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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

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El Sonoroma más diverso, más nostálgico y más multitudinario

El festival de Aranda de Duero bate récord de asistencia en su 17ª edición con 45.000 personas

Amaral durante su vibrante actuación en el Sonorama 2014 /

En los festivales, a veces te sientes desbordado. Sin el don de la ubicuidad, es imposible estar en todos los sitios que te gustaría. En el Sonorama, hay dos escenarios en el pueblo por la mañana, conciertos en el camping por la tarde y, por la noche, los platos fuertes en el recinto, que cuenta con cuatro escenarios más la carpa de djs. Eso, sin contar la música en la piscina municipal y las sesiones improvisadas por la calle. Todo, durante tres días y medio, porque este año el festival empezó antes. Por eso, cuando acaba, las sensaciones y los recuerdos se amontonan pero siempre hay destellos que perduran. Destellos como la versión de 'Where is my mind?', de Pixies, que hicieron Niños Mutantes en la Plaza del Trigo. Destellos como ver a la M.O.D.A. o a Belako abriendo la noche cuando todavía era de día y ante un grupo importante de seguidores. Destellos como la energía de Nita, de Fuel Fandango, arriba del escenario. Y destellos, como Raphael en un festival como el Sonorama que, por supuesto, merece crónica aparte.

"Este es el mejor festival del mundo", "junto con otro que se hace en Extremadura, este es uno de los festivales más auténticos del país", "Aranda es un lugar mágico para la música", "es un placer estar en un festival como este", son frases que bien podría decir alguien entre el público pero que se han dicho en el escenario.

Y es que el Sonorama no es un festival más de los muchos que han nacido en los últimos años a lo largo y ancho de nuestra geografía. Es un festival que creó hace ya 17 años Javier Ajenjo, un vecino de Aranda de Duero, y que cada año ha ido creciendo un poco más. Todos los artistas quieren pasar por allí. Todos los que disfrutan de una actuación en la Plaza del Trigo, quieren volver al año siguiente. Así, cada año suma más adeptos y el número de asistentes ha superado con creces la población del pueblo, de unos 35.000 habitantes.

Y es que la Plaza del Trigo es clave. Muchas bandas que tocaron allí cuando nadie les conocía vieron un gran empujón en su carrera tras su paso por esa plaza, siempre llena de gente, siempre llena de medios de comunicación, siempre con la manguera de Antonio, un bombero de la localidad que rocía al público, que pasa muchas horas al sol y que ya se ha convertido en un clásico del festival.

El jueves fue el turno de Bravo Fisher y Joe La Reina, pero éstos, un poco eclipsados por Stone Pillow, que estaban en la otra plaza que también reúne a un grupo nutrido de gente bajo el escenario con forma de autobús. El viernes la intensidad subió. Se nota cuando no puedes entrar en la plaza porque ya no cabe nadie más allí. Quien tuvo suerte y se hizo un hueco pudo ver el potente directo de Correos con la aparición desconcertante de Fermin Muguruza al final del concierto.

En la Plaza del Trigo, además, siempre suele haber sorpresas y algunos artistas del escenario principal hacen una breve incursión que no estaba en el programa. El viernes, Niños Mutantes, que ya habían actuado la noche anterior, decidieron aprovechar la ocasión para hacer algunas de sus populares versiones. Mecano, Miguel Ríos, Los Brincos, Pixies y, cómo no, Raphael habrían estado encantados de ver cómo crecieron sus temas en esa plaza tan pequeña.

La sorpresa del sábado apareció en un balcón. "Hace doce años vino este grupo al festival por primera vez. Como no teníamos dinero para hoteles, los artistas se alojaban en nuestras casas. Ellos están ahora en esa casa... ¿veis el balcón de allí al fondo? Os están saludando", decía Javier Ajenjo mientras los componentes de Second saludaban. "Ahora, van a bajar, van a atravesar la Plaza del Trigo entre todos vosotros y se van a subir al escenario", continuaba. Eso sí que era una sorpresa y la plaza se convirtió en un rincón exquisito por unos minutos.

Tras los conciertos de la mañana, llega la hora de comer y en Aranda no es difícil comer bien. Da igual el bar donde entres, nunca defraudan, sólo depende del presupuesto con el que se cuente. Eso sí, que todo esté bien regado con un Ribera del Duero que ya habrá tiempo para siesta... o no.

Este año, el festival ha sido más largo. Desde el lunes ya ha habido conciertos en el pueblo pero no fue hasta el miércoles cuando Aranda se empezó a llenar. El motivo tenía nombre de grupo: Los Planetas. Su directo no tiene término medio: o te encanta o te aburre. Y lo mismo ocurrió el sábado con Nacho Vegas. Las percepciones no pueden ser más diferentes dependiendo de si te gustan o no.

Los conciertos en el recinto del festival comienzan pronto. A las siete ya hay actuaciones pero el público va llegando a cuentagotas y aumenta conforme va cayendo el sol. Pero este año ha sido especialmente sorprendente la cantidad de "madrugadores" que disfrutaron a plena luz del sol de M.O.D.A. (La Maravillosa Orquesta Del Alcohol) y de Belako. No hay que perderles de vista.

El resto de noches, mucha música y muchos momentos únicos. El portugués David Fonseca cogiendo un teléfono para cantar 'Killed the radio star', con la que se metió al público -poco receptivo a su música- en el bolsillo. Niños Mutantes emocionados por estar una vez más en el Sonorama y, sobre todo, por tocar justo antes de Raphael, con quien luego compartieron una canción.

La fuerza de Elefantes sobre el escenario y la energía que trasmite Shuarma con su voz. Un Iván Ferreiro correcto pero que no animó con su repertorio al público. Jack Knife, este año sí, sobre el escenario principal. El regreso de El Hombre Gancho para alegría de sus seguidores. Second demostrando que los años de experiencia no son en vano. DePedro y su versión de La Llorona, emocionante.

Amaral siempre perfecta, siempre vibrante. Izal confirmando su triunfo un año después de echar abajo la Plaza del Trigo. Fuel Fandango dejando con la boca abierta a los que no les conocían. Duncan Dhu, sin Diego Vasallo, pero con Mikel Erentxun recordando algunos de sus grandes éxitos, canciones que nunca pasan de moda. Los australianos Cut Copy y su electrónica happy con un mensaje claro: free your mind. El Columpio Asesino, que atrajo a un montón de gente que sólo deseaban escuchar Toro. Y Adanowsky, el concierto que cerró el festival y del que todo el mundo hablaba al día siguiente. Bueno, de él, y de que hay que volver el año que viene. Al Sonorama siempre hay que volver.

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