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Oza-Cesuras, la fusión municipal que levanta ampollas una década después

Los vecinos de dos pequeñas ciudades extremeñas decidirán a través de un referéndum si desean fusionarse. En Oza-Cesuras, un ayuntamiento gallego donde se realizó este proceso sin ningún tipo de consulta popular, la división de opiniones continúa entre los vecinos

Oza-Cesuras

Con la que se ha liado en votaciones como la de Eurovisión o la de la reforma laboral, parece comprensible que el referéndum que está a punto de celebrarse en dos pueblos extremeños pase más inadvertido. Don Benito y Villanueva de la Serena celebrarán el próximo día 20 de febrero una consulta popular para decidir si fusionan los dos ayuntamientos o se mantienen cada uno por su lado. Las encuestas elaboradas por el diario HOY apuntan a que, de momento, el sí se impone al no. Pero, aunque ya se puede votar de manera anticipada, queda mucha campaña.

Don Benito y Villanueva de la Serena: todo a punto para formar el tercer municipio más poblado de Extremadura

Aunque el referéndum se celebrará el próximo 20 de febrero, ya está en marcha el voto anticipado.

Lo cierto es que el debate sobre la fusión de municipios lleva décadas planeando sobre el escenario político, pero rara vez consiguen llevarse a cabo. Las dos últimas fueron en Galicia y no estuvieron exentas de polémica. Una en el municipio pontevedrés de Cerdedo-Cotobade y otra en el coruñés de Oza-Cesuras. “Aprobamos el decreto de fusión voluntaria de los ayuntamientos de Oza y Cesuras. Una medida histórica por la que quiero felicitar a sus principales beneficiarios que son los vecinos del nuevo ayuntamiento de Galicia, Oza-Cesuras”, fueron las palabras que pronunció el presidente de la Xunta de Galicia en aquel ya lejano 2013. Por aquel entonces, en plena crisis económica y con unos presupuestos cada vez más mermados, el gobierno gallego decidió promover activamente este tipo de fusiones municipales. Así, lo que empezó con la idea de compartir una guardería entre Oza dos Ríos y Cesuras, acabó en la primera fusión municipal desde 1981, cuando se juntaron dos pequeños pueblos de Burgos.

“La gente en aquel momento estaba muy revolucionada”, recuerda una vecina. A los núcleos de Oza dos Ríos y Cesuras apenas los separan cinco quilómetros de distancia, pero el primero es más grande y transitado por su cercanía a la autovía A-6. A Cesuras, sin embargo, se llega a través de una carretera provincial que hay que tomar a propósito para llegar. Durante el proceso de fusión hubo protestas, manifestaciones y plenos municipales muy tensos que acabaron a gritos. Es más, el que era alcalde de Cesuras, Julián Lucas, dimitió en mitad del embrollo jurídico por “motivos personales” que, como se conoció más tarde, eran problemas con la justicia por una condena por estafa por actividades empresariales relacionadas con el sector inmobiliario. Aunque “se llevan bien”, la división entre los vecinos que estaban a favor y los que estaban en contra pervive casi diez años después. “La fusión fue buena a largo plazo”, justifica un vecino de Oza, “porque yo creo que muchos pueblos de la España vaciada necesitan unirse. Y Oza ha crecido algo”. Otro vecino añade más motivos a favor de la fusión: “A Oza vino la maquinaria que había en Cesuras. Allí están igual de atendidos y, a lo mejor se quejan, pero les arreglaron la carretera y el alcalde no menosprecia a nadie”. La corporación municipal divide su semana entre los días que pasan en el consistorio de Oza y los que pasan en el ya viejo consistorio de Cesuras. Y es que los vecinos de Oza no dudan en afirmar que la capital del ayuntamiento es Oza, no Cesuras.

Con la fusión Cesuras perdió porque se cerraron tiendas, se cerró el banco y se marchó gente de aquí

—  Amparo, vecina de Cesuras

La visión de los cesuranos es radicalmente diferente: “Con la fusión Cesuras perdió porque se cerraron tiendas, se cerró el banco, se marchó gente de aquí e incluso cuando hay ayudas o subvenciones se invierte más allí (en Oza dos Ríos) que aquí (en Cesuras). Mantienen el alumbrado, porque ya lo había, y la recogida de basuras”, cuenta Amparo que regento durante décadas el bar ‘O David’. A diferencia del caso de Don Benito y Villanueva de la Serena allí los vecinos no pudieron votar, fue un pacto entre alcaldes: “Eso apareció de la noche a la mañana, nos enteramos por la televisión”, relata Amparo, que también pronostica que si se hubiese votado “no hubiese salido adelante, porque había mucha gente en contra”. Tal vez, el hecho de no haber preguntado sea uno de los motivos por el que los recelos persisten una década después en Cesuras.

Según la Ley de Bases de Régimen Local, “el nuevo municipio resultante de la fusión no podrá segregarse hasta transcurridos diez años desde la adopción del convenio de fusión” y en Oza-Cesuras se cumplen el año que viene y Amparo no oculta sus deseos: “El pez grande se comió al chico. Y en este caso fue lo que pasó. Me encantaría que volviese a ser ayuntamiento de Cesuras”, concluye.

Justo la semana pasada la Xunta aprobó una partida de 73.000 euros para realizar una encuesta acerca de lo que opinan los gallegos sobre la fusión de municipios. Pero ya lo deberían saber: “non hai fronteiras”

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