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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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LA VENTANA LA VENTANA Andrés Velencoso y Quique Dacosta en 'La Ventana'

Así vivieron el 15-J los primeros diputados de la democracia

Seis diputados elegidos aquel 15 de junio del 77 recuerdan con la Cadena SER cómo vivieron las primeras elecciones democráticas tras cuarenta años de dictadura

La diputada Carlota Bustelo, del grupo socialista, defiende la necesidad de que los beneficiarios de la Seguridad Social tengan derecho a un servicio de planificación familiar y obtención de anticonceptivos en junio de 1978. /

Escucha el reportaje completo. / MAR RUIZ

Ilusión, esperanza, vértigo por recuperar una libertad secuestrada durante más de cuatro décadas. No sólo votaron por primera vez en su vida aquel miércoles 15 de junio del 77, también resultaron elegidos y se convirtieron en los primeros diputados de la recién recuperada democracia.

"Recuerdo la alegría desbordante de aquellos días, la gente en la calle, las banderas. Yo iba el décimo por Madrid y para mí, que en 1973 había estado detenido por la policía franquista, era un honor indescriptible ir en las listas a las primeras elecciones democráticas. Pensábamos que el PSOE sacaría seis o siete diputados, pero resulta que logramos once". Ese resultado inesperado pilló tan de sorpresa al socialista Juan Barranco que "me metí en un cine, y nunca he podido recordar qué película ponían. Estaba tan aturdido que simplemente me metí en la sala solo para reflexionar sobre lo que significaba aquello". Días después, cuando tomó posesión del escaño con 29 años, el diputado más joven de aquellas Cortes acudió al banco donde trabajaba y pidió una excedencia "por seis meses porque no sabía muy bien aquello cuánto iba a durar".

Juan Barranco, diputado del PSOE en 1977. / BEA POLO

Aquel 15 de junio del 77 los resultados tardaron dos días en conocerse. La espera fue larga para Ramón Tamames, número 4 de la lista del Partido Comunista de España por Madrid. "Los tres primeros puestos estaban super asegurados pero mi escaño estuvo bailando varios días. Al final se confirmó y no puedo explicarle suficientemente la alegría que sentí en ese momento después de tantos años luchando por la libertad. Fue un envite personal, queríamos la democracia y la íbamos a conseguir", recuerda Tamames.

Menos incertidumbre tuvo el resultado para José Manuel García Margallo, que logró el único escaño en liza por Melilla en las listas de la UCD. "Recuerdo que ganamos en 27 de las 28 mesas electorales. Cuando días después vi en las Cortes a Adolfo Suárez, un ex falangista, recibiendo y saludando en el Congreso a Dolores Ibárruri, La Pasionaria, recuerdo que pensé que habíamos pasado, que habíamos logrado superar la Guerra Civil y que se abría de verdad una nueva etapa".

Soledad Becerril fue una de las apenas 27 mujeres que salieron elegidas aquel 15 de junio. "Fue después de una campaña llena de estusiasmo, de participación y de interés. Y también de medios muy básicos, utilizábamos nuestros coches y repartíamos folletos y pegatinas a mano, recorríamos las calles, había entonces muy pocos medios de comunicación pendientes de nosotros, han cambiado mucho las cosas", recuerda la entonces diputada de UCD por Sevilla y quien, a la postre, acabaría siendo tres años después la primera mujer ministra de la etapa democrática en España.

Federico Mayor Zaragoza acudió a las elecciones generales del 77 como independiente en la lista de UCD por Granada. / BEA POLO

Para Federico Mayor Zaragoza, un independiente en la lista de UCD por Granada, que tuvo que enfrentarse a no pocos resquemores internos por ser sobrino nieto de un ministro de la Segunda República, "aquellos fueron días de una emoción inolvidable, en el que políticos de todo signo fuimos capaces de ver el mañana, sin olvidar el pasado, pero siendo conscientes de que lo que teníamos que dilucidar era el futuro. Creo que uno de los mayores aciertos fue saber que no se trataba de dar el consentimiento a una monarquía, sobre todo para los que éramos republicanos, sino que se trataba de pasar de un sistema dictatorial militar a un sistema democrático civil".

