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Domingo, 15 de Septiembre de 2019

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Cómo ahorrarse el alojamiento en vacaciones: así funciona el 'house sitting'

¿Sacarías a pasear a un perro de Nueva York a cambio de poder usar su apartamento?.

Mally (i), Dan (2i) y sus respectivas parejas, alrededor de la mascota. /

Internet ha revolucionado nuestra forma de viajar: nos movemos en coche compartido, buscamos billetes baratos desde el móvil y hasta hay quien duerme gratis en el sofá de un desconocido. Pero lo último en turismo low cost es el house sitting. Literalmente, "cuidado de casas" que, por norma general, también incluyen una mascota (o varias). En las webs especializadas abundan las ofertas.

Un ejemplo real: Arlin y Kacy son artistas, viven en Brooklyn y del 14 al 24 de julio se van de vacaciones por lo que buscan a alguien que cuide de Caju, un bulldog francés al que hay que sacar a pasear un par de veces al día. A cambio ofrecen su "soleado apartamento", por lo que el candidato elegido (ya se han postulados unos cuantos) podrá disfrutar de Nueva York sin pagar alojamiento.

"Si te gustan los animales, me parece la mejor manera de viajar", explica la periodista Carla Llamas (La maleta de Carla). "En Singapur estuve cuidando de un gatito en Navidad y Nochevieja y fue una experiencia superchula. Yo procuro escoger gatos porque me apaño bien y porque además es fácil. Lo dejas por la mañana, te vas a hacer turismo y, hasta por la noche, nada".

En realidad sí puede haber un pequeño gasto: la comisión de la web. Pero la tarifa varía en función del proveedor. En TrustedHousesitters, la web que recomienda Carla Llamas, es de 89 euros al año, "pero con usarla una sola vez, ya te sale a cuenta", explica. Hay muchas más: en Nomador se puede optar gratuitamente a tres servicios o pagar una cuota trimestral de 25 euros. Y para quien busque solo en Australia, HappyHouseSitters ofrece una tarifa mensual de 15 euros.

Gatetes y animales de granja

Llamas explica que "también hay gente que te deja caballos o cabras". Al hacer una búsqueda en cualquier de las webs de house sitting, de hecho, se puede filtrar por fecha, por país y también por tipo de animal: perros, gatos, peces, pájaros, cerdos vietnamitas, reptiles... ¡o ninguno! Hay quien simplemente cede su casa para que alguien se encargue del mantenimiento de la piscina o para no dejarla vacía.

El 'house sitting' es ideal para practicar turismo 'slow'. / MALLY BLANCO

La variedad es realmente llamativa. Angela Laws, portavoz de TrustedHousesitters, explica que, en lo que a mascotas se refiere, han visto de todo: desde un petauro de azúcar (marsupial parecido a un hamster) hasta un ajolote (anfibio en peligro de extinción), pasando por una granja de llamas. Y también casas de todo tipo: castillos, viviendas flotantes...

Pero optar a una casa es solo el primer paso porque el dueño suele tener la oportunidad de elegir entre varios candidatos y lo normal es que, antes de tomar su decisión, consulte opiniones de otros usuarios, repase su experiencia en cuidados e incluso proponga una entrevista por videoconferencia.

"Para alguien que viaja de forma esporádica es complicado coincidir en fechas, pero si estás de año sabático, lo haces coincidir y está muy bien", añade la periodista catalana. Por eso muchos usuarios alternan el house sitting con otros sistemas como el couch surfing o el home exchange (intercambio de casas).

Es el caso de Mally Blanco, quien descubrió el house sitting hace apenas 10 meses y ya ha cuidado nueve casas —la mayoría, en Francia— y a más de 50 animales diferentes: perros, gatos, conejos, gallinas, patos, peces, ocas, caballos, pájaros...

Mucho más que casa gratis

"No te alojas gratuitamente en una casa", explica Blanco. "Lo pagas con otro tipo de moneda diferente al dinero: ofreces tu tiempo, tu dedicación, tus conocimientos, habilidades, creatividad, esfuerzo, cariño… A cambio recibes alojamiento gratuito, pero también la posibilidad de disfrutar de una sensación de hogar allá donde vas, con el amor incondicional, la diversión y la ternura que aportan las mascotas".

Los defensores del house sitting le ven muchas virtudes porque, además, de ahorrarse los gastos por alojamiento, la mascota puede seguir en casa y sus dueños pueden viajar tranquilos ("sus plantas regadas, su correspondencia recogida, su casa segura"), evitando además la contratación de un cuidador profesional o la reserva de un hotel para mascotas. "Es un trueque donde, sin que haya dinero de por medio, todos ganamos mucho", sentencia Mally Blanco.

En su primera experiencia como house sitter tuvo que cuidar de dos gatos, pero en los últimos meses también ha aprendido a meter gallinas en un corral o a cepillar a un caballo: "Para mí, que medito, es un precioso ejercicio de relajación".

Los house sitters no se dedican solo al cuidado de los animales, por supuesto. "Nosotros intentamos que haya un equilibrio entre el tiempo de ocio y el de trabajo", explica. "Primero vemos qué responsabilidades tenemos en la casa y, a partir de ahí, lo encajamos con otras actividades laborales —"ejerzo de psicóloga y, cuando viajamos, realizo las sesiones vía on line"— o de ocio: deporte, lectura, turismo... Lo mejor del house sitting es que cada día es una aventura".

¿Quién le deja su casa a un extraño?

Dan es un treintañero inglés que se dedica a dirigir "procesos financieros de riesgo" y hace dos años decidió apostar por una vida sostenible y en contacto directo con la naturaleza. Desde entonces vive con su pareja en una casa off grid (no conectada a la red eléctrica) situada a las afueras de Ginestar (Tarragona) y, después de que unos amigos les hablaran del house sitting, decidieron probarlo.

De hecho, cuando vivían en la ciudad, ya solían pedirle a algún conocido que cuidara de su mascota. Pero, ¿no da un poco de miedo dejarle tu casa y tus animales a un extraño? "Al principio, sí", reconoce. "Pero primero consultas el perfil de los sitters en la web, lees los comentarios que han dejado otras personas, como en TripAdvisor, y luego conoces a la gente por correo electrónico y Skype".

Su primera experiencia —con Mally y su pareja como house sitters, por cierto "fue buenísima". Tanto que han acabado haciéndose amigos y este año van a repetir. "Nos encontramos la casa más limpia que cuando la dejamos y hasta nos hicieron una cena cuando volvimos. Además todos los animales estaban bien. Creo que el perro tenía envidia porque vino con nosotros", comenta medio en broma.

ORIGEN BRITÁNICO, INSPIRACIÓN GALLEGA

Andy Peck, el fundador de la web británica TrustedHouseSitters, decidió dejarlo todo y apostar por el proyecto después de sobrevivir a dos experiencias cercanas a la muerte. La primera, durante un trekking entre Bolivia y Chile: sufrió mal de altura y el hospital más cercano estaba a 18 horas. Se salvó por los pelos. La segunda, durante un viaje a Tailandia en el que le diagnosticaron el Síndrome de Guillain Barré (una enfermedad autoinmune que puede anular la movilidad de todos los músculos del cuerpo).

Tras recibir cuidados intensivos en Bangkok y leer sobre el efecto curativo de los animales, consiguió trabajo como guardés de una lujosa villa gallega en la que, además de escribir dos guiones de cine, compartió mucho teimpo con el perro del dueño: Dave. Esa experiencia se convirtió en la semilla de TrustedHouseSitters. Un proyecto creado en 2010 del que ya se han beneficiado 177.000 mascotas de 130 países.

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