La gran obra que llevó la luz a Madrid y transformó la Serranía de Cuenca
Un documental revive el centenario del salto de Villalba de la Sierra, una infraestructura clave de la energía hidroeléctrica
El salto de Villalba de la Sierra: cien años de agua, luz y vida comunitaria
Cuenca
El agua del río Júcar, la piedra de la Serranía de Cuenca y el ingenio humano confluyen en una de las obras hidráulicas más singulares del territorio: el salto hidroeléctrico de Villalba de la Sierra. Cien años después de su construcción, un nuevo documental recupera su historia desde una mirada que va más allá de la ingeniería.
Realizado por Vestal Etnografía junto al Ayuntamiento de Villalba de la Sierra y la Diputación de Cuenca, el trabajo audiovisual conmemora el centenario de una infraestructura clave para la historia de la electricidad en España y, sobre todo, para la vida social del municipio.
Un relato que pone el foco en las personas que habitaron y dieron sentido a aquel poblado levantado en un entorno tan abrupto como excepcional.
Vista aérea del Salto de Villalba (Cuenca).
Entender el tiempo y el territorio
El documental nace con la voluntad de detenerse en el tiempo. La obra aborda el salto como “parte fundamental de la historia de la energía”, sin perder de vista “el impacto social que tuvo en Villalba y el desafío para la ingeniería de la época”, como explica Tirso Moreno, de Vestal Etnografía en el espacio de radio La memoria de la tierra que emitimos en Hoy por Hoy Cuenca.
La pieza propone una lectura integral de esta infraestructura, entendida como un hito técnico en una orografía “completamente abrupta”, pero también como un motor de transformación social que marcó un antes y un después en la vida del pueblo.
El canal del Salto de Villalba corta el paisaje de la Serranía de Cuenca.
Una obra faraónica
El salto de Villalba de la Sierra se concibió para abastecer de electricidad al crecimiento imparable de Madrid. Su emplazamiento no fue casual: desde el Ventano del Diablo se llevaría la electricidad hasta el embalse de Bolarque, ya operativo desde 1910. El desnivel del terreno permitía aprovechar la fuerza del agua, pero la dificultad era enorme.
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“Estamos hablando de una de las zonas más inaccesibles de nuestro territorio”, señala Moreno. La solución exigió un despliegue de ingenio sin precedentes, con la participación de figuras clave de la ingeniería como Manuel Lorenzo Pardo o Juan Lázaro Urra, y de la Sociedad Anónima Eléctrica de Castilla como empresa ejecutora. En la construcción trabajaron operarios llegados de toda España.
El resultado fue una infraestructura de gran complejidad: un embalse, un canal de 20 kilómetros, túneles, acueductos y sifones que convierten al conjunto en una obra “absolutamente digna de los faraones de Egipto”.
Central hidroeléctrica de Villalba de la Sierra (Cuenca). / José María Coronado Tordesillas. Aplicación GOING. Asociación Caminos.
Embalse de la Toba
El recorrido del agua comienza en el embalse de la Toba, donde se represa por primera vez el río Júcar. “La previsión era casi de tres veces más de lo que es ahora”, recuerda Moreno, ya que el proyecto inicial contemplaba 35 hectómetros cúbicos que finalmente quedaron reducidos a 9,7.
Desde allí parte el canal hacia la laguna de Uña, convertida en un segundo embalse completamente represado y con mayor capacidad que en su estado original. A partir de este punto, el trazado ya a través de un canal entra en su tramo más espectacular, salvando los grandes cortados del Júcar mediante túneles y acueductos.
Royo Frío-Archivo familiar de Francisco José Rodríguez Martí.
Royo Frío
Uno de los elementos más singulares es el sifón de Rollo Frío, una estructura doble de 70 metros de altura. “No solo es un acueducto, sino que tienen que ser dos”, explica Moreno, “ya que en aquella época seguían descendiendo maderadas por el río y fue necesario habilitar un paso metálico superior”. Una solución única que hoy se considera una de las grandes obras del país.
El recorrido culmina en el depósito de carga, frente al Ventano del Diablo, desde donde el agua desciende hacia las turbinas que generan la electricidad.
El canal hacia el Salto de Villalba en el sifón de Royo Frío.
El poblado
Más allá de la infraestructura, el documental se centra en el impacto humano del salto. “Es la parte fundamental en la que nos centramos”, afirma Moreno. La construcción dio lugar a un auténtico poblado, con viviendas, servicios y una casa de dirección inaugurada en julio de 1926 por el rey Alfonso XIII, quien incluso pernoctó allí.
El relato cobra vida a través de los testimonios de quienes crecieron en ese entorno. José Luis Molina, uno de los protagonistas, recuerda: “Yo nací en el depósito, 35 años viviendo allí”. Su familia habitaba la estructura situada sobre el poblado, un lugar clave para la regulación del agua. “Bajábamos al colegio y luego subíamos otra vez”, relata, describiendo una rutina marcada por la distancia y el desnivel.
Laguna de Uña (Cuenca).
La memoria cotidiana
Eulalia, vecina de Villalba, aporta contexto sobre la relación entre el pueblo y la central. “La mayoría de los vecinos del pueblo eran obreros del salto. Iban y venían andando, entonces no había coche”, recuerda. En los años sesenta llegaron a trabajar allí 149 personas, una cifra que da cuenta de la relevancia económica y social de la instalación.
Algunos datos resultan especialmente reveladores: “La luz llegó antes que el agua potable”, subraya Moreno, lo que situó a Villalba en una posición avanzada respecto a otros territorios de la época.
Maite y Alfredo, de las últimas generaciones que estudiaron en la escuela del salto, evocan una infancia marcada por la vida comunitaria. “Vivíamos literalmente en la calle… era como una familia”, cuentan. El poblado contaba con jardinería, carpintería, oficinas, gallineros, piscinas, un cura y un maestro. “Un auténtico pueblo, en un sitio único”.
Revalorizar el enclave
El año 2026 se plantea como una oportunidad para mirar de nuevo a este enclave. “Es un buen momento para revalorizar este museo natural”, señala Moreno, un espacio donde “el agua y la piedra juegan desde millones de años hasta el presente más reciente” y donde la central hidroeléctrica sigue activa.
El Ayuntamiento de Villalba de la Sierra trabaja en una agenda de actividades conmemorativas en la que Vestal Etnografía espera participar, con el objetivo de comprender el territorio y generar nuevas oportunidades en un punto estratégico de la Serranía.
Cien años después, el salto de Villalba de la Sierra continúa produciendo electricidad y memoria. El agua sigue su curso, pero ahora también arrastra las voces de quienes hicieron de aquel paisaje abrupto su hogar.
Paco Auñón
Director y presentador del programa Hoy por Hoy...Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado su carrera profesional en la SER