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Sábado, 22 de Febrero de 2020

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Por qué no debemos nunca beber ni cocinar con agua caliente del grifo

Ni para hacer infusiones ni para conseguir antes la ebullición en el fuego. Los especialistas lo desaconsejan

Cocinar con el agua caliente directamente del grifo no es buena idea.

Cocinar con el agua caliente directamente del grifo no es buena idea. / GETTY IMAGES

Hacerse una infusión directamente con el agua caliente que sale del grifo no es buena idea. Tampoco lo es utilizarla para acelerar el punto de ebullición en un cazo, olla o microondas. Si estamos en la cocina, lo recomendable es utilizar siempre el agua fría. “De entrada, y en general, es mejor hacerlo con agua fría y después calentarla con la cocina porque así uno ve lo que hace”, explica Joan Grimal, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

La razón es simple aunque llena de matices. Al pasar el agua caliente por la tubería arrastra partículas que no desaparecen al hervir el agua. Y las ingerimos. "Evidentemente, si se usa directamente el agua caliente del grifo, depende de la instalación que uno tenga en casa, es más fácil que arrastre elementos de sus tuberías", cuenta Grimal. Ahí reside una de las claves: el tipo de material del que estén hechas las tuberías de nuestra casa. 

Tuberías de plomo, las menos adecuadas 

Las tuberías pueden ser de plomo, hierro, cobre o distintos tipo de PVC. Si haces ahora una reforma, lo habitual es que las pongan de monocapa (PVC), un material más flexible y cómodo para hacer la instalación. Atrás quedaron el resto por distintas razones. Entre ellas, porque el plomo es más caro. 

Sabemos que el agua fría disuelve poco y el agua caliente disuelve más los componentes. Es una evidencia. Si en una casa hay tuberías de plomo, es más fácil disolver un poco de plomo en el agua si se hace con agua caliente. Si en la casa no hay tuberías de plomo, el impacto es menor, pero también existe. 

"El monómero de cloruro de vinilo tampoco es que sea bueno para salud. Se pueden disolver estos monómeros y si el agua está caliente se disolverán más. A base de pasar agua, se irán eliminando y habrá menos. Las tuberías de policloruro de vinilo o cobre son más inertes que las de plomo”, explica el científico. 

Las tuberías de plomo ya no se instalan en las casas. / GETTY IMAGES

Donde realmente se utiliza agua caliente es en la ducha o el baño. No es lo mismo porque no es habitual ingerirla durante el aseo. Los metales, en general, no entran en el cuerpo por la piel sino por ingestión.

Incidencia en la salud 

En EEUU es un verdadero problema porque la mayor parte de las tuberías son aún de plomo. No se han cambiado. "El plomo en el cuerpo produce muchos problemas de salud. Depende de la concentración que uno lleve. La normativa actual permite un máximo de 10 microgramos por litro. Si en una casa hay tuberías de plomo no es difícil llegar a esto. En EEUU, bajaron el nivel permitido de 25 a 10 y el resto de países lo ha seguido. Fue la recomendación de la Agencia de Protección de Medio Ambiente (EPA)", explica el químico Joan Grimalt. 

"¿Si utilizo agua caliente de mi casa me perjudicará para la salud? Depende de cómo sea tu casa. Si tienes instalación antigua con tuberías de plomo, tomarás más plomo y nuestro cuerpo no lo quiere para nada. Si es una casa moderna no habrá plomo", afirma. 

“¿Es malo? Depende. Ingerir metales por vías raras no es bueno”, insiste.

Vamos con prisas y nos hacemos un té con agua caliente directamente del grifo. ¿Cuáles son las consecuencias?. “Si las tuberías son de plomo mejor no hacerlo, si no lo son y a uno le da pereza calentar el agua, puede hacerlo pero que sepa que es menos sano a priori. Como medida profiláctica o sensata es mejor beber el agua fría y si la calientas que sea en un recipiente que está pensado para cocinar”, sostiene Grimalt.

¿Cómo actuar? 

Ante lo expuesto, parece claro cómo debemos actuar. "Lo recomendable es cocinar con agua fría que disuelve poco los monómeros del plástico y calentar en una olla que es un recipiente que está previsto para esto y, en la actualidad, son materiales inertes que disuelven poco los metales. Así, se controla mejor el proceso y se sabe mejor lo que se hace”, afirma. 

Como siempre el sentido común es el mejor aliado. "Tampoco hay que hacer una gran bola de esto. Depende de tu instalación y del número de veces que se haga lo de beber el agua caliente del grifo pero es mejor tener controlado lo que se come y lo que se bebe”, concluye con sensatez el científico. 

Cuando Madrid enfermó por el plomo de las tuberías 

En el Madrid del siglo XIX campaba a sus anchas el saturnismo, una enfermedad endémica provocada por la intoxicación del plomo. En esa época, las tuberías se ponían de plomo porque era un material más asequible y la minería del cobre estaba muy atrasada. El agua de la ciudad tenía poca cal por lo que se disolvía mucho plomo de las tuberías.

Lo primero que hicieron fue diagnosticar el problema y analizar las causas. Decidieron combatir la situación a nivel de potabilización. Optaron por añadir cal al agua. La razón es que al tener más cal se hace una capa de carbonato cálcico que aísla el agua del plomo por lo que la solubilidad del agua en plomo es menor. Las autoridades de la época lograron así disminuir la incidencia de la enfermedad hasta que desapareció. Sin problema de salud global en la actualidad por ese asunto, solo queda seguir las recomendaciones de los especialistas. Mejor que el agua salga fría de la cocina y luego se caliente por los métodos destinados a tal fin.

Reportaje de la Cadena SER. / CADENA SER

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