Domingo, 20 de Septiembre de 2020

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¿Debería estar prohibido que los periodistas compartan sus opiniones políticas en Twitter?

El nuevo director de la BBC propone que sus periodistas no puedan opinar sobre política en redes sociales

La libertad de expresión es un derecho fundamental, pero que puede llegar a perjudicar a la empresa

El difícil equilibrio entre la libertad de expresión de los periodistas y el derecho de un medio de comunicación a controlar su propia imagen.

El difícil equilibrio entre la libertad de expresión de los periodistas y el derecho de un medio de comunicación a controlar su propia imagen. / GETTY

¿Es lícito que un periodista —estando vinculado a un medio de comunicación— publique opiniones políticas en sus redes sociales? ¿Compromete eso al medio en el que trabaja? El debate no es nuevo y, sin embargo, sigue abierto. Esta semana el nuevo director de la BBC ha propuesto que los empleados de la corporación británica no puedan mostrar opiniones políticas en sus redes sociales porque eso pone en riesgo la reputación de imparcialidad de la empresa pública.

"Si quieres ser un columnista de opinión o un activista en redes sociales, me parece una opción muy válida, pero no deberías estar trabajando en la BBC", ha asegurado Tim Davie, este jueves, en su primer discurso dirigido a los empleados.

Las intenciones de alguien tan relevante en el mundo del periodismo han vuelto a avivar un debate complejo, con muchos intereses enfrentados y en el que lo ético no siempre coincide con lo que sí es legal. Por eso hemos acudido a cuatro expertos en ética periodística, gestión de medios y redes sociales: Álex Grijelmo, Lyuba Yez, Sonia Blanco y Miguel Ángel Quintana.

¿Libertad total?

"La libertad de expresión es un derecho fundamental, y por tanto no me parece posible prohibir a nadie legalmente que use las redes sociales y diga en ellas lo que le parezca", explica el director de la Escuela de Periodismo de El PaísÁlex Grijelmo. "Ahora bien, el ejercicio de ese derecho puede tener consecuencias de imagen para el propio usuario y para la empresa que lo contrata, a cuya marca se asocia indefectiblemente cuando se trata de un periodista".

"Un redactor tiene derecho a expresarse, pero si su trabajo consiste en elaborar noticias neutrales en un medio independiente (sobre todo si es público) perjudicará a su propio prestigio y al de su empresa cuando publique en las redes ataques subjetivos a personajes públicos, falsedades, excesos verbales y otras manifestaciones de falta de ética o de profesionalidad. Y también si expresa sus propias ideas políticas, porque con ello condicionará la percepción de sus noticias y les retirará la presunción de neutralidad", añade Grijelmo.

¿Y si lo que importa es la transparencia?

Lyuba Yez, experta en Ética de las Comunicaciones y profesora de la Universidad Católica de Chile, señala que mientras algunos medios sugieren no publicar opiniones en redes —como ha hecho el director de la BBC—, otros no ponen impedimentos para evitar acusaciones de censura e incluso algunos periodistas, "sobre todo en medio anglosajones", abogan por mostrar su posición política en pro de la transparencia. "Eso lo agradece la audiencia porque sabe desde dónde viene la información", señala la periodista chilena.

"El periodismo no es una profesión cualquiera"

Partiendo de la base de que "ninguna empresa le debe prohibir a sus empleados expresar opiniones políticas", Sonia Blanco, periodista y profesora de la Universidad de Málaga especializada en redes sociales, argumenta que "el periodismo no es una profesión cualquiera" y que, en tanto en cuanto se trata de un medio público que debe aspirar a la imparcialidad, "la BBC no es un medio normal".

Blanco recuerda que hay profesiones en las que tampoco se pueden expresar opiniones políticas —los militares, por ejemplo— y apela a la responsabilidad de los periodistas que cuentan con miles de seguidores gracias a la visibilidad del medio para el que trabajan. "Tenemos que pensar que estamos representando a nuestro medio, nos guste o no", explica. "La típica coletilla de 'mis opiniones son mías' no vale para nada. Creo que la preocupación de la BBC es muy legítima. Si trabajas en comunicación de una compañía aérea, está claro que no te vas a poner a hablar de lo peligroso que es volar".

Ponerle puertas al campo

Distinta es la opinión de Miguel Ángel Quintana, profesor de Ética Periodística en la Universidad Europea Miguel de Cervantes (Valladolid), quien considera que el anuncio del nuevo director general de la BBC es "el enésimo intento de los medios de combatir una nueva situación en el sector de la comunicación, donde las redes sociales son su competencia y les están ganando la partida".

"¿Comprometen mis opiniones a la universidad? Es obvio que no", reflexiona el profesor. "Pero, si mis opiniones son solo mías, ¿cuál es diferencia entre hablar de política en una reunión con amigos, en una conferencia o en redes sociales?", se pregunta Quintana. "Lo de la BBC me parece un intento desesperado y no deja de ser curioso que precisamente un medio de comunicación recurra a una decisión que atenta contra la libertad de expresión". 

Posibles soluciones

Para Álex Grijelmo, que fue el director de la Agencia EFE (otro medio público) entre 2004 y 2012, "la mejor manera de resolver esa colisión de derechos consiste en establecer un pacto entre los representantes de la Redacción y sus directivos".

Grijelmo aboga por "la autorregulación ética de los medios" (a través de los libros de estilo y los estatutos de la Redacción) y, de hecho, él mismo ha predicado con el ejemplo. En su época al frente de la agencia se alcanzó un acuerdo con los representantes de los periodistas en la elaboración del Estatuto de la Redacción y del Libro de Estilo, y se aprobó una guía de uso en las redes que proponía crear perfiles profesionales, diferentes de los personales. Respecto a estos últimos, EFE pedía a sus empleados que no se identificaran como trabajadores de la empresa.

Lyuba Yez, de hecho, considera que la decisión del director de la BBC puede entenderse como un atentado a la libertad de expresión, pero lo cierto es que, desde su punto de vista, "es una medida de autorregulación".

Pero Quintana cree que la realidad ya ha descartado esa posible solución salomónica porque, por mucho que alguien no informe en su perfil del medio para el que trabaja, "cualquiera tarda tres segundos en averiguarlo en Google".

Quintana plantea otras salidas: "Ante la búsqueda de la imparcialidad hay dos soluciones: o todos callados, o que todos hablen en igualdad de condiciones. Igual el problema es que todos tus empleados reflejen una misma tendencia y, en ese caso, quizá habría que empezar a plantearse cuotas ideológicas".

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