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¿Qué tiene en común Gernika con Bucha y por qué la referencia de Volodomir Zelenski fue tan acertada?

El presidente ucraniano habló este martes ante el Congreso de los Diputados y apuntó que "estamos en abril de 2022 pero parece que estamos en abril de 1937, cuando todo el mundo escuchó hablar de Gernika"

Una fotografía del Museo de la Paz de Gernika / Museo de la Paz de Gernika

Madrid

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ya ha denunciado la situación que vive su país en distintos parlamentos de todo el mundo. Cuando habló ante el de EEUU, citó a Pearl Harbour, en Alemania habló del muro de Berlín, en Reino Unido citó a Shakespeare y a Churchill y este martes, en España, mencionó el bombardeo que Picasso hizo universal gracias a uno de sus cuadros más famosos: "Estamos en abril de 2022 pero parece que estamos en abril de 1937, cuando todo el mundo escuchó hablar de Gernika", dijo ante un Hemiciclo lleno.

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A partir de esa cita de Zelenski y cuando todos tenemos en mente la matanza de Bucha que muchos están intentando negar, conviene recuperar la historia de George Steer, un periodista que, junto a un grupo de corresponsales, estaba en Euskadi el 26 de abril del 37. Tuvieron que refugiarse en el cráter que dejó una bomba para evitar que les ametrallasen los aviones alemanes que venían de bombardear Gernika. Cuando llegó a Bilbao, al hotel Torrontegui, tuvo noticia del bombardeo. Así que fue a Gernika junto a otros colegas y contó lo que vio. Su crónica fue portada en The Times y The New York Times el día 28. Sus crónicas fueron las que leyó Picasso y de donde cuentan que se inspiró para el famoso cuadro.

Entonces pasó lo mismo que hoy. También había gente dispuesta a negar la verdad. En la crónica de George Steer se podía leer lo siguiente: "Gernika, la ciudad más antigua de los vascos y centro de su tradición cultural, fue destruida por completo ayer por la tarde en un ataque aéreo de la insurgencia". Esta era la clave: quién atacó. "Una poderosa flota de aviones que consistía en tres modelos alemanes, bombarderos Junkers y Heinkel, no cesó de arrojar sobre la ciudad unos artefactos que pesaban un máximo de 450 kilos. Los cazas, entretanto, descendían para acribillar con sus ametralladoras a la población civil". A Steer, por aquella crónica, la Gestapo le incluyó en su lista de delincuentes a los que perseguir. Alemania negó las acusaciones y lo hizo también, en varios telegramas, el mando franquista, que estaba en Salamanca.

Tras lo ocurrido, Steer también contestó en otra crónica en The Times: "La declaración publicada por Salamanca según la cual Gernika ha sido destruida por los rojos es absolutamente falsa. Personalmente hablé con más de 20 refugiados en los alrededores de la ciudad. Excepción hecha del número de aviones que la bombardearon, todas las declaraciones coinciden en todos sus detalles. [...] Un periodista recogió conmigo tres bombas, las tres alemanas, con fecha de 1936.... Yo estuve en Gernika hasta la una y media de la madrugada y en ninguna parte podía sentirse olor a petróleo... Una gran parte de Gernika no es un montón de cenizas, sino un montón de escombros". Quizá no fuera la primera pero fue su crónica la que señaló a Alemania, el que se quedó para hablar con los testigos y describió al mundo lo que vio en contraste con la propaganda franquista.

 
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