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Una agresión sexual desencadenó la 'operación Carioca'

Este cabo de la Guardia Civil, que estaba muy bien relacionado con los dueños de las casas de citas de Lugo, amenazaba a las meretrices con expulsarlas del país

La investigación de la Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Civil se inició con la denuncia de una de las prostitutas contra un agente del instituto armado en la que le acusaba de un presunto delito de agresión sexual.

La investigación del juzgado de instrucción número 1 de Lugo y de la Unidad de Asuntos Internos de la Guardia Civil va dando sus frutos entorno a la 'operación Carioca' que desmanteló una trama de prostitución ilegal en Lugo con mujeres procedentes de Brasil. La causa se inició a raíz de una denuncia que presentó una de las prostitutas por un presunto delito de agresión sexual cometido por el agente de la Guardia Civil Armando Lorenzo, según fuentes de la investigación consultadas por la SER. Lorenzo está en prisión después de que la juez del caso ordenara las primeras detenciones.

Hasta el momento ha quedado acreditado que este cabo de la Guardia Civil, que estaba muy bien relacionado con los dueños de las casas de citas de Lugo, amenazaba a las meretrices con expulsarlas del país para conseguir servicios sexuales. Unos servicios que también obtenía bajo la falsa promesa de arreglarles sus permisos de trabajo o residencia. Además, advertía a los dueños de los locales de cualquier actuación policial que se fuera a llevar a cabo en sus clubes, lo que según la investigación le reportaba compensaciones económicas.

La juez sostiene que Armando Lorenzo pudo haber cometido los delitos de prostitución, agresión sexual, falsedad documental, cohecho, omisión del deber de perseguir delitos, revelación de secretos y tráfico de influencias.

Operación Carioca: Los principales clubes de alterne investigados

Las jóvenes brasileñas que los implicados en la 'operación Carioca' explotaban sexualmente en nuestro país no se esperaban que tuvieran que ejercer la prostitución en condiciones de esclavitud. Tenían que devolver los gastos de su viaje a España que rondaba los 3.000 euros. Sólo libraban un día a la semana. En el mejor de los casos podían contar con tres días de descanso cuando tenían la regla aunque la investigación ha detectado que la mayoría de ellas no los disfrutaba, bien porque los dueños de los clubes no les dejaban o bien porque no podían prescindir de esos ingresos. Según ha conocido la Cadena SER en fuentes de la investigación, éste era el régimen que las principales casas de citas investigadas imponían a las mujeres.

Queens y La Colina, propiedad de José Manuel García Adán

Sumando los dos locales, ejercían la prostitución entorno a 60 mujeres. Lo hacían 12 horas diarias, entre las cinco de la tarde y las cinco de la madrugada, contando con un día libre a la semana. La tarifa media por un servicio sexual de media hora era de 43 euros. Las prostitutas tenían que pagar al empresario 10 euros por cada uno de los tres primeros encuentros que tuvieran con los clientes cada día. Además, en concepto de alojamiento, tenían que abonar 12 euros. Las multas por no acudir al club oscilaban entre los 20 y los 60 euros.

Eros, propiedad de José Marcos Grandio Ascáriz

Aquí ejercían la prostitución entre 20 y 30 mujeres. El "pase" o servicio sexual remunerado costaba 45 euros. Del primer pase tenían que pagar 25 euros al dueño y del segundo 15. En el caso de que un cliente quisiera irse con una prostituta el precio era de 250 euros de los que el club se quedaba con 75. El horario que debían cumplir las meretrices iba desde las seis de la tarde hasta las cuatro y media de la madrugada. Los fines de semana y festivos se terminaba más tarde, a las seis de la madrugada. Tenían un día libre a la semana y las faltas de puntualidad y ausencias también se sancionaban con multas.

Volvoreta, propiedad de José Antonio Fernández Fernández

En este club ejercían la prostitución 15 meretrices durante 10 horas diarias, entre las seis de la tarde y las cuatro de la madrugada. Todas ellas tenían también que justificar sus ausencias o falta de puntualidad bajo la amenaza de pagar una multa que podía llegar hasta los 60 euros.

Eclipse, propiedad de Jesús González Varela

Cada pase o servicio sexual por una hora costaba en este club 53 euros donde ejercían la prostitución unas 20 mujeres. Todas ellas tenían que pagar al dueño por el alojamiento. La tarifa era de 35 euros al día entre jueves y domingo y de 30 euros el resto de la semana. Si las jóvenes no realizaban ningún servicio, la tarifa se reducía a 15 euros. Trabajaban 11 horas diarias, contaban con un día libre a la semana y debían pagar multas por las ausencias y por llegar tarde.

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Cadena SER

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