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Miércoles, 08 de Abril de 2020

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'Envejecientes' for Hillary

Reading, en Pensilvania, era hace sólo 6 años la ciudad con más pobres de todo Estados Unidos y hoy aún ocupa la séptima posición de ese ranking. Más del 60% de sus habitantes son latinos. Muchos llegaron hace tiempo, atraídos por las oportunidades de trabajo y por unas condiciones de vida más asumibles que las que ofrecían ciudades como Nueva York. Hoy viven allí su retiro laboral, pero mantienen su interés en la política. Cierto interés...

'Envejecientes' for Hillary / En la Casa de la Amistad pasan el día charlando, jugando al dominó o tomando café. / R.P.

En el Centro Hispano Daniel Torres ayudan a esa numerosa comunidad con todo tipo de trámites, desde entrevistas para que los jóvenes accedan a becas en la universidad, hasta gestiones relacionadas con la hipoteca. Pero también piensan en los mayores.

En la planta de arriba, en la Casa de la Amistad, pasan el día charlando, jugando al dominó o tomando café muchos ‘envejecientes’, como dice el cartel de la entrada.

Marcelino Robledo junto a los compañeros de partida de dominó / R.P.

Marcelino Robledo es uno de ellos. Nació en Puerto Rico hace 67 años y está encantado aquí porque “es un pueblo tranquilo, pequeño, donde tengo todo lo que necesito: el médico cerca, los hospitales cerca….”. Aquello de “hacerse millonario”, que planeaba con su mujer, parece ya superado.

Rodolfo Flores Ortega, mejicano, recita del tirón sus apellidos antes de contar que acabó en Reading porque “el señor con el que estaba en los campos de trabajo se mudó aquí, y nos vinimos con él”. Eso ocurrió en 1980, y con el viajaron su mujer y sus tres hijos. Ellos no pueden votar porque pese a que viven, trabajan y cotizan aquí, sólo tienen permiso de residencia. Él si lo hará: “Por Clinton, siempre he votado demócrata. Todos aquí creo que estamos a favor de ella, aunque el otro aún piensa ganar por aquello de los votos secretos”.

Ese rechazo al otro lo comparte también Marcelino: “Trump es como Maduro, un dictador, y esta nación es libre, puedes hablar lo que quieras y no pasa nada. Si viene Trump, tenemos que irnos a Cuba, con Castro”, dice mientras se le escapa la risa del gamberro que no llegó a millonario pero se resiste a jubilarse. Su compañero maneja otros argumentos contra el magnate: “Los que son delicuentes hay que sacarlos del país, de acuerdo, pero ya ves que aquí en Estados Unidos ha habido terroristas y ninguno era mejicano; él sólo habla de los mejicanos, que no han puesto ninguna bomba”.

Rodolfo Flores Ortega en el despacho de la director del "centro de envejecientes" / Rafa Panadero

Más allá de lo que pase el martes 8 de noviembre, los dos reconocen que no creen que su rutina diaria vaya a cambiar mucho en función de quién llegue a la Casa Blanca. Esa rutina hoy pasa por terminar el café que Rodolfo dejó a medias y por recuperar la partida de dominó que interrumpió Marcelino para atender al visitante. “Viene mucha gente a jugar, y al casino, se organizan fiestas y muchas actividades…¿Tú me entiendes?”, zanja el portorriqueño con acento caribeño. “Perfectamente”, me dan ganas de responder.

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