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Opinión

Ecologismo real

La sostenibilidad en el estilo de vida ¿no es ya un lujo al alcance de pocos, incluso un rasgo de distinción de clase?

Madrid

Qué fácil era ser ecologista cuando, de adolescente, soñaba con subirme a un barco de Greenpeace para salvar ballenas. Sin duda mucho más romántico que tener la cocina llena de cubos de basura de distintos colores.

Aunque a mi generación ya nos educaron para fiarlo todo a los pequeños gestos individuales, la verdad es que parece cada vez más difícil armonizar la preservación del medio ambiente, los intereses geopolíticos y las medidas de protección social.

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Las contradicciones del ecologismo se ven cuando se pone en práctica. Cada decisión que se toma tiene sus consecuencias, no siempre tan justas y verdes como parece. No hay más que recordar que las tierras raras, metales que llevan nuestros smartphones pero también las baterías eléctricas o los molinos de viento, están siendo la causa de infinidad de conflictos en el mundo.

Un ejemplo más cercano lo tenemos en lo que se está haciendo para acabar con la contaminación en grandes ciudades. En Barcelona, por ejemplo, se decidió impedir la entrada de coches antiguos lo que acaba siendo una carga más para quien no puede permitirse uno nuevo.

La sostenibilidad en el estilo de vida ¿no es ya un lujo al alcance de pocos, incluso un rasgo de distinción de clase? Sin una perspectiva social, incluso un movimiento tan noble y necesario como éste puede acabar, de nuevo, perjudicando a los de siempre.

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