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Viernes, 29 de Mayo de 2020

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La desescalada complica aún más la conciliación familiar hasta septiembre: cuatro historias que lo demuestran

A medida que se reabren negocios y distintas actividades económicas, los empleados que no pueden trabajar desde casa vuelven a sus puestos presenciales mientras los niños no volverán al colegio previsiblemente hasta septiembre ¿Cómo se concilia cuando ni siquiera los abuelos pueden ocuparse de los más pequeños?

Diego, que no ha podido teletrabajar durante el estado de alarma, con su hijo de 3 años en casa

Diego, que no ha podido teletrabajar durante el estado de alarma, con su hijo de 3 años en casa / CADENA SER

Cuando Pedro Sánchez detalló el plan de desescalada, la batería de medidas era tal que fue complicado seguir qué se podría hacer y en qué momento. Entre esa maraña de etapas y nuevos permisos, cuando llegó a fase 2 apuntó que el Gobierno era "consciente de los problemas de conciliación" que se podían presentar en muchas familias y abría la posibilidad de que los niños de 0 a 6 años pudieran acudir a centros habilitados en los casos en los que los progenitores acreditaran que tienen que realizar un trabajo presencial sin posibilidad de flexibilización. Rápidamente muchos padres hicieron cuentas y calcularon que, si todo va bien, el 25 de mayo ya entrará alguna comunidad en fase 2. El Ministerio de Educación ponía esta propuesta sobre la mesa pero este jueves la mayoría de las comunidades la rechazaron y la medida se ha vuelto a quedar en el aire. Así que, a unos días de que la apertura de los centros se hiciera efectiva, los padres siguen sin saber qué pasará finalmente.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda que no se abran las guarderías hasta que no esté totalmente controlada la pandemia porque consideran que es complicado que los más pequeños sigan las recomendaciones sanitarias. Los profesores coinciden con la AEP. Conocen la dificultad de sobrellevar esta situación y recuerdan que los colegios no son lugares para dejar a los niños mientras los adultos hacen otras cosas, sino mucho más. Mientras, las familias se debaten entre el miedo a que sus hijos se relacionen con otros y la imposibilidad de trabajar.

Cuando el teletrabajo no es una opción

Diego y Sandra viven en Logroño y tienen un hijo de 3 años. Él trabaja en una administración de fincas y no le han permitido teletrabajar en ningún momento porque sus jefes "no se fiaban mucho". Ella, en una peluquería que volvió a abrir el lunes pasado: "Tengo reducción de jornada pero estos días, con el caos de la lista de espera, me ha tocado pringar más. No nos ha quedado otra que dejar al niño con mi padre, que a su vez está de baja en sus trabajo por ser persona de riesgo. Tiene unos problemas respiratorios, no son graves, pero por si acaso le han dado la baja. Con mi suegra no se puede quedar porque acaba de pasar una leucemia", explica.

Sandra con su hijo de 3 años en su casa de Logroño / CADENA SER

Sandra ha estado en ERTE y su intención era seguir porque no tenían con quien dejar al niño pero todo se complicó: "Somos tres empleadas en la peluquería. Yo soy la mano derecha de la jefa y la otra compañera está de baja por maternidad, así que su sustituta se acaba de incorporar y mi jefa me necesitaba para poder sacar la labor". Trabajando solo por las tardes para no coincidir con su pareja no llegaba a cubrir las horas así que tuvieron que llamar al abuelo. No saben qué harán cuando él también se tenga que incorporar al trabajo.

"El virus ha puesto ahora contra las cuerdas al sistema de conciliación español ya de por sí frágil y sustentado por la familia. Una familia a la que no se puede acudir en estas circunstancias. Una familia que no puede ayudarse con abuelos y nietos recluidos en distintos domicilios. ¿Y ahora qué? El Estado debe de dar una respuesta. Las empresas pueden acogerse a Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, pero, ¿y las familias? ¿A qué se acogen las familias? Están solas. Las familias no tienen nada a lo que aferrarse. Y con una carga emocional intensa tras dos meses de teletrabajo y crianza en el mejor de los casos, o desempleo y vulnerabilidad, en el peor", explica la periodista Maika Ávila, autora de Conciliaqué: del engaño de la conciliación al cambio real (Litera Libros, 2019).

Profesora y madre de una niña de 7 años

Paradójicamente, a Vanesa y Raúl les perjudicaría mucho la apertura de centros para niños de hasta 6 años. Ella da clase en 2º de Infantil (4 años) y, si finalmente abren los colegios el 25 de mayo, tendrá que incorporarse. Raúl, su marido, se dedica a la mensajería y no ha parado de trabajar en todo este tiempo. Tienen un niño de 3 años, que sí podría ir a la guardería aunque reconocen que les da "miedo" y otra niña de 7 que no tendrían con quien dejarla. "Los abuelos están trabajando y los otros son población de riesgo y viven en el pueblo", explican.

Los abuelos suele ser la primera opción pero no todo el mundo tiene esa posibilidad y ahora menos que nunca: son los más vulnerables de esta pandemia y los niños un foco claro. Su convivencia podría ser catastrófica. "Si la conciliación en nuestro país ya era complicada, ahora se está volviendo directamente insoportable. La cuestión es que no hay alternativa. Las familias se encuentran en un callejón sin salida. No hay luz. No hay soluciones. Antes de la crisis sanitaria, los abuelos, tíos, la familia, en definitiva, era el sostén. Ocupaban los huecos que el Estado no cubre por falta de inversión como ampliación de permisos por maternidad y paternidad, plazas de guarderías o atención temprana", critica la periodista Maika Ávila.

