Miércoles, 25 de Noviembre de 2020

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La hostelería, en peligro de extinción: restricciones, ayudas que no llegan y cierres definitivos

Hosteleros de diferentes partes de España cuentan cómo la pandemia de coronavirus está lastrando sus negocios y cómo han tenido que reinventarse para salir a flote

El bar Armando, de la ciudad de Logroño.

El bar Armando, de la ciudad de Logroño. / Cadena SER (Cadena SER)

La pandemia de coronavirus está dejando un reguero de muertes a su paso por todo el mundo, y una crisis imparable para la actividad económica de nuestro país. El sector mártir: la hostelería. Uno de los pilares fundamentales y al que más está perjudicando la recesión. Las restricciones impuestas a lo largo del territorio español para doblegar la curva de contagios y frenar la expansión del virus está lastrando las pocas esperanzas de los hosteleros, que ven como sus negocios se tambalean e incluso se ven abocados al cierre.

"Cuando parece que nos empezamos a recuperar en verano, nos vuelven a dar un varapalo en otoño con restricciones más severas e incluso el cierre durante un mes", lamenta un hostelero del casco antiguo de Bilbao, donde regenta un negocio de más de veinte años de trayectoria. El Gobierno vasco decretó este jueves el cierre de la actividad de bares y restaurantes durante un mes. Una medida que también se ha tomado en Navarra, Castilla y León, Galicia, Cataluña, Andalucía, Murcia o La Rioja, y que ha terminado con el negocio de muchas familias.

Antxon Martínez llevaba más de veinte años dejándose la vida por la hostelería, por un negocio familiar que está a punto de ver su final. "Teníamos ya dificultades y algunas deudas como consecuencia de la pandemia, que a pesar de estar cerrados teníamos que seguir pagando el alquiler, las facturas y suministros del local, y aún estamos esperando las ayudas que nos prometieron las administraciones. Pero con el corazón en el puño, vamos a decir adiós porque no es sostenible, y no vivimos tranquilos", comenta el dueño del bar Txiki.

Han cerrado ya 65.000 negocios hosteleros

En los últimos días hemos conocido los trágicos cierres de locales míticos con estrella michelín: El Ermitaño, A Fuego Negro, y el último tras siete meses de cierre temporal, el primer restaurante madrileño en conseguir tres estrellas michelín: Zalacaín. Y por este camino van cientos de negocios.

Desde la Asociación Hostelería de España notifican el cierre definitivo de 65.000 empresas y avisan: "Si no se aplican medidas con carácter de urgencia, antes del 31 de diciembre esa cifra puede convertirse en 100.000 empresas con cierre total". El secretario general, Emilio Gallego, califica la situación de "auténtico drama" y pide un esfuerzo a las administraciones para compatibilizar la actividad económica y la salud.

"El sector lo está pasando muy mal, hay serias dificultades del mantenimiento de las empresas y del empleo y si seguimos con una situación de cierres permanente y sin ayudas, el empleo quedará totalmente destruido", alerta Gallego, que añade: "Son cientos de miles de empleos y toda una cadena de valor de productores, agricultores, ganaderos, industria agroalimentaria, distribución, que dependen de la hostelería abierta".

Las ayudas que no llegan

Asimismo, el secretario general de Hostelería de España reclama que se destinen fondos y ayudas directas a las empresas con carácter de urgencia "que sujeten y sostengan los negocios". La realidad es que las ayudas ofrecidas a los hosteleros son insuficientes, algunas no llegan, e incluso muchas son denegadas.

"He hablado con el ayuntamiento a ver si nos ayudan en cuestión de urbanismo, porque nos han denegado las terrazas y todas las ayudas, y nos han dejado de la mano de dios como si fuéramos lo último de Logroño", critica la propietaria del bar Armando, Marian Landa, que asegura que solo las grandes empresas están recibiendo subvenciones, mientras que de los pequeños negocios "nadie se acuerda".

