Jueves, 29 de Septiembre de 2022

Otras localidades

Las instalaciones tras los Juegos Olímpicos

Repasamos el uso que se la ha dado a las instalaciones tras los Juegos Olímpicos

Vista de la entrada a la villa olímpica de Stratford, al este de Londres (Imagen de archivo)

Vista de la entrada a la villa olímpica de Stratford, al este de Londres (Imagen de archivo) / EFE/Kerim Okten

Hoy se reabre al público la villa olímpica de Londres, casi dos años después de clausurarse los Juegos de 2012. Lo hace, convertida en una nueva atracción turística en la capital británica: un impresionante parque urbano lleno de árboles y canales, con una extensión de 2,5 kilómetros cuadrados. Habrá que ver cómo funciona la reconversión, porque se trata de un proceso complicado.

Toda candidatura olímpica nace con 2 objetivos esenciales: organizar unos juegos de éxito y no perder dinero. Quitando el honroso caso de Los Ángeles 84, donde hubo superávit, el resto de sedes ha basculado siempre entre el desastre económico y la reinvención de las villas olímpicas. Todo ello con la vista puesta en la integración de las instalaciones en la ciudad. No siempre se ha conseguido, a pesar de que cada sede debe presentar junto a su candidatura un proyecto para las instalaciones una vez apagada la llama.

El principal quebradero de cabeza lo constituyen los estadios olímpicos. Demasiado grandes, y costosos en su mantenimiento, llevan mal la reconversión al tratarse de recintos con un uso demasiado específico. Lo habitual es que clubes deportivos asuman su administración. En Londres, el West Ham seguirá el camino de equipos como la Lazio y la Roma. En otras ciudades, otros equipos han hecho uso de estadios olímpicos, como el Espanyol de Barcelona o el Bayern de Munich, pero han acabado en un estadio propio, al quedar obsoletas las instalaciones olímpicas. En Pekín, el impresionante "nido" sólo se utiliza de vez en cuando para conciertos y otras actividades esporádicas. De ahí las pérdidas que se anota cada año: unos 38 millones de dólares.

Los otros escenarios de los juegos son también difíciles de encajar en sus respectivas ciudades. La Villa Olímpica de Berlín 1936, las piscinas de Helsinki 1952, o el campo de béisbol de Atenas 2004 están completamente abandonados. En otros casos, la transición ha sido posible con mayor o menor acierto, como el 'Cubo de Agua' de Pekín, convertido en parque acuático; el auditorio de Los Ángeles 1932, transformado en iglesia; o el velódromo de Montreal, reconvertido en jardín botánico y parque zoológico. Más fáciles de integrar han sido los edificios de viviendas de las villas olímpicas. En Atlanta, los apartamentos de los deportistas pasaron a ser residencias de estudiantes. En Londres, se convertirán en viviendas sociales.

El éxito, en todo caso, suele estar en una buena planificación. Y casi todo el mundo sitúa a Barcelona 92 como ejemplo en ese sentido. En el caso de la ciudad condal, el proyecto olímpico incluía un cambio profundo en la planificación de la ciudad y una mejora de las infraestructuras. Barcelona cambió su imagen, se abrió al mar y se convirtió en uno de los grandes referentes mundiales para el turismo.

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