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La memoria de la artesanía del esparto resiste al olvido en un pueblo de Cuenca

Julián Ballesteros mantiene viva esta tradición en Cuevas de Velasco con un enfoque etnográfico ligado al medio rural

El esparto revive en Cuevas de Velasco gracias a Julián Ballesteros

El esparto revive en Cuevas de Velasco gracias a Julián Ballesteros

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Cuenca

En el porche de una casa con patio de Cuevas de Velasco, en el municipio de Villar y Velasco, en la provincia de Cuenca, el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Allí, entre herramientas, manojos de fibra vegetal y objetos tejidos a mano, Julián Ballesteros mantiene viva una tradición que durante siglos formó parte de la vida cotidiana rural: el trabajo con esparto.

Ingeniero de formación y comercial durante toda su vida laboral, Ballesteros encontró tras la jubilación un camino de regreso a sus raíces. Hoy, entre Valencia y su pueblo natal, dedica su tiempo a una artesanía que habla de memoria, paisaje y comunidad.

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El regreso al origen

“Este sitio es mi lugar en el mundo”, afirma Julián Ballesteros mientras nos muestra su casa en Cuevas de Velasco.

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Aunque reside en Mislata, en la ciudad de Valencia, siempre que puede regresa a este rincón conquense donde conserva no solo una vivienda, sino también una forma de vida. Ese vínculo con el territorio se traduce también en sus actividades diarias: huerto, colmenas y, sobre todo, el esparto.

Tras una vida laboral alejada del campo, “soy ingeniero mecánico, pero he trabajado toda mi vida de comercial de productos dentales”, nos cuenta, “la jubilación me abrió la puerta a recuperar saberes tradicionales”.

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Un material ligado a la tierra

El esparto ha sido durante generaciones un recurso fundamental en zonas rurales. “Es un producto que se ha utilizado toda la vida para múltiples funciones en la agricultura”, recuerda Ballesteros. Sin embargo, la irrupción de los plásticos y los cambios en los modos de vida provocaron su declive. Hoy, su presencia se limita en gran medida a la decoración y a usos puntuales.

Antes, en cambio, formaba parte del día a día: “Se utilizaban serones, cestas, la cincha de los burros, espuertas…”. La desaparición de las caballerías y la mecanización del campo han hecho innecesarios muchos de estos objetos.

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Del campo al taller

El proceso comienza en el monte. “El esparto se recoge en verano, en julio, cuando hace mucho calor”, explica. Se arranca de las “atochas”, las plantas silvestres donde crece, generalmente en terrenos pobres.

Una vez recogido, el material requiere preparación. “Hay que dejarlo secar unos 20 días, luego meterlo en agua y después machacarlo para que sea más maleable”, detalla. Este proceso permite obtener una fibra más flexible, adecuada para trabajos finos.

Ballesteros conserva las herramientas tradicionales, como la maza con la que golpea el esparto sobre una madera. “Se van dando golpes y se machaca. Y luego, a tejer”.

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La pleita: técnica y tradición

Uno de los elementos centrales de esta artesanía es la pleita, un trenzado de fibras que sirve de base para múltiples objetos. “A mí me gusta hacer la pleita de 13 ramales”, explica, mostrando una pieza en proceso.

La técnica puede variar en complejidad. “Hay pleitas de 11, de 13, de 15 o de 17 ramales”, añade. Estas últimas, por ejemplo, se utilizaban en la elaboración de queseras, responsables del característico dibujo exterior del queso manchego. “Esa huella es la que dejaba la pleita”, señala.

El aprendizaje de esta técnica no fue completamente heredado. “Lo de hacer trenzas de tres o cinco ya lo sabía por mi padre, que era agricultor”, cuenta. Pero la pleita la aprendió más tarde: “He aprendido en un centro de mayores de Mislata”. Allí, dos días por semana, comparte tiempo con otras personas que mantienen viva esta tradición. “En vez de jugar a las cartas, hacemos esparto”, dice entre risas.

Creatividad y reinvención

Lejos de limitarse a reproducir objetos tradicionales, Ballesteros explora nuevas formas. “Ahora lo que se hace es más decoración”, explica. Entre sus creaciones hay paneras, cestas, botellas forradas, marcos para espejos e incluso figuras como una tortuga o un elefante.

También experimenta con ideas más ambiciosas, como un árbol de Navidad hecho íntegramente de esparto. “Lo tengo en la cabeza todavía, pero será con pleita girando en forma de cono”, describe. Incluso se ha iniciado en el teñido del material: “Estoy aprendiendo a tintar el esparto”, comenta mientras muestra una botella con tonos rojizos.

Otros saberes del entorno

El interés de Ballesteros por las tradiciones no se limita al esparto. También elabora escobas amargas, hechas con una planta silvestre. “Se recoge en verano, se abre en forma de abanico, se ata y se le pone peso para que mantenga la forma”, explica. Además, mantiene colmenas y cultiva huertos tanto en Valencia como en Cuevas de Velasco. “Es una afición, pero también ayudas a la naturaleza”.

Herencia familiar y memoria

La relación con el conocimiento del entorno tiene raíces familiares. Ballesteros recuerda con admiración a su tío Antonio Ballesteros, quien dedicó su vida a catalogar plantas del municipio. “Hablaba de 411 plantas aromáticas y medicinales de aquí, se limitaba a lo que había en el término municipal”, subraya. Su tío también coleccionó piedras, raíces y elaboró un árbol genealógico del pueblo que se remontaba hasta el siglo XVII.

Ese mismo apego al territorio se percibe en la labor de Julián, que recoge, transforma y da nueva vida a un material profundamente ligado a la historia local.

Antonio Ballesteros en la puerta de su casa en Cuevas de Velasco (Cuenca).

Antonio Ballesteros en la puerta de su casa en Cuevas de Velasco (Cuenca). / Cadena SER

Antonio Ballesteros en la puerta de su casa en Cuevas de Velasco (Cuenca).

Antonio Ballesteros en la puerta de su casa en Cuevas de Velasco (Cuenca). / Cadena SER

Un oficio que perdura

En la casa de Julián Ballesteros, cada objeto cuenta una historia. No solo de técnica y paciencia, sino también de adaptación y continuidad. En un contexto donde muchas tradiciones han desaparecido, su trabajo representa una forma de resistencia silenciosa.

El esparto, que durante siglos fue imprescindible, encuentra en sus manos una nueva función: la de conectar pasado y presente, campo y ciudad, memoria y vida cotidiana.

Paco Auñón

Paco Auñón

Director y presentador del programa Hoy por Hoy Cuenca. Periodista y locutor conquense que ha desarrollado...

 

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