizarte. Cuando compras algo, porque lo necesitas o te gusta mucho, te lo quedas con cierta tristeza. Quizá el deseo perfecto para 2022 sea encontrar gangas.




