Lunes, 23 de Noviembre de 2020

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"¿Qué puedo hacer? Soy gay"

La condena de la homosexualidad atenta contra la libertad individual y es otra de las preocupaciones de ciudadanos y activistas de derechos humanos en Marruecos

Dos activistas de Femen se besan ante un emblemático monumento marroquí.

Dos activistas de Femen se besan ante un emblemático monumento marroquí.

Hamza y Layla son dos jóvenes marroquíes que ocultan su homosexualidad no solo a la sociedad, que les discrimina, sino también a sus propias familias porque tienen miedo de sus reacciones.

"¿Qué puedo hacer? Soy gay. No puedo decirle a mi padre soy gay, tampoco se lo puedo decir a mi madre. Me pegarían, mi hermano, mi hermana y mi padre, porque mi padre es islamista un poco radical", explica Hamza un joven de Rabat que descubrió su homosexualidad bien temprano en un hamam (baño turco).

Layla es una mujer que siente atracción por las personas de su mismo sexo, es lesbiana, y vive en Tetuán, una ciudad tradicional del norte de Marruecos. "Mi familia no sabe realmente nada de mi caso porque no iban a entender qué significa ser gay. En general las familias, que no tienen miedo de la homosexualidad, llevan a sus hijos al psiquiatra porque creen que tienen algo que arreglar, que pegar".

En Marruecos hay ciudadanos en las cárceles por ser gays o lesbianas. Se castiga la homosexualidad con penas entre 6 meses y tres años por "delito contra natura" atendiendo al artículo 489 del Código Penal. Además el borrador del proyecto del nuevo texto mantiene las penas y endurece las multas, que llegan a los 2.000 euros, el doble que ahora.

Salah Abdellaoui, director de Amnistía Internacional en Marruecos, al igual que otra organizaciones internacionales como Human Rights Watch, considera que "la homosexualidad es un problema tabú y el artículo 489 que penaliza las relaciones homosexuales atenta contra la libertad de la persona".

En junio una campaña de liberación de dos homosexuales arrestados por besarse delante de la Torre de Hassan reunió 50.000 firmas y este verano se celebraron manifestaciones en las diferentes ciudades del país para defender las libertades individuales tras el linchamiento a un travesti en Fez. Sin embargo, para Marc Serena, investigador y autor de '¡Esto no es africano!', "Marruecos es uno de los países con una red de activismo más débil, espontánea, sumergida y desestructurada". Podríamos añadir incluso prohibida, como ha ocurrido este año con la asociación Aswat (Voces), que tuvo problemas para llevar a cabo un acto de defensa de los homosexuales el día de la Homofobia, que se celebra 17 de mayo.

"Por una acción que exprese amor, por ejemplo un beso o algo así, puedes ser insultada, agredida, discriminada por la gente, y entonces te denuncian y vas a la cárcel", detalla Layla. El último arresto, hace menos de un mes, fue en Tánger. Un imán marroquí fue condenado a tres meses de prisión por mantener una relación homosexual con un joven. Les juzgaron por "perversión sexual" y "mantener una relación homosexual en un lugar de culto musulmán". Además tendrán que pagar una multa de 45 euros.

Más repercusión tuvo el ataque de homofobia contra un travesti en la ciudad de Fez el 30 de junio. Una muchedumbre rodeó y zarandeó un taxi donde viajaba un hombre vestido de mujer. Según recogen los medios marroquíes, fue golpeado y tuvo que refugiarse en un centro comercial, donde la policía le protegió.

Los dos jóvenes que intentaron linchar a este travesti pasarán solo 4 meses entre rejas por "violencia y daño intencionado". Esta pena inferior a la de los actos homosexuales ha enfadado a las organizaciones de derechos humanos que la consideran "injusta". Mientras el ministro de Justicia, Mustada Ramid, pidió a los homosexuales, a través de la radio, que "dejen de provocar a la sociedad" y les animó a que "se cambien de sexo". Y el jefe del Gobierno, Abdelillah Benkirane, también del partido islamista, declaró en el mismo medio que "los ciudadanos que sufren esta tara deben de ocultarse. La homosexualidad, además de ser pecado y estar en el Corán, no puede aceptarse en los espacios públicos".

La religión es otra traba para la libertad de los homosexuales. La semana pasada, un Imán de una mezquita de Casablanca utilizó el día de rezo para atacar a los partidos políticos socialistas y progresistas, a un mes de las elecciones locales y regionales, porque "las personas que los representan defienden a los homosexuales, trabajan para pervertir los valores de la sociedad marroquí".

"Nuestra sociedad no es buena. Yo tengo problemas en todos los sitios, en los mercados, en la universidad, en la ciudad, en la mezquita, todo el tiempo", se queja Hamza. Por eso los homosexuales se organizan entre ellos con códigos secretos. Hamza desvela que "si por ejemplo decimos 'Bogo' significa que estamos interesados en un chico porque no podemos decirle directamente 'me gustas'". También tienen sus espacios para encontrarse, normalmente carreteras y bosques alejados de los centros de la ciudad.

A Hamza, que cuando habló con la Cadena SER tenía un novio español, le han llegado a herir con un cuchillo por su orientación sexual; sin embargo él sigue soñando "con poder ir con mi novio por la calle, besarle y ser cariñoso con él".

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