Sábado, 28 de Noviembre de 2020

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Otros careos famosos en la historia reciente

Ese instrumento judicial sirve para determinar qué testigo o acusado es más fiable y este viernes se verán las caras el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz y su 'número dos' Francisco Martínez

Uno de los acusados por la muerte de Marta del Castillo, Miguel Carcaño, en una foto de archivo

Uno de los acusados por la muerte de Marta del Castillo, Miguel Carcaño, en una foto de archivo / EFE

Este viernes se celebra el Audiencia Nacional ordenado por el juez Manuel García Castellón un careo entre el exministro de Interior Jorge Fernández Díaz y su 'número dos' Francisco Martínez para tratar de esclarecer si el secretario de Estado de Seguridad informó al ministro de las actividades de la policía patriótica que pretendían buscar pruebas en el entorno del extesorero del partido popular Luis Bárcenas que pudiera incriminar aún más al partido.

El careo es un instrumento del derecho procesal penal que se utiliza normalmente para aclarar las contradicciones evidentes entre testigos o imputados del caso. Se hacen presencialmente, enfrentando a las dos personas cara a cara para que el juez o el tribunal aprecie una mayor firmeza en sus afirmaciones, observando cómo reaccionan a lo que dice el otro.

Su eficacia no está demostrada

En un recurso poco utilizado porque su eficacia no está demostrada cien por cien y porque, los careados suelen demostrar la misma firmeza e intensidad en sus afirmaciones como cuando declararon en solitario ante el juez o el tribunal.

Los careos se pueden llevar a cabo tanto en la fase de investigación como en el juicio oral, y depende de que el magistrado que instruye, o el que preside el órgano judicial, determine que es necesario para conocer la verdad.

Árbitro difícil

Lo habitual es que los careos comiencen con la lectura de las declaraciones que han hecho previamente y con las advertencias del juez a decir la verdad. Después el magistrado señala las contradicciones que existen y les pregunta si se ratifican en las mismas o si prefieren aclararlas.

No es fácil dirigir esta prueba al tratar de impedir que los convocados se insulten, se amenacen, se intimiden o traten de agredirse mutuamente.

Se trata, en definitiva, de medir la fiabilidad de los testigos. De hecho, el artículo 455 de la LeCrim lo deja bien claro: “No se practicarán careos sino cuando no fuere conocido otro modo de comprobar la existencia del delito o la culpabilidad de alguno de los procesados”.

Barrionuevo y los GAL

En el recuerdo de careos realizados en nuestro país, destacan los realizados, de forma inesperada en el caso por el secuestro de Segundo Marey, celebrado en el Tribunal Supremo en 1998.

El exministro de Interior José Barrionuevo tuvo que enfrentarse en un cara a cara con el que había su director general de seguridad, Julián Sancristóbal. Este último aseguraba que había informado al ministro de las acciones de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) mientras el titular de interior lo negaba. Barrionuevo fue condenado.

El caso de Marta del Castillo

Más cercano en el tiempo y dramático, en 2011, el careo que se produjo en el juicio contra Miguel Carcaño, acusado de la muerte y desaparición de Marta del Castillo, y su supuesto cómplice, Samuel, celebrado en la Audiencia Provincial de Sevilla. Durante cinco minutos se acusaron mutuamente sin que el tribunal pudiera determinar quién mentía con más firmeza, porque ambos lo hicieron.

Trama asturiana del 11-M

En enero 2005, el juez enfrenta a los principales actores de la trama asturiana que facilitó la dinamita a los terroristas de los atentados del 11 de marzo. Entonces el juez Juan del Olmo decidió convocar cinco careos para aclarar aspectos difusos de la trama delictiva que permitió a los terroristas del 11-M conseguir la dinamita para sembrar de muerte las vías por las que circulaban los trenes. El resultado de los careos permitió descartar la implicación de ETA o que la policía conociese con antelación los preparativos, pero se vivieron momentos de tensión entre los confidentes José Emilio Suárez Trashorras y Rafa Zouhier, ambos con un carácter fuerte, se fueron calentando hasta que, tras un intercambio de insultos, Trashorras se levantó de su silla con la intención de agredir a Zouhier. El policía que le custodiaba lo impidió, sujetándole por los hombros y obligándole a sentarse. El juez Juan del Olmo, ante la violencia de la situación y lo inútil del careo, decidió suspenderlo.

Jesús Gil y Julián Muñoz

Jesús Gil y su amigo entonces Julián Muñoz, quisieron retractarse de las acusaciones mutuas de corrupción que se intercambiaron en un programa de televisión pero les sirvió de poco. El juez apreció en ambos la misma falta de credibilidad.

Policía patriótica

Ahora el duelo compromete al exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y a su secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, quien asegura haber enviado mensajes al teléfono móvil del ministro, mientras éste lo niega. La ventaja de Martinez es que dejó ante notario la prueba de esos mensajes que ahora no conserva en su terminal porque ha cambiado de móvil.

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