Carlota Bustelo, en la lista del PSOE por Madrid, pasó el día visitando mesas electorales como apoderada del partido socialista y después pendiente del recuento en la agrupación de Chamartín. "Recuerdo que pensaba que no íbamos a tener muchos votos, y me soprendió mucho comprobar que fuimos la segunda fuerza más votada, después de la UCD y con casi un 30% de los sufragios", explica una de las pioneras por la lucha de la mujer en aquellas primeras Cortes donde batalló por la legalización de los anticonceptivos. "Pensé entonces que íbamos a tener que trabajar mucho, como así fue, porque estaba todo por hacerse".

Cuarenta años después, consenso es la palabra más repetida entre quienes protagonizaron aquellas elecciones y abrieron el camino a una incipiente democracia amenazada aún por muchas sombras que se materializarían apenas cuatro años después en el intento de golpe de estado del 23-F. Por eso, la mayoría coincide en reclamar un reconocimiento del esfuerzo que se hizo entonces y creen injustas y simplistas las valoraciones actuales que cuestionan cómo se actuó en la Transición.

"Hay que ponerse en aquella época y recordar que el dictador murió en una cama, y que la democracia y la libertad no llegaron como resultado de una revolución, ni de la toma de las calles ni de los palacios por parte del pueblo español, no, no, no, llegó como consecuencia de un esfuerzo de generosidad de las fuerzas políticas de entonces, que las actuales generaciones tendrían que valorar y reconocer", sostiene Juan Barranco.

"El dilema entre ruptura y reforma en realidad no fue tal", añade Ramón Tamames, porque técnicamente en la situación en la que estaba España la ruptura era imposible y la inmensa mayoría no era partidaria de la ruptura sino del pacto. Fue un pacto entre las dos orillas para superar las dos Españas y llegar a una reconciliación, y eso estuvo muy bien hecho. No queremos que nos lo agradezcan pero sí pienso que ahora hay visiones muy oportunistas sobre la Transición, sobre todo de los populistas, Pablo Iglesias habla del candado del 78, otros han dicho que la izquierda, el PCE o los socialistas, se vendieron al pacto con los socialistas de antaño, eso es una solemne necedad. Ésta es la primera Constitución que hemos hecho en España con consenso".

También Soledad Becerril cree que ése fue el principal acierto de entonces: "El paso de una dictadura a una democracia sin ruptura, sin revolución, y sobre todo de manera acordada, no digo que todo se hizo perfectamente pero todo se hizo bastante bien", mientras Mayor Zaragoza considera "aleccionador poner la moviola, revisar aquella época, comprobar cuáles eran los inmensos obstáculos que había y sin embargo cómo se fueron resolviendo los grandes problemas porque había personas en todos los partidos con capacidad de encontrarse y de llegar a pactos como los de la Moncloa. Debemos preguntarnos por qué esto se logró entonces y ahora es tan difícil".

José Manuel García Margallo responde a esta pregunta asegurando que "se pactó porque todos teníamos muchas ganas de acertar y pusimos en marcha eso que se llamaba el consenso y que haríamos bien en recuperar. Ponerse en el lugar del otro, entender las razones del otro y hacer concesiones recíprocas, para conseguir un objetivo mayor, la reconciliación, la recuperación de libertades y el reencuentro de España con Europa y el mundo, eso, si no le parece demasiado grandilocuente, eso se llama patriotismo, poner los intereses de España por encima de los intereses de tu partido o los intereses personales, y eso es lo que entonces hicimos".

García Margallo logró en las elecciones del 15-J del 77 el único escaño en liza por Melilla en las listas de la UCD. / BEA POLO

"Era tanto lo que nos jugábamos que todos tuvimos claro que había que garantizar que en España iba a haber democracia ya para siempre para que las nuevas generaciones no tuvieran que sufrir lo que sufrimos en los años terribles del plomo", remacha Juan Barranco. Y unos éramos de izquierdas, otros de derechas, unos creyentes, otros éramos agnósticos o eran ateos, unos luchamos contra la dictadura y estuvimos detenidos, otros convivieron pacíficamente con el franquismo, pero por encima de esas diferencias que reconocíamos, nosotros pusimos la voluntad de acordar para garantizar que la democracia y la libertad fueran irreversibles".

Pero ¿se debió hacer más?, ¿se pudo hacer más? ¿hay todavía asuntos pendientes de los grandes retos que se abordaron entonces y se plasmaron en la Constitución?

"Dicen que el ruido de sables nos impidió avanzar todo lo que hubiéramos querido, no es verdad, ¿en qué deberíamos haber avanzado más? Los grandes problemas históricos de España, el problema militar, el religioso, el social y hasta el problema regional se encauzaron entonces, otra cosa es que algunos de ellos no hayan salido bien", señala José Manuel García Margallo que apunta a la cuestión territorial como lo único que, en su opinión, no tuvo la mejor resolución. "El verdadero problema era o la singularización o la generalización de las autonomías, es decir, o abrir un régimen específico para aquellas nacionalidades históricas que más habían reivindicado el derecho de autonomía o generalizar, hablamos de lo que en aquella terminología era la tabla de quesos o el café para todos y escogimos el café para todos, y probablemente no fue la mejor solución".

También Federico Mayor Zaragoza cree que la cuestión territorial se debió abordar de otro modo, avanzando hacia un modelo federal o confederal. "Se debió hacer lo que quería el presidente Suárez y los demócratas pero no se pudo porque había demasiadas resistencias. Dígame dónde hay un modelo similar al de las autonomías, en ningún lado, y que conste que ha funcionado bien, porque acercar la administración a la gente ha permitido a España pegar un salto formidable, pero desde el punto de vista de gobernación o desde un punto de vista político, deberíamos haber ido a un sistema confederal o federal, y las soluciones son políticas siempre y no judiciales, lo eran entonces y lo son ahora", señala en referencia al actual desafío independentista en Cataluña.

Donde hay consenso es a la hora de valorar el salto que dio España en la restitución de los derechos y libertades. "Se restablecieron todas y pronto se plasmaron en leyes que garantizaron uno de los marcos más avanzados a nivel europeo", explica Carlota Bustelo que, sin embargo, cree que cuarenta años después sí sería necesario reformar la Constitución para incluir en ella los derechos que la mujer ha ido conquistando en estos años.

Soledad Becerril cree que aún resta lograr en España un pacto educativo que logre dar estabilidad al sistema y un avance en la España autonómica que evite la reforma constante de los Estatutos. Y Juan Barranco recuerda que aún hay que trabajar en construir y preservar la Memoria Histórica: "No puede ser, no es justo que siga habiendo cadáveres en las cunetas, que los perdedores de la guerra sigan sin ver reconocidos sus derechos. Yo creo que cuarenta años después de aquellas elecciones de 1977 en este país deberíamos ser capaces de cerrar aquella página con una gran generosidad para quienes sufrieron la posguerra y los años de plomo en este país.

En lo que todos coinciden es en que el marco constitucional sigue siendo esencialmente válido pero no inamovible, puede y deber mejorarse. "La del 78 es una gran Constitución, ojalá dure muchos años", señala Soledad Becerril. "La democracia es imperfecta siempre pero permite la reforma constante y la reforma pacífica, es una de las grandes ventajas de la democracia frente a otros sistemas inmutables e intocables. Quedan cosas por hacer pero el esquema está, los mimbres están hechos y siempre será un sistema perfectible".

"Como científico recomiendo la evolución, cuando no hay evolución llega la revolución y siempre va acompañada de violencia, eso no es bueno, lo que hay que hacer es saber evolucionar, es decir, conservar lo que debe conservarse y cambiar lo que debe cambiarse, y eso hay que seguir haciéndolo ahora porque los derechos, a la vez que se conquistan se pueden perder si no se protegen", asegura Federico Mayor Zaragoza, que apunta a los nuevos grandes retos de la actualidad, el mediombiental o el tecnológico.

"El traje constitucional era bueno, el paño estupendo, pero se nos ha quedado estrecho porque el país ha ensanchado. Había un tratadista que decía que el mundo avanza al galope y las constituciones avanzan al paso, hay que actualizar ese pacto social para preservarlo. Se necesita un consenso y se necesita saber muy bien de qué podemos discutir y de qué no".

"No hay que hacer borrón y cuenta nueva, ese esfuerzo ya se hizo hace cuarenta años, lo que sí se puede hacer es perfeccionarla. El título décimo de la Constitución prevé su reforma, si se reúnen los votos y se quiere reformar, adelante, pero hay que reunir esos votos y dos tercios del Congreso no lo convierten en una operación fácil, salvo que sean cosas muy naturales y muy lógicas y no políticamente controvertidas", advierte Ramón Tamames.

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