Vanesa también critica la utilización que se está haciendo una vez más de los colegios: "No se puede concebir que los centros escolares se entiendan como un aparcaniños, tenemos un valor mucho más importante. Entiendo que los padres tenan que volver a trabajar, pero creo que no es el mejor momento para que los niños se incorporen a los centros, sobre todo los pequeños que son los que más dependencia tienen del adulto y con los que es más difícil mantener una higiene correcta".

Autónomos endeudados "hasta las cejas"

Noe y Ángel con sus dos hijas / CADENA SER

Noe y Ángel son autónomos. Ella tiene una peluquería junto con una socia y él es pintor. Viven en un pueblo de Madrid y tienen dos hijas de 6 y 10 años que durante este tiempo han estado encantadas de estar con sus padres todo el día en casa. "El problema viene ahora mi marido empieza a trabajar la semana que viene. Este lunes empecé yo a trabajar y nos vamos apañando porque él todavía no trabaja al 100%. No sé qué haremos porque mis padres viven fuera y no tenemos ningún tipo de ayuda familiar. Tampoco puedo pagar a nadie para que las cuide, estamos endeudadas hasta las cejas", explica Noe, que recuerda que, como muchos otros autónomos, ha tenido que "seguir pagando el alquiler, seguros, IVAs y la Seguridad Social de los empleados de la peluquería sin facturar nada".

De momento, Noe y su socia mantienen el ERTE a sus empleados y están trabajando 12 horas al día. "Esto no se va a poder sostener durante mucho tiempo. Estoy trabajando como una burra, estoy desatendiendo a mis hijas y no estoy cobrando nada. Voy a tener que abandonar el negocio si esto sigue mucho tiempo", lamenta.

Madre soltera por elección de dos bebés

Tras separarse, Paloma decidió tener un hijo sola. En realidad, quería tener dos y, como la edad apremiaba, el segundo nació en diciembre, con menos de dos años de diferencia del primero. Sabía que iba a ser duro criar a dos niños tan pequeños sola pero lo que no esperaba es que una epidemia le confinara en casa con los dos tanto tiempo. El estado de alarma le pilló acabando la baja de maternidad y durante este tiempo ha agotado también todo el permiso de lactancia. El lunes pasado tuvo que incorporarse al trabajo desde casa: "Teletrabajar con dos niños tan pequeños es totalmente incompatible. He entrado alguna vez con los dos y se lía. Afortunadamente, me han dado mucha flexibilidad y lo que hago es trabajar de noche, cuando mis hijos duermen. Me conecto sobre las 22.30 y estoy hasta las 3 de la madrugada o así. Ni siquiera llego a cubrir mis horas pero no puedo hacer otra cosa", cuenta por teléfono mientras se escuchan los gritos de un niño de fondo. Confiesa que la sensación que tiene ahora es de no llegar a nada, de hacer todo a medias: "Mis jefas han sido extraordinariamente comprensivas conmigo pero también es cierto que estoy empezando... Además, entiendo que lo que no hago yo, se lo cargan mis compañeros a las espaldas. Estoy especialmente a disgusto con esta situación".

En cualquier caso, Paloma se siente una privilegiada porque es funcionaria: "Tengo el estrés del conflicto con mi jefa y de no hacer mi trabajo en condiciones, pero no tengo la presión del despido. Tengo una seguridad económica y laboral importante y una red familiar también muy importante, amigos… pero hay madres solas que están completamente solas. Por eso es tan importante que se apruebe la ley de familas monoparentales porque ahora mismo es muy escasa la ayuda desde la administración a nuestro modelo de familia y depende mucho de la comunidad donde vivas". Ella de momento confía en que cuando tenga que volver a trabajar presencialmente ya hayan reabierto las guarderías y espera sobrevivir al teletrabajo este tiempo: "Me gusta meterme en berenjenales y tengo dos que me vuelven loca".

España, a la cola en inversión en familia

Esta situación ha puesta de manifiesto -una vez más- la necesidad de medidas que faciliten la conciliación. "España arrastra un déficit histórico de inversión en familia. Mientras que en aspectos de protección social como prestación por desempleo o pensiones estamos a un nivel similar que otros países de la Unión Europea, en materia de familia estamos a la cola. Solo por detrás de Grecia. España es el segundo país de la Unión Europea que menos invierte en infancia y familia. El Estado solo destina el 0,7% del PIB mientras que la media comunitaria se sitúa en más del doble, el 1,7, según datos de la Oficina Estadística Europea (Eurostat)", detalla la periodista Maika Ávila.

Pocas horas después de conocer que los centros escolares no abrirán hasta septiembre con toda probabilidad, la Asociación Yo No Renuncio lanzó una petición en Change.org para exigir al Gobierno medidas urgentes ante esta situación "insostenible" y proponen algunas como la reducción de la jornada sin pérdida salarial o una ayuda retributiva para la contratación de personal para aquellas familias en que todos los progenitores trabajen fuera de casa.

La imagen que ilustra la petición en Change.org / CLUB DE MALASMADRES

En el caso de las familias monoparentales, todavía se hace más necesario que haya legislación que les proteja. En algunas comunidades autónomas se les reconocen los mismos derechos que a familias numerosas pero en otras muchas todavía no. Paloma considera que "hay un componente religioso y sexista a la hora de decidir qué familias sí tienen ayudas y cuáles no" y recuerda que, aunque no sea su caso, "la inmensa mayoría de familias monomarentales están en una situación muy difícil ahora. Son familias muy vulnerables, con trabajos inestables y salarios bastente precarios. Las ayudas por parte de la administración como becas, reducción de tasas, etc., es a diferencia entre llegar o no llegar a fin de mes. Si se reconocen otros modelos familiares quiero que el mío también se tenga en cuenta".

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