Martes, 18 de Enero de 2022

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Entrevista Abraham Bengio

"La ultraderecha antisemita crece porque se está olvidando el Holocausto"

Pintadas fascistas en más de 80 tumbas de un cementerio judío. Insultos antisemitas contra un filósofo en una manifestación de "chalecos amarillos". Doce personas asesinadas en los últimos años sólo por el hecho de ser judías. Algo está pasando en Francia, donde el odio a los judíos ha reaparecido con una intensidad preocupante.

Abraham Bengio, director del Centro Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, en un momento de la entrevista en Casa Sefarad

Abraham Bengio, director del Centro Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, en un momento de la entrevista en Casa Sefarad / Rafa Panadero

Abraham Bengio es Catedrático de Letras clásicas, ex alto funcionario del ministerio de cultura, escritor, historiador, ex director del Instituto Francés Madrid. Hoy preside la Comisión cultura de LICRA, la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, una institución de referencia en Francia. Visita Madrid invitado por Casa Sefarad.

Algunos analistas señalan el año 2000, coincidiendo con la segunda Intifada en Palestina, como el momento en que los actos antisemitas en Francia volvieron a coger fuerza ¿Coincide en ese análisis?

La fecha sí la comparto. La causa, no. Sería demasiado sencillo. Han pasado 60 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el trauma del Holocausto se empieza a olvidar. Ese sentimiento ya no está, se ha acabado ese efecto sedante. Quedan pocos supervivientes de aquello, y a los jóvenes les suena igual que Napoleón o de Luis XIV, a un hecho histórico. Por eso la ultraderecha ha vuelto a levantar la cabeza, hay un antisemitismo de ultraderecha creciente en toda Europa.

Pero en Francia los actos de antisemitismo sí están siendo más notables

No es un fenómeno francés, eso quisiera yo. Lo vemos en Polonia, Hungría, en el Partido Laborista británico, en Brasil, en Italia. En muchos sitios. Pero Francia es el país de la Unión Euroepa con la mayor concentración de judíos. Hay 500.000, es la tercera comunidad del mundo por detrás de EEUU e Israel. Eso se nota.

Al margen de eso ¿no hay nada especial en la sociedad francesa que esté generando ese rechazo a los judíos?

Todos los factores cuentan. Existe también una ultraizquierda francesa, movimientos que han remplazado el concepto de clase social por el de raza, porque el proletariado ya no existe. Hay una gran paradoja, es el racismo antirracista.

Sugiere entonces que el antisemitisno en Francia es un sentimiendo compartido por las dos ideologías más extremas

En la ultraizquierda hay quien piensa que un judío es forzosamente un sionista, y un sionista es forzosamente partidario de Netanyahu. O se asimila a los judíos con los ricos, algo que no es correcto. Esto hace que haya también un antisemitismo de izquierdas.

En cuanto a la ultraderecha, el padre de Marie Lepen es un antisemita visceral y rabioso. Le han condenado muchas veces pero le da igual; paga la multa y reincide. Su hija es más hábil y sabe que no puede hacer eso, incluso ha intentado acercarse a la comunidad judía diciendo que ellos son los mejores para protegerles pero no ha funcionado muy bien.

¿Cómo está reaccionando el resto de la clase política francesa?

Han reaccionado muy tarde. En tiempos de Jospin era muy difícil admitir que víctimas de racismo, como los musulmanes, podían a su vez convertirse en racistas. No cuadraba con una visión del mundo progresista y no querían verlo, barrían debajo de la alfombra y costó muchos años volver a admitir que había antisemitismo en Francia y que había que reaccionar.

Ahora por fin lo han hecho. Desde la derecha con Sarkozy, desde la izquierda con Hollande, y desde el centro con Macron. Todos han sido irreprochables, aunque no siempre tengan éxito con sus medidas. En Francia no se puede hablar de racismo de Estado, como sí ocurren en otras partes de Europa del Este, o en la América de Trump, por ejemplo, donde el racismo viene de arriba.

Más allá de los grandes ataques e incluso asesinatos ¿hay también otro tipo de acoso a ciudadanos de a pie?

Lo que sale en primera es lo que impresiona: asesinatos, mujeres judías violadas ante sus maridos, profanaciones en los cementerios con cruces gamadas en las tumbas… Lo que no sale, y es lo que más daño hace, es por ejemplo lo que hace que los niños en los suburbios ya no puedan ir a la escuela pública. No por los profesores, sino por lo compañeros de clase que les insultan y les hacen la vida imposible. Los padres intentan mudarse de barrio, irse al centro, y no siempre es fácil por las condiciones económicas. Hay también una emigración judía que deja el país, gente que ya no cree que la República Francesa pueda protegerles.

Desde fuera ha llamado mucho la atención el sentimiento antisemita que se ha visto en algunas manifestaciones del movimiento de los “chalecos amarillos”

Cuando eran muy numerosos los “chalecos amarillos” tenían apoyo mayoritario de la población francesa. Había simpatía por su causa y sus reivindicaciones. Su maldición es la de no querer tener líderes, representantes que hablen por ellos y marquen la dirección. Al principio iban contra el precio de los carburantes, la vida demasiado cara, se sentían abandonados en los pueblos pequeños… Se podía discutir sobre todo eso.

Pero el movimiento eran tan heterogéneo y hubo tantos actos violentos, que hoy el movimiento se ha quedado en unos 20.000 ó 30.000, que son los más radicales, con simpatías hacia Lepen o hacia la ultraizquierda. Es duro decirlo sin parecer elitista pero es gente que no ha leído un periódico en su vida, sólo se informa por Internet, por las webs de complots y confabulaciones donde la ideología antisemita sale por todas partes.

Ha mencionado a varios países europeos pero deja fuera a España

La situación aquí no es muy distinta a la de otros países europeos, con la diferencia de que aquí no se ha visto la sombra de un judío durante siglos, desde la expulsión. Pero sí hay también un antisemitismo de la ultraizquierda basado en el odio al Estado de Israel. No lo entiendo. Uno puede ser acérrimo enemigo de la política de Trump y no ser tachado de antiamericano. A mí puede no gustarme Netanyahu, pero no por ello soy antisionista, porque eso es poner en duda el Estado de Israel, cualquiera que sea su frontera. Eso aún es difícil de explicar en España.

¿Puede hacer algo la Unión Europea?

Totalmente. La prioridad es la lucha contra el odio en Internet. Hay que darse cuenta de que en Internet, con el anonimato, puedes decir lo que te dé la gana. Hay que luchar contra eso y hay que hacerlo de un modo global, a nivel europeo.

¿Confía en que la situación pueda mejorar a corto plazo?

Es muy difícil hacer previsiones, pero soy moderadamente optimista porque aunque tarde, ha habido reacción de toda la clase política y hay armas para poder luchar. También hay una cuestión de fondo, los problemas económicos y sociales por los que atraviesa Europa. Si los arreglamos, habremos dado un gran paso adelante para resolver esta situación.

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