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Remedios Varo, surrealista y simbólica

Difícil contemplar una obra de esta gran pintora surrealista y no quedarse extasiado, casi hipnotizado, ante la multitud de detalles que aparecen en el cuadro. Tuvo una vida y una obra única, plagada de viajes, experiencias y elementos esotéricos. España, Francia y México fueron los tres países en donde sufrió giros repentinos que le permitieron verse como la artista que siempre fue

Remedios Varo

Remedios Varo

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Madrid

A los 17 años, Remedios Varo se trasladó a Madrid para hacer realidad su vocación artística. Allí conocería al escritor surrealista Benjamín Péret, con quien se casará en 1937. Péret era un simpatizante de la causa republicana y se vieron obligados a huir a Francia para escapar de la Guerra Civil. Una vez en París, Remedios entró en contacto con otros surrealistas como Breton, Ernst y la que sería su gran amiga, Leonora Carrington.

Isabel Navarro, quien ha escrito una extensa biografía sobre su vida, cuenta que Remedios, fiel a su espíritu surrealista, heterodoxo e iconoclasta, tenía actividades poco comunes que sólo ella apreciaba de manera secreta, como, por ejemplo, que le encantaba unirse a los bohemios surrealistas franceses para fotografiarse vestida de torero o vender pasteles en la calle e incluso llegaba a mandar cartas a desconocidos cuyos nombres elegía al azar en los listines telefónicos para invitarles a cenar a su casa.

Con la llegada de los nazis, Remedios y su marido decidieron huir desde Marsella a México en noviembre de 1941 a bordo del trasatlántico “Serpa Pinto”. Allí empezó una nueva etapa laboral y artística, gracias a la iniciativa del presidente Lázaro Cárdenas de acogida de refugiados políticos. En México contactó con otros artistas también exiliados, como Luis Buñuel, haciendo un círculo de amigos con César Moro, Octavio Paz y, por supuesto, con Leonora.

Entre sus pinturas destacan escenarios oníricos, arquitecturas laberínticas y personajes que emprenden «viajes metafísicos a otros mundos», como en sus lienzos “Hacia Acuario” (1961), “Trovador” (1959) o “Ascensión al Monte Análogo” (1960). Estas obras sugieren una influencia de la alquimia medieval. Entre las creencias que influyeron a Varo, se encuentran las prácticas rituales de los indígenas mexicanos y también se mostró muy interesada por una larga lista de disciplinas y autores, como Jung, Blavatsky, Freud, Eckart, el sufismo, el psicoanálisis, el espiritismo, las leyendas sobre el Santo Grial, además de la geometría sagrada, la alquimia, el I-Ching, el Tarot, la Cábala o la obra de Ouspenski y la de George Gurdjieff y su teoría sobre el Cuarto Camino.

La obra pictórica y literaria de Remedios Varo posee un estilo característico y fácilmente reconocible, teñida de una atmósfera de misticismo. Su pintura está puntualizada por un marcado interés por la ciencia, sobre todo tras su etapa por Venezuela como integrante de una expedición científica y médica. En 1952 Remedios conoció a su último amor, Walter Gruen, con quien estuvo casada hasta su fallecimiento en 1963, con tan solo 54 años, a causa de un infarto. Su amigo André Bretón le dedicó este elogio póstumo: “El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto”.

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