Sábado, 15 de Mayo de 2021

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HISTORIA | MAGNICIDIOS

Matar al presidente

Con cinco jefes de Gobierno asesinados, España es el país occidental donde más magnicidios se han pergeñado

También ha habido, aunque no llegaron a concluirse, varios intentos de atentar contra otras importantes figuras institucionales

Ilustración del momento en el que Antonio Cánovas del Castillo es asesinado en el balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa).

Ilustración del momento en el que Antonio Cánovas del Castillo es asesinado en el balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa). / V. GINÉS (WIkIMEDIA COMMONS)

La enrevesada escena política, la inquietud social y las desazones del ejército, convirtieron el siglo XIX español en una amalgama de conmoción e inestabilidad. El combinado de estos tres factores, y la evolución de los problemas patrios y ajenos hasta la década de 1970, emplazan los asesinatos de cinco presidentes del Gobierno como una de las síntesis.

Cinco atentados mortales

La lóbrega costumbre magnicida comenzó el 27 de diciembre de 1870. Era de noche y caía una importante nevada. Al lado del Congreso de los Diputados, en la calle del Turco —actual Marqués de Cubas—, al carruaje del presidente Juan Prim y Prats le cortaban el paso otros dos coches. Al poco rato bajaron de ellos varios pistoleros embozados que después de romper las ventanas de la berlina, abrieron fuego contra Prim y sus ayudantes.

Grabado que ilustra el momento en el que el carruaje de Prim es asaltado en la calle del Turco de Madrid. / ARCHIVO BNE

El presidente no murió en el acto pero quedó seriamente herido. Tres días después, según la versión oficial, murió por la infección. Inmediatamente se involucró al diputado José Paúl y Angulo, por su dureza con el presidente en las sesiones parlamentarias, pero nunca se demostró que tuviera algo que ver.

Hace pocos meses, una nueva autopsia al cadáver del general Prim, reveló que en lugar de morir a causa de la infección como se creía, fue estrangulado a lazo —no se sabe por quién— mientras convalecía.

Antonio Cánovas del Castillo se relajaba en el balneario Guipuzcoano de Santa Águeda. El 8 agosto de 1897, el jefe del Gobierno de España estaba sentado en un banco de los patios del recinto leyendo la prensa, cuando el anarquista italiano Michele Angiolillo le disparó tres veces prácticamente a quemarropa.

Cánovas murió en el ataque y su asesino lo justificó como una represalia por las torturas a los anarquistas durante los procesos de Montjuic, por hacer detonar una bomba en una procesión del Corpus en Barcelona.

El 12 de noviembre de 1912 en la Puerta del Sol, José Canalejas se paró delante del escaparate de la librería San Martín, muy cerca de la esquina con la calle Carretas y del entonces edificio de la gobernación que hoy es sede del Gobierno regional de Madrid.

Fotograma del cortometraje que recrea el asesinato de José Canalejas frente a la librería San Martín de la Puerta del Sol. / YOUTUBE

Su ejecutor no estaba fichado y su nombre tampoco aparecía en el registro de anarquistas de la policía. Manuel Pardiñas disparó por la espalda al jefe del Ejecutivo matándolo ipso facto. Un policía que patrullaba por la plaza cargó contra él blandiendo su porra, pero antes de ser detenido, Pardiñas se suicidó con la misma pistola con la que había matado a Canalejas.

Después de la Gran Guerra Europa convulsionaba y España no era ajena a la agitación. El auge de los movimientos anarquistas y sindicalistas, en muchos casos llevó a las autoridades a organizar contra ellos operaciones de represión desproporcionadas.

El 8 de marzo de 1921, el coche del presidente Eduardo Dato fue acribillado a balazos en el centro de Madrid por tres anarquistas —Pedro Mateu Cusidó, Luis Nicolau Fort y Ramón Casanellas Lluch—, que huyeron en una moto con sidecar. Dato Murió y Mateu fue detenido días después. Aunque se lo condenó a muerte, recibió el indulto del general Miguel primo de Rivera, cuyo golpe de Estado estaba a punto de llegar.

