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¿Por qué hay alimentos que influyen en cómo nos sentimos?

El hambre emocional, los ultraprocesados y la culpa influyen en nuestra relación con la comida

¿Por qué hay alimentos que influyen en cómo nos sentimos?

La alimentación no solo nutre el cuerpo, también influye directamente en cómo nos sentimos. Existe una conexión entre comida, emociones y comportamiento alimentario desde una perspectiva psiconutricional. Así lo explican la nutricionista Marga Martín y la psicóloga Sofía Ruiz.

Ambas profesionales coinciden en que la relación entre lo que comemos y nuestro estado de ánimo es directa y bidireccional. Por un lado, los alimentos pueden influir en cómo nos sentimos; por otro, nuestras emociones condicionan qué comemos, cuándo y por qué. Por eso, es esencial aprender a diferenciar los distintos tipos de hambre, especialmente el hambre real del hambre emocional, una distinción clave que se trabaja habitualmente en consulta.

El hambre emocional no responde a una necesidad fisiológica, sino a un estado emocional concreto. Identificarlo es el primer paso para poder gestionarlo adecuadamente. Cuando este tipo de hambre aparece, no basta con abordarlo solo desde la nutrición ya que también requiere un trabajo psicológico que ayude a entender qué hay detrás de ese impulso.

Desde el ámbito de la psicología, es fundamental analizar qué está ocurriendo emocionalmente en el momento en el que surge el deseo de comer sin hambre. Escuchar al cuerpo y tomar conciencia de las emociones permite dejar de actuar por impulso y empezar a tomar decisiones más conscientes.

¿Por qué apetecen los ultraprocesados en momentos de tensión o aburrimiento?

Es frecuente que el antojo de alimentos ultraprocesados y ricos en azúcares suela aparecer en momentos de ansiedad, estrés o aburrimiento. Estos productos, cargados de aditivos, favorecen una ingesta más compulsiva y no aportan una saciedad duradera. Frente a ellos, hay que priorizar el consumo proteínas e hidratos de carbono de calidad, que ayudan a mantener la saciedad durante más tiempo.

El chocolate es un gran protagonista en este tipo de momentos. Es porque es un alimento que estimula la liberación de serotonina y dopamina, neurotransmisores relacionados con la felicidad y el placer, lo que genera una recompensa inmediata a nivel cerebral. Sin embargo, este efecto es breve y puede dar lugar posteriormente a sentimientos de culpa, malestar o incomprensión hacia uno mismo, una dinámica que ambas profesionales describieron como una "relación tóxica" con la comida.

Aun así, ambas profesionales insisten en no demonizar ningún alimento. Hay que trabajar en una relación sana y flexible con la comida, basada en la consciencia y no en la culpa. Comer algo placentero de forma puntual y consciente no supone un problema. El conflicto aparece cuando la conducta se repite de manera compulsiva y sin reflexión.