"Nos dijeron que nos iban a dar una ayuda en mayo y esa ayuda llegó solo para cuatro. Las autoridades dicen que por fue orden de llegada, pero, ¿me lo tengo que creer? Nos tienen abandonados y mucha gente el año que viene va a estar peor que ahora", asegura Marian con visible indignación.

El Gobierno riojano decretó el cierre de la hostelería en Logroño y Arnedo el pasado 27 de octubre durante un mes para frenar la expansión de contagios. Sin embargo, en una región pequeña como La Rioja, los ciudadanos aprovechan para desplazarse a otros municipios para tomar el vermú. "La gente se va los findes a otros pueblos cercanos y está la hostelería llena, y no tiene sentido. Si nos dejaran trabajar claro que se podría salvar la mayoría del sector", lamenta Marian.

"He tenido que reinventarme con pedidos a domicilio"

Esta hostelera compensó parte de las pérdidas de marzo con la llegada del verano, pues la situación fue muy buena y hubo mucho movimiento. "La gente estaba deseando comer mis tortillas", cuenta con entusiasmo, y es que el bar Armando cuenta con gran variedad de tortillas que hacen las delicias de los clientes. De hecho, Marian ha sido galardonada en varias ocasiones con premios a la mejor tortilla y de esta manera enfoca su negocio.

Sin embargo, con la llegada de las restricciones y el anuncio del cierre de la hostelería, las expectativas que tenía para reflotar la actividad se han quedado por el camino. Aunque no por ello Marian ha tirado la toalla, sino que ha decidido reinventarse con envíos a domicilios. "A pesar del cierre, he decidido seguir abierta con todo para llevar y voy funcionando. No para tirar cohetes, pero me voy defendiendo", explica la camarera, que ha decidido trabajar solo por las mañanas y adelantar por la tarde los pedidos a puerta cerrada para ganar tiempo.

La ventaja de Marian es que no tiene empleados a su cargo, por lo que no tuvo que pedir los ERTE ni tiene la preocupación añadida de sacarlos adelante, como sí le ocurre a Encarna x. "Yo soy una afortunada porque trabajo sola, pero me pongo en el lugar de mis compañeros de la calle Laurel y otros hosteleros, que tengan que mantener a sus empleados y no es sostenible, y así ha pasado que muchos han tenido que cerrar", lamenta Marian.

"Cuando cerré en marzo me dolió más por mis empleados que por mí"

La situación de Encarna es más frustrante, pues es propietaria de El Amanecer, un bar situado a las afueras de Valencia, y las restricciones le han caído como un jarro de agua fría. "Desde el principio he cumplido todas las medidas que han ido imponiendo, con las limitaciones de aforo, distanciamiento, atención en barra… Absolutamente todo conforme van cambiando, porque encima cada día sale una cosa nueva y te marean", comenta con aparente enfado.

Cuando comenzó el primer estado de alarma tuvo que hacer ERTE a tres de sus trabajadores, lo que resultó una agonía, pues asegura que al ser un bar pequeño los empleados son como su familia y se sentía responsable de la situación económica de sus familias. "Cuando cerré en marzo me dolió más por ellos que por mí, pero en verano desde el minuto uno los saqué de los ERTE e incluso contraté a otro empleado", explica. Como a Marian, en verano la situación económica mejoró, pero con el varapalo de las nuevas restricciones, el negocio se ve abocado a la incertidumbre.

"Por situación estresante me he llegado a plantear cerrar el negocio porque es insostenible y es un sector al que se está metiendo mucha caña, y por cuatro idiotas a los que deberían quitarle la licencia, nos está perjudicando", cuenta Encarna, en referencia a los locales que no cumplen las medidas de seguridad y son el hervidero perfecto para los contagios.

Sin embargo, ella asegura que cumple escrupulosamente todas las medias, hasta el punto de que, a veces, no puede estar cocinando, atendiendo, pendiente de que la gente cumpla la distancia o que no fume. Y aunque se ha planteado cerrar el negocio, no lo hace porque sería "dejar sin comida a tres familias y nuestros empleados somos una familia y sabes la historia de cada uno y digo si yo tengo que cerrar, la responsabilidad que tengo de qué va a pasar con ellos, es muy grande", relata.