Impactos de bala del ataque contra el coche en el que viajaba el presidente Eduardo Dato. / ARCHIVO BNE

Estos cuatro asesinatos estuvieron muy próximos en el tiempo, sin embargo el quinto se produjo más de cincuenta años después. La Guerra Civil había servido de prólogo a la dictadura franquista, que el 20 de diciembre de 1973 estaba más cerca de su final. El entonces presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, acudió a misa esa mañana como tenía costumbre. Al volver, una explosión en la calle Claudio Coello, hizo saltar su coche decenas de metros, hasta la azotea de un edificio.

El atentado fue cosa de varios miembros de la banda terrorista ETA, que con bastante planificación, alquilaron un sótano en esa calle y excavaron un túnel hasta el centro de la calzada. Los etarras llenaron el agujero con cerca de cien kilos de explosivos y detonaron la carga al paso del coche de Carrero. Tanto él, como su conductor y un inspector de policía murieron en el ataque.

Socavón en la calle Claudio Coello, tras el atentado contra el presidente Luis Carrero Blanco. / ARCHIVO BNE

Varias intentonas

Aunque el general Prim fue la primera figura institucional española asesinada en un atentado, no ha sido la única que ha padecido intento de magnicidio.

El rey Fernando I el Católico fue abordado el 7 de diciembre de 1492 —dos meses después de que Colón descubriese América— en Barcelona. Su agresor, Juan Canyamàs, agredió al monarca espada en mano y por detrás. Con el cuello ensangrentado, Fernando I ordenó a sus guardias que no matasen a aquel hombre. Al tomarle declaración, Canyamàs aseguraba que Dios y el Espíritu Santo le habían dicho que matase al rey, y que él y no Fernando era el monarca legítimo.

Aunque Fernando el Católico quería absolver a su atacante por estar loco, el Consejo Real actuó con rapidez y tras torturarlo, fueron en procesión con él por Barcelona, mutilándolo en vivo y en público hasta que murió.

También en Barcelona intentaron matar a Antonio Maura el 12 de abril de 1904. Junto al rey, iba en un coche descubierto. Delante de la iglesia de la Mercè, el anarquista Joaquín Miguel Artal, con un sobre en la mano, subió al vehículo, sacó un puñal y se lo clavó a Maura en el costado izquierdo. El arma no penetró del todo en su cuerpo, produciéndole solo heridas superficiales. Cuando Artal intentaba escabullirse entre la gente fue detenido.

Revuelo tras la explosión de una bomba escondida en un ramo de flores al paso de los reyes en la calle Mayor de Madrid. / ARCHIVO BNE

Dos años después, el 31 de mayo, el rey Alfonso XIII se casó con Victoria Eugenia de Battenberg en la iglesia de los Jerónimos. Tras la ceremonia estaba previsto que el matrimonio fuese en carruaje hasta el Palacio Real, pero antes de llegar, en la calle Mayor, una bomba escondida en un ramo de rosas cayó junto a la carroza desde un cuarto piso. Los reyes no fueron alcanzados, pero la explosión mató a 24 personas e hirió a otras cien.

El último líder objetivo de conspiración contra su vida fue el expresidente José María Aznar. El 19 de abril de 1995, ETA intentó asesinar al entonces presidente del PP y candidato a la presidencia del Gobierno, haciendo detonar un coche cargado con más de cuarenta kilos de explosivos al paso del vehículo donde iba el líder de la oposición. El blindaje del coche de Aznar evitó el desastre y el dirigente solo se cortó en la mejilla.

El coche del entonces presidente del PP y candidato a presidente del Gobierno, tras el atentado frustrado. / RTVE

Más magnicidios que en Estados Unidos

Con cinco jefes del Gobierno asesinados, España está a la cabeza de magnicidios en occidente, superando a países como Estados Unidos donde cuatro presidentes han muerto tras ser atacados —Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy—.

Por las circunstancias históricas y la posición internacional de España en el momento de los sucesos, las noticias de los presidentes asesinados no tuvieron tanta repercusión fuera de nuestro país como el atentado contra el archiduque Fernando en Sarajevo —que desencadenó la I Guerra Mundial—, o el envenenamiento del presidente ucraniano Víktor Yúshchenko, que logró salvar su vida dejando entrever un asunto de espionaje al modo de la antigua URSS.

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