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El Quebrantahuesos RC, subcampeón de la liga aragonesa de rugby

Perdía la final con el USJ Fénix por un ajustado 31-40 y jugará la fase de ascenso a División de Honor B

El equipo del Quebrantahuesos no pudo ser campeón pero luchará por el ascenso / Pere Ramoneda

Se disputó en el campo de rugby de los Sotos de Monzón la final de la liga regional aragonesa entre el Quebrantahuesos Rugby Club, líder de la fase regular y el USJ fénix, filial del club zaragozano con equipos en varias divisiones territoriales y en División de Honor B nacional. El partido se prometía de alto octanaje, con victorias contundentes en ambos casos en las semifinales y con dos equipos que llevaban la plantilla al completo para llevarse el gato al agua o “emporter la pièce”, en la segunda lengua oficial del partido.

En una tarde soleada y un ambiente espectacular, al que quizás le faltó un poco de representación oficial para una final de campeonato disputado en una población periférica de Aragón, los asistentes calentaron motores con una bienvenida al equipo local digna de una final, incluyendo el ya tradicional pasillo de bienvenida.

El Fénix parecía más concentrado en la preparación al partido, mientras que el QRC, cosa habitual en él, entró frío al partido. Los visitantes, activaron su línea de “trois-quarts”, en su mayoría procedentes de la colaboración entre el club zaragozano y la Universidad de San Jorge, y en menos de 20 minutos encarrilaron la victoria con dos ensayos (Jon Labat, min 6, Marius Ortega, min 17).

La cosa pintaba mal para el Quebrantahuesos, el primer golpe dio la impresión de haberlos noqueado, pero este equipo tiene cositas, una de ellas la capacidad de levantarse y seguir luchando. Poco a poco los locales recuperaron balón y la entrada de Mike “Daeneris” Ferrando (min 24, cambio por lesión) puso un plus de potencia física en los contactos que aupó al QRC a una remontada imposible minutos atrás (min 36, 14-14).

El USJ Fénix no sabía parar la ola naranja y tuvo que recurrir a indisciplinas merecedoras de tarjeta amarilla, que acabó dejando al equipo con 13 jugadores temporalmente. En un partido con tantos matices, este momento fue uno de los puntos de inflexión, en vez de aprovechar la oportunidad y golpear de nuevo al Fénix con sus mejores armas (una vez más la melé fue imperial, y la combinación touch-maul estuvo a niveles de liga nacional), fallos en la toma de decisiones y errores no forzados dieron alas a un Fénix que con dos jugadores menos consiguió una vez más ensayar en juego abierto, de la mano de monsieur Marius Ortega, “arriere” blanquiazul.

El primer tiempo acababa con un ajustado 14-21 y con la sensación de haber dejado escapar medio título. No obstante, aún quedaban capítulos por escribir de esta apasionante novela.

De la mano de la delantera y de la conservación de balón, los locales fueron incrementando la presión sobre el contrario y avanzando metros hasta golpear de nuevo y adelantarse en el marcador (min 53, 24-21). El Quebranta estaba de nuevo metido en el partido, pero seguía concediendo regalos al contrario en forma de balones adelantados o momentos de indisciplina, que obligaban a remar contracorriente y perder metros de forma dramática aun llevando la iniciativa del partido. El Fénix movía banquillo y los jugadores de refresco dieron un plus para facilitar dos ensayos de delantera en otro momento crucial, nada más pasar el ecuador del segundo tiempo (min 61, 24 -33). Nueve puntos parecían una distancia insalvable pero una vez más el Quebranta obró el milagro, y gracias a un buen trabajo coral, “il senatore” Palacín consiguió mayoría parlamentaria y plantó su voto oval en zona de marca “bleu”. Ángel seguía haciendo las delicias con su guante en forma de pie y el quebranta se quedaba a tiro de piedra (min 65 31-33). Al Fénix le quedaba un último as en la manga, en el intercambio de golpes se sentía cómodo, con un equipo con más profundidad de banquillo y más acostumbrado a partidos de guante negro. Un ensayo del ala Florin Laplace (min 68) puso las cosas más cuesta arriba al Quebranta, que sin gasolina y enredado en mil peleas acabó ahogándose en la orilla (final 31-40).

En conclusión, fue un partido más que digno para una final de liga regional, donde se vio rugby de calidad y en el que los dos equipos tuvieron sus opciones y se vieron exigidos por un contrario que quiso en todo momento ganar el partido. Partidos de los que hacen afición, y que mantienen el orgullo intacto tanto de aquellos que pierden como la satisfacción de los que ganan.

El final de fiesta se aderezó con un choripán a la pomarola que fue la delicia de los asistentes y de la mano de DJ Rose selecta la noche se hizo corta, muy corta. Ya contamos los minutos para el inicio de la siguiente temporada, a bien seguro llena de momentos gloriosos para este pequeño club de provincias, que sigue remando contracorriente en un entorno en el que parece que el rugby es más una molestia que un medio para generar espacios inclusivos, de trabajo en equipo y de respeto por el medioambiente, como lo es el Quebrantahuesos Rugby Club.

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