La incertidumbre de Encarna es muy grande, pero reconoce que la empatía de sus clientes de siempre y la hospitalidad de los vecinos le dan fuerza para seguir adelante, sin plantear otras alternativas. "No me ha hecho falta, es muy complicado reinventar un bar de almuerzos, porque no puedes hacer un bar de telecalamares y no es lo mismo una casa de comidas que de almuerzos, porque los envíos a domicilio tienen unos costes que no va a pagar el cliente", asegura.

Los que siguen en ERTE

Roberto Gracia es el encargado del restaurante El Gracijo, en Zaragoza. En la comunidad autónoma de Aragón no se ha decretado el cese de la hostelería, aunque sí se ha adelantado su cierre a las 20:00 horas y supone una bajada de la producción considerable, por lo que muchos trabajadores como Roberto no pueden incorporarse a la plantilla.

"Sigo en ERTE desde marzo y mi empresa lo está pasando bastante mal", señala Roberto, que asegura que al ser un restaurante del camping municipal, la actividad es de cero y casi toda la plantilla sigue en ERTE hasta enero. Aunque después no sabe lo que pasará. La opción del ERE está sobre la mesa y la inseguridad por el futuro es muy grande.

"Nosotros trabajamos principalmente con turistas extranjeros y las pérdidas este verano han sido enormes. Piensa que no pudimos abrir en Semana Santa, nos hemos perdido bodas, comuniones, festivales de música…" cuenta Roberto. Este negocio no tiene tan fácil una vía para reinventarse y considera que la única alternativa que se pudo tomar fue la decisión de abrir en verano, aunque no con las expectativas de otros años.

Asimismo, asegura que la situación es la ruina y a la empresa le costará demasiado remontar. "Un festival de cuatro días deja una ganancia de unos 25.000 euros entre hospedaje y uso instalaciones. Imagínate si falla eso durante los tres meses de verano", expone.

"He perdido mi empleo y me tengo que ir de la ciudad"

El cierre de la hostelería en Cataluña afecta a más de 200.000 empleos. Justo cuando muchos trabajadores de la restauración empezaban a reflotar sus negocios se ven abocados a cerrar o pierden sus empleos. El estudiante Sergio Molina trabajaba para una franquicia en la céntrica calle de Las Ramblas de Barcelona. Llevaba cuatro años, desde que comenzó la universidad, para poder costearse el alquiler y la vida en esa ciudad. Estuvo en ERTE hasta junio, que volvió al bar, pero con el aumento de contagios y restricciones en septiembre le despidieron.

"Me da mucha pena por todo el sector y sobre todo por los propietarios, que yo al final puedo buscar trabajo en otros sitios, aunque tal y como está la cosa aquí tendré que volver a mi ciudad", cuenta Sergio, que, al no poder hacer frente a la situación económica, se ve obligado a dejar Barcelona y regresar a su ciudad natal, Cuenca.

La realidad es que más de un millón de españoles viven de la hostelería y miles de personas están viendo como sus negocios se desploman sin alternativas ante la situación de ruina de muchas familias. El secretario general de Hostelería de España recuerda que las restricciones hacen inviables la mayoría de los negocios. "No se pueden establecer restricciones sin ayudas directas al sector. Es como obligar a arruinarse a las empresas", lamenta Gallego.

Para revertir la situación, Gallego apuesta por medidas de protección, subsistencia y paliativas para que las empresas "puedan sobrevivir a esa travesía por el desierto que supone la crisis del COVID-19". "Las alternativas pasan por dar ayudas reales y directas a las empresas, pues de nada sirve proteger el empleo mediante ERTE si no se protegen las empresas. Muchos de esos trabajadores cuando vuelvan a las empresas, estas habrán desaparecido", sentencia.

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