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Sin/Sense Frontera: el sello agroalimentario antiboicot

El proyecto da visibilidad a productores que viven en Cataluña, pero muy cerca de Aragón, o viceversa

Vino espumoso, chocolate, aceite y miel mitad catalanes, mitad aragoneses. /

La tensión política derivada del procés ha contagiado a muchos ámbitos de la sociedad española, incluido el gastronómico. Pero frente a la desunión del boicot al cava —que en realidad surgió en 2004, tras unas declaraciones de Carod Rovira sobre la candidatura olímpica de Madrid 2012—, también han aparecido propuestas que reman en la otra dirección: la del respeto, el afecto y la concordia.

Desde un local que a mediodía era una casa de cocidos, pero que por la noche se transformaba en restaurante catalán, hasta el elogio a las croquetas que surgió en pleno fragor de una batalla tuitera entre cocineros, pasando por la comida de hermanamiento en la Plaza Mayor de Madrid a la que, en noviembre de 2017, acudieron 60 figuras destacadas de la política, la cultura y la comunicación, como Manuela Carmena, Joan Manel Serrat, El Gran Wyoming o Àngels Barceló.

El último ejemplo es la marca Sin/Sense Frontera, creada por un grupo de creativos de la agencia de publicidad MRM // McCann. Un encargo de la revista Tapas que empezó siendo una forma original de felicitar la Navidad y que ha acabado teniendo vida propia. Los protagonistas, en este caso, son un grupo de productores agroalimentarios que viven en Cataluña, pero muy cerca de Aragón, o viceversa.

"Queríamos mandar un mensaje de reconcicliación a través de la comida. No confrontación, sí conciliación", explica Flavio Jiménez, uno de los impulsores de la idea. "Empezamos comprando 300 botellas de cava y hemos acabado creando una web de e-commerce en la que se puede comprar vino, miel o chocolate".

Clientes y productores

También han llevado a cabo varias acciones sobre el terreno, instando a clientes de tiendas o restaurantes a decantarse por productos etiquetados como 100 % españoles o 100 % catalanes, pero que, en realidad, estaban hecho a ambos lados y contaban con una segunda etiqueta (escondida) de Sin/Sense Frontera.

Ana Galindo, de Miel la Galinda, con sede en Mequinenza (Zaragoza), asegura que en uno de sus tarros puede haber miel de abejas catalanas y aragonesas. "La mayoría de las colmenas las tenemos en Mequinenza, pero en verano las llevamos a L'Hospitalet del Infant (Tarragona) porque se cargan más", explica.

Galindo, que se muestra especialmente orgullosa de su miel de cerezo, cuenta que al estar "en mitad de aquí y de allá" tienen multitud de clientes catalanes y aragoneses y que nunca han sufrido boicot ni han tenido "ningún problema". Un relato muy común, pero que raramente reflejan los titulares de prensa.

Xavier Alanyà, vicepresidente de la bodega cooperativa Celler Batea, situado en la provincia de Tarragona, pero a solo 7 kilómetros de Aragón, tiene una historia parecida. Él mismo, de hecho, cuenta con tres hectáreas de viñedo al otro lado de la frontera y asegura que tampoco había sido víctima del boicot, aunque reconoce que hubiese sido difícil notarlo porque el grueso de su producción de vino espumoso de la Terra Alta se vende en Cataluña o fuera de España.

A este viticultor catalán le parece bien la iniciativa de Sin/Sense Frontera, pero explica que en un primer momento prefirió que el nombre de la empresa no apareciese por ningún lado para evitar "líos".

Los vecinos de Batea siempre han mantenido excelentes relaciones con pueblos vecinos pertenecientes a la provincia de Zaragoza, como Maella o Nonaspe, pero el pueblo vivió un pequeño momento de gloria mediática cuando su alcalde, para protestar contra ciertas decisiones del Govern de Puigdemont, decidió plantear la posibilidad de convocar un referéndum para anexionarse a Aragón.

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