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El día que los pilotos sí plantaron a la F1: esto fue lo que ocurrió un 23 de enero de 1982

A pesar de que el GP de Arabia Saudí sigue su curso, muchos de los integrantes de la parrilla habrían expresado su clara postura en contra de sentarse en el monoplaza este fin de semana tal y como ocurrió hace más de treinta años

Niki Lauda y el resto de pilotos en una sala compartiendo colchones

Lo vivido en la Fórmula 1 en las últimas horas es uno de los momentos más tensos que se recuerda. Durante los primeros libres en Jeddah ocurrió la tragedia. Varios misiles cayeron a apenas 20 kilómetros del circuito mientras los pilotos estaban haciendo sus tiempos en la sesión de preparación para la clasificación de hoy sembrando el desconcierto. Tras varias reuniones y la finalización de los segundos entrenamientos libres, la dirección de carrera ratificó el Gran Premio y anunció de viva voz que a pesar de lo sucedido todo seguía adelante gracias a un acuerdo "unánime", tal y como lo anunciaron. Pues bien, poco después se desmintió tras una reunión en la que participaron pilotos, jefes de equipo y hasta el director de la carrera durante más de tres horas de debate, en la que un sector importante del paddock se declaró en contra de correr el Gran Premio debido al miedo tras lo ocurrido.

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Una situación tensa como muy pocas veces se ha visto dentro de la Fórmula 1 que nos lleva directamente al 23 de enero de 1982. Hace treinta años, los pilotos se plantaron ante todas las autoridades y no se presentaron a la hora de la carrera en el Gran Premio de Sudáfrica después de no querer firmar un acuerdo relacionado con las superlicencias, en las que las condiciones no respetaban las condiciones de los pilotos. Fue tal la tensión y y el tira y afloja que hay fotografías de esos momentos que describen este hecho como uno de los más relevantes de la historia de este deporte.

Los pilotos protagonizan una huelga histórica

Antes de la temporada y como de costumbre, los pilotos firmaban el cuestionario correspondiente para tramitar su superlicencia y poder así competir durante la temporada. Mientras muchos de ellos lo firmaron alegremente sin apenas consultar lo que estaba escrito, Niki Lauda se detuvo en la letra pequeña que decía lo siguiente: «Estoy comprometido con el equipo anterior a conducir exclusivamente para ellos en el Campeonato Mundial de la FIA hasta el… .19…», en una de las cláusulas que privaba de libertad al piloto, siendo tratados como pura mercancía. A partir de aquí comenzó todo.

Los actores más importantes de esta historia, más allá de los propios pilotos, que se declararon en pie de guerra tras el descubrimiento de Lauda, son: Jean-Marie Balestre, presidente de la FISA (entonces el brazo de automovilismo de la FIA) y Bernie Ecclestone, presidente de FOCA (Asociación de constructores de la F1) y Didier Pironi, entonces presidente de la Asociación de Pilotos de Grand Prix. Todos ellos se dieron cuenta de la magnitud de lo ocurrido cuando la mayoría de los pilotos, excepto Jochen Mass, se montaron en un autobús que los llevó desde el circuito de Kyalami hasta el Sunnyside Park Hotel.

La actitud que se encontraron los pilotos fue muy agresiva. Las continuas amenazas por parte de los diferentes mandatarios de acabar con todos los contratos pusieron algo nerviosos a los pilotos más jóvenes, pero unidos se mantuvieron juntos y no se presentaron en el circuito, por lo que a la FIA no le quedó otra que posponer la carrera y comenzar a tramitar la suspensión de todas las licencias de los pilotos. Las imágenes de aquella noche en el hotel recorrieron el mundo, Niki Lauda en un alarde de unidad, plantó multitud de colchones en uno de los salones del hotel y se repartieron con dos pilotos por colchón, dejando una imagen para el recuerdo.

Ferrari 126C2, Grand Prix of South Africa, Kyalami, 23 January 1982. (Photo by Bernard Cahier/Getty Images) / Bernard Cahier

Batalla ganada frente a Ecclestone y Balestre

En medio de este parón en la F1, la presión ejercía sobre los hombres de los mandatarios de la F1 que tras hacerse pública esta manifestación debían salvaguardar el espectáculo como fuese. Fueron muy llamativas las imágenes de los mecánicos jugando a las cartas o haciendo carreras al no tener a los pilotos con los que trabajaban. Al día siguiente, Ecclestone y Balestre tuvieron que aflojar la cuerda y el viernes por la mañana se decidió que ganaban los pilotos. Tras una sesión clasificatoria rapidísima, cuya pole fue para el Renault de René Arnoux, algunos pilotos se encontraron problemas con sus jefes de equipo, aun rencorosos por todo lo que había pasado.

Finalmente, todo siguió su curso y a pesar de las múltiples amenazas por suspender a todos los pilotos que protagonizaron la huelga, llegó el GP de Brasil y se olvidó todo. Fue un ejemplo perfecto de cómo los pilotos de F1 pusieron en jaque al sistema y crearon un precedente, que estuvo a punto de cumplirse en la noche de ayer en el circuito de Jeddah.

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