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Lunes, 26 de Agosto de 2019

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El abrazo que Woodstock hizo eterno, 50 años después

La pareja que protagonizó la portada del disco primer del festival ha seguido unida desde entonces y ha regresado a la pradera sobre la que fueron fotografiados para repetir aquella imagen. Ya con canas, pero el mismo abrazo

A la derecha, Bobbi Kelly y Nick Ercoline en 1969, en el festival de Woodstock. A la izquierda, la pareja medio siglo después. /

En el ángulo corto, el mayor ejercicio de resistencia pareció ser el de los 50.000 que aguantaron hasta la salida de Jimi Hendrix. El guitarrista actuó a las 9:30 de la mañana, tras una noche entera de fiesta, porque, aunque la organización quiso poner su concierto en el 'prime time' de las 12 de la noche, su representante insistió en que debía cerrar el festival. Para entonces solo quedaban en pie los más valientes. En el ángulo largo, la mayor muestra de resistencia, o de amor, tal vez es que lo uno tiene una relación necesaria con lo otro, fue su historia. Ellos dos. Bobbi Kelly y Nick Ercoline, que se habían conocido dos meses antes y que con su abrazo entre bolsas de plástico y cuerpos tumbados pintaron la portada del disco recopilatorio de aquel festival que cambió la historia de la música. Woodstock quedó para siempre unido a su abrazo, representado por él, que 50 años después se ha repetido sobre aquella pradera.

El más de medio millón de personas que acudieron al festival lo hicieron también abrazados. A millón y medio de razones. Los sesenta marcaban la segunda década prodigiosa en cuanto al crecimiento económico, dando a la población algo que proteger, empujando en la dirección de los derechos y, parido el progreso, se parió también la rabia. La guerra de Vietnam, mayo del 68, la carrera armamentística de la Guerra Fría y los jóvenes que se levantaron contra ellas. La efervescencia bullía en todas direcciones, pero no siempre las mejores razones alumbran las mejores historias. Bobby y Nick solo fueron a Woodstck, en la línea del espíritu de protesta reinante, por fastidiar (y porque las entradas eran baratas).

"En la televisión dijeron que si tenías planes de ir a Woodstock, mejor no lo hicieras porque la carretera estaba cerrada. Así decidimos ir. Teníamos 20 años y, si a esa edad te dicen que no hagas algo, por supuesto que lo haces", explica Nick en Life and Style. A la entrada del festival una enorme fila de coches impedía la circulación y de ahí que los medios de comunicación avisaran del colapso, pero no les importó. En realidad Woodstock fue así, como su decisión, un despliegue de improvisación que pudo acabar en desastre pero cuajó en leyenda. De hecho, Woodstock ni siquiera fue en Woodstock, porque los habitantes de este pueblecito de Nueva York no quisieron aceptarlo y el festival de música y arte fue a parar a Bethel, condado de Sullivan.

La otra historia, la de esta pareja, había comenzado poco antes de acudir allí. A Bobbi, que entonces tenía 19 años, la dejó plantada un chico. La cambió por un viaje a la playa. E incluso en la época de la filosofía de paz y amor, el plantón le pareció un varapalo insuperable. Sin embargo fue el trampolín a Nick. Nick, compañero de trabajo de su ex, camarero, decidió consolar a Bobbi. La invitó al cine, a un trozo de pizza y a la eternidad, sin saberlo, de la portada de un disco. Del desamor surgió una semilla que regaron en alcohol en el festival de Woodstock dos meses después.

Allí, después de los Who y de Janis Joplin, después de que hubieran corrido tres días, creen, el domingo, el fotógrafo Burk Uzzle paseaba buscando una instantánea. Los dos jóvenes se besaban y abrazaban, protegidos por una manta del frío de la mañana. Uzzle, cámara indiscreta, tomó la foto y esta acabó estampada en la portada del disco.

Medio siglo después, sobre el verde donde yacían los resacosos y ellos se besaban, Nick y Bobbi han vuelto a abrazarse. Esta vez eran conscientes de la foto. Y todo había cambiado sin hacerlo. Los rizos de él se volvieron pelo lacio y blanco, la melena de ella clarea en el cogote. "Somos el abuelo y la abuela. En el mundo sigue habiendo guerras, es como si no hubiéramos aprendido nada", declaran a la revista Time